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Coronel ruso y la conexión con la represión de Ortega

En 2014, en una visita improvisada a Nicaragua, el gobernante de Rusia, Vladimír Putin (i), junto a Daniel Ortega. Archivo/EFE

Informe de Seguridad revela que adiestraron a policías en “vigilancia digital” en 2018. Moncada Lau formó “estructura de inteligencia”

Por Confidencial

HAVANA TIMES – Cuando la represión estatal ensangrentó a Nicaragua con 355 asesinatos y más de 2000 heridos en 2018, situando al país en una de las crisis más graves de derechos humanos en América Latina, el régimen de Daniel Ortega recibió entrenamiento para fortalecer sus capacidades represivas de la Federación Rusa, que ya venía teniendo “un papel activo en la inteligencia cibernética nacional”.

El encargado de hacerlo posible fue el coronel Oleg Surov, director del centro de capacitación policial de Rusia instalado en Managua para formar a oficiales centroamericanos, según el Informe “Alianzas peligrosas: el Avance de Rusia en América Latina”, elaborado en diciembre de 2022 por Douglas Farah y Marianne Richardson para el Instituto de Estudios Estratégicos Nacionales de la Universidad de Defensa Nacional.

“Nuestras fuentes con conocimiento directo de los hechos dijeron que cuando las protestas contra los orteguistas estallaron en 2018, a Surov se le encomendó la tarea de brindar capacitación especial a un grupo selecto de policías de Nicaragua, en clases tituladas `Medios y Métodos Modernos para Combatir el Extremismo y Terrorismo`”, afirmaron los autores.

Farah y Richardson son consultores en temas de seguridad nacional en Estados Unidos para la firma IBI Consultants. Farah cubrió América Latina como periodista para el Washington Post en la década de 1990 y ha investigado como consultor el rastro del dinero de las Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia (FARC), o los negocios de Venezuela; noticias que han sido destacadas tanto en la prensa estadounidense y latinoamericana.

Según las mismas fuentes, Surov opera fuera de la cadena de mando normal de la Embajada de Rusia, informando directamente a Moscú, en lugar de hacerlo con el embajador o el jefe militar acreditado en Nicaragua.

El objetivo, además de especializar al régimen nicaragüense en esas áreas, es también la creación de un cuadro de agentes de inteligencia familiarizados y leales a Rusia, quienes puedan operar en el país y en toda la región centroamericana.

El coronel Oleg Surov, director del centro de adiestramiento policial ruso en Managua. Foto/Policía

El papel asignado al coronel Surov

Surov sería el delegado de escoger también al “creciente número de oficiales nicaragüenses” que viajan a Rusia para capacitarse también. En 2022, los autores dijeron que unos 150 policías fueron adiestrados en aquel país.

La cercanía con Putin es tal que Ortega elogió el 20 de diciembre del año pasado a su nuevo subdirector de investigaciones a nivel nacional en la Policía, el comisionado general Zhukov Serrano Pérez, y mencionó como su principal mérito que se había graduado en la Federación rusa. Proviene del área de inteligencia donde ha trabajado en las sombras desde antes de la crisis de 2018.

El tirano alabó también a su cúpula represiva, formada por un pequeño grupo de oficiales, los principales de ellos sancionados por la comunidad internacional precisamente por violaciones a los derechos humanos como el comisionado general Ramón Avellán, subdirector general y señalado como el ejecutor de la “operación limpieza” como se conoció al despeje violento de las barricadas, realizado por las autoridades a sangre y fuego.

Mientras Ortega mostraba su orgullo por la represión y por su relación con Rusia, a nivel interno fortaleció con una serie de cambios y nombramientos la contrainteligencia en aras de detectar posibles desertores que pudiesen contar en el extranjero cómo funciona el sistema. Así enfiló la represión contra trabajadores del Estado, algunos de los cuales los fiscales acusaron por la ley de ciberdelitos. 

Todo lo que ocurre en la web es objeto de interés de la familia gobernante. En marzo de 2018, Rosario Murillo se pronunció a favor de regular las redes sociales, ya que consideraba que los nicaragüenses estaban siendo “influenciados negativamente”.

“Vigilancia digital y tecnológica”

En absoluto secretismo, el régimen dio paso al entrenamiento policial del que habla el estudio. Rusia proporcionó hace casi cinco años a los policías mencionados técnicas de “vigilancia digital y tecnológica” que, según el Informe, mejoraron la capacidad del régimen nicaragüense para “reprimir y controlar a la sociedad civil”. 

Como parte del seguimiento a ese adiestramiento inicial, tres años después, 20 oficiales asistieron también a otro sobre “la lucha contra los crímenes informáticos”, impartido por el Ministerio del Interior de Rusia, enfocado específicamente en técnicas de vigilancia.

“Desde entonces, el principal ejecutor y asesor de seguridad nacional de Ortega, Néstor Moncada Lau, quien fue sancionado por el gobierno de los Estados Unidos por reprimir violentamente las protestas en 2018, estableció una nueva estructura permanente dentro de la Policía Nacional de Nicaragua para llevar a cabo tareas de inteligencia y vigilancia actividades con asesores rusos”, revela la investigación.

Ese centro de vigilancia estaría ubicado en el segundo piso del edificio del Instituto de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), el ente regulador estatal para este sector, pero más allá del sitio destacaron la importancia estratégica que jugó en el contexto represivo de entonces.

“La capacitación y la tecnología rusas fueron fundamentales para permitir que el régimen de Ortega identificara, encarcelara o ejecutara a los líderes estudiantiles a través del rastreo de teléfonos celulares en WhatsApp y otras aplicaciones encriptadas en el movimiento de protesta en 2018”, concluyeron.

Clausura en 2020 de un curso de ciberdelitos dictado por los rusos a policías de Nicaragua. En la imagen el coronel Oleg Surov y el comisionado general Ramón Avellán. Foto/Policía

Bloque de aliados de Rusia

Nicaragua forma parte de un grupo de países integrado por Venezuela y Cuba, a quienes identifican como los “principales aliados” de Rusia en América Latina. Se caracterizan por tener un discurso populista, pero también por perseguir a opositores, abolir la independencia judicial y coartar la libertad de prensa.

Según el Informe, la Federación busca estrechar lazos con aquellos países cercanos geográficamente a Estados Unidos para expandir su influencia geopolítica. Eso no ha pasado desapercibido en aquel país, a pesar de que han pasado 31 años desde el fin de la Guerra Fría. 

A inicios de febrero del año pasado, el entonces  embajador ruso en Managua dijo que es un grupo reducido de sus conciudadanos los que permanecen en el país sin especificar el número. Aseguró, según el reporte publicado por la agencia de noticias Sputnik, que la cooperación rusa “no apunta contra terceros países”.

La investigación de Farah y Richardson cita una declaración del Comando Sur que muestra cómo Estados Unidos observa a Moscú. Para los estadounidenses, Rusia continúa desestabilizando y explicaron que la relación con los aliados políticos como Nicaragua permite a la Federación “acceso aéreo y marítimo para proyectar su poder en la región”.

Los detalles sobre los lazos locales con Rusia son manejados como secretos de Estado por Ortega y el estamento castrense. “Las principales actividades de Rusia en Nicaragua—su presencia militar permanente, las actividades cibernéticas y los crecientes programas de capacitación tanto para el Ejército como para la Policía—se llevan a cabo principalmente en las sombras”, puntualizan.

Sin embargo, el Informe dice que Nicaragua permite la presencia permanente de 250 militares rusos en territorio nacional, se encuentra la estación satelital bautizada como La Gaviota, ubicada en las cercanías de Nejapa, y que en el pasado ha sido señalada como un centro de espionaje. Desde 2017, las autoridades nicaragüenses negaron que existiesen esas intenciones.

También resulta importante el robustecimiento de capacidades cibernéticas locales, de inteligencia y criptográficas. “Estas intervenciones tocan múltiples puntos de interés estratégico para Rusia y, como se analiza a continuación, a través del proyecto GLONASS (“La Gaviota”) y otras actividades, pueden ser parte de la implementación del establecimiento del propio proyecto de ‘Internet soberano’ de Rusia, promulgado por Putin en noviembre de 2019”, agregaron.

En términos de “seguridad informática”, tal como señaló CONFIDENCIAL en un reportaje publicado a finales de febrero de 2022, Ortega se rindió a los intereses de Rusia, apartando su discurso “antimperialista”.

Ortega ataca a Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá porque le demandan la libertad de los presos políticos, justicia para las víctimas de la represión y el retorno inmediato a la democracia de parte de Nicaragua. 

En sentido contrario, el dictador optó por acercarse a Rusia, China e Irán, un club de naciones que se asemejan en su retórica antimperialista, en sus prácticas anti derechos humanos y en otro detalle no menor: no han aportado donaciones al presupuesto de Nicaragua entre 2018 y 2023, según una investigación publicada por CONFIDENCIAL.

En el presupuesto no se registra la cooperación militar de Rusia a Nicaragua, o las donaciones de trigo y autobuses.

En 2021, Rusia y Nicaragua suscribieron un convenio, en el que se definen una serie de amenazas a la “seguridad internacional de la información” como los “actos contra la soberanía, la seguridad e integridad territorial de los Estados”.

El Informe también señala el “acceso ilícito a información computarizada, injerencia en asuntos internos” y otro tópico para completar el guion represivo: “difundir información que inflige daño al sistema sociopolítico y sistema socioeconómico, así como el entorno espiritual, moral y cultural de otros Estados”.

El régimen de Ortega aprobó en 2020 una ley especial de ciberdelitos para castigar “noticias falsas”, la que dio un marco legal a la persecución ejecutada contra precandidatos presidenciales, miembros de la sociedad civil, empresarios y políticos en las votaciones presidenciales de 2021. 

Mientras el país se hundía en la represión, Ortega se reeligió en un proceso sin garantías democráticas, cuestionado por la Organización de Estados Americanos (OEA), salvo por un grupo de países que reconoció la prolongación de la dictadura, entre ellos Rusia en primera fila.

El análisis de Farah y Richardson recuerda que en Nicaragua se encuentra el Instituto latinoamericano de biotecnología Mechnikov, que tuvo una millonaria inversión de Rusia y del Seguro Social de Nicaragua, se inauguró en 2017, pero no produjo vacunas tal como prometieron en su momento sus principales representantes. 

Este laboratorio desde marzo de 2020 estuvo trabajando en la producción del fármaco Interferón Alfa-2B contra el Covid-19, reseñan. Desde el punto de vista económico, los vínculos parecen ser modestos.

“De enero de 2020 a septiembre de 2021, Nicaragua registró USD 17,2 millones en exportaciones a Rusia y USD 126 millones en importaciones desde Rusia. Muchas importaciones y exportaciones a granel no tienen una descripción que las identifique (están etiquetadas como “N/A” u “otros”), pero aún brindan una perspectiva importante sobre la relación económica de los países y la opacidad de esa relación”, se lee en el informe.

Aunque Putin se ha mostrado afectuoso con Ortega, felicitándolo en el pasado por sus “triunfos electorales”, el dictador nicaragüense suele ser más expresivo. El seis de octubre de 2022, cuando el presidente de la Federación Rusa cumplió 70 años, recibió este mensaje desde Managua: “Estamos con usted contribuyendo con nuestros respaldos desde la valiosa e histórica relación que nos une, y luchando con energía y optimismo, por ese mundo mejor multipolar”. Era el dictador centroamericano

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