Buscando un norte en el mar tormentoso del mercado agropecuario cubano. (2)

“En el mercado, el precio de las mercancías es el resultado de fuerzas rivales, y la ley del valor no funciona totalmente sino en un mercado completamente libre.” (Ernesto Che Guevara, Apuntes críticos a la Economía Política, 2012)

Vicente Morín Aguado

Foto: Juan Suárez
Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — En el artículo anterior ilustramos el Frankestein de nuestro mercado agropecuario. Es ingenuo creer que tal engendro pueda funcionar de acuerdo a las leyes universales de la oferta y la demanda. Se trata de una deliberada desarticulación de esta categoría económica, surgida con las primeras civilizaciones,vista como el “diablo” si se trata de forjar al “santo hombre nuevo”, proclamado pilar de la construcción comunista por el Che.

Continuo con una opinión vertida durante un seminario auspiciado por el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), celebrado el Pasado 14 de octubre en La Habana, cuya reseña hizo la agencia Reuters porque no hubo ecos en la prensa del país:

“Una cultura de tipo Estado-céntrica (producción y comercio hecha desde y para el Estado), de uno u otro modo esta posición deberá comenzar a transitar hacia otra más amplia desde y para la sociedad”. (Jorge Mario Sánchez, economista cubano)

Además, el manejo de las relaciones monetario-mercantiles constituye una de las armas más eficaces del socialismo autoritario en sus afanes por sobrevivir ante los continuados incumplimientos de sus planes productivos. En el libro citado, el guerrillero paradigma del auténtico comunista agregó: “Creemos pero no estamos realmente seguros, que la ley básica del socialismo es la ley de la planificación.”

Antes de enumerar las razones que impiden una baja en los precios del mercado alimentario, es recomendable recordar los seis segmentos de este complejo sistema, reseñados en la parte (1) de nuestra exposición:

MRE (Mercado Racionado Estatal), MPE (Mercado Paralelo Estatal), TRD (Tiendas Recaudadoras de Divisas), MAE (Mercado Agropecuario Estatal), MOD (Mercado de Oferta y Demanda), y MNI (Mercado Negro Informal).

Estos son los argumentos:

  • La desarticulación de sus seis segmentos reconocidos, manipulados por el estado autoritario. No hay libre concurrencia. Sobre el tema, el conocido profesor universitario Juan Triana expresó en el citado seminario del CEEC:

“El costo de no reconocer la importancia de la competencia para el desarrollo se paga en menores tasas de crecimiento que el potencial, la asignación incorrecta de recursos, junto a niveles de productividad y eficiencia por debajo de las fronteras de posibilidades del país.”

  • Producir alimentos significa desatar las fuerzas productivas del campo, es preciso liberar de la tutela gubernamental a las cooperativas, a los productores individuales y otorgar autonomía real a las empresas estatales.
  • Para activar ese imprescindible motor de arranque de toda economía en fase crítica, los gestores económicos antes señalados precisan financiamiento directo, sobre todo en divisas, además de subsidios.
  • El mercado debe apreciarse integralmente. De hecho se manifiesta una tácita inter- referencia entre los seis segmentos: un producto en el MNI no podrá venderse más alto que la probabilidad de comprarlo en las TRD; el estado al topar los precios del MAE tiene en cuenta el referente del MOD. Finalmente, todos miran hacia las TRD porque es el segmento mejor surtido, no sólo de alimentos, sino de las demás necesidades vitales.
  • Foto: Juan Suárez
    Foto: Juan Suárez

    Al circular dos monedas, los valores tomados de la moneda fuerte determinan sobre el conjunto. Adelanto que al eliminarse la dualidad monetaria el problema persistirá porque finalmente desaparecerá una hoja de papel, no su ecuación económica.

  • Las cifras generales de crecimiento son tan bajas que los expertos hablan de “reproducción simple”. Aún mínimos, estos datos son cuestionables dada la dualidad monetaria junto a parámetros impuestos caprichosamente.
  • El ligero aumento de la producción agropecuaria es absorbido por la reforma salarial, sumadas las crecientes remesas provenientes del exterior.
  • El Estado juega a la supervivencia, manipulando hábilmente su monopolio sobre el mercado interno. El comercio interior, especialmente las TRD, captan inmediatamente la mayor parte de las remesas sin que aumente la demanda.
  • El trabajo por cuenta propia (TCP) ataca directamente a la oferta porque no existen empresas mayoristas destinadas a suministrar productos a los nuevos negocios, una buena parte de ellos centrados en la gastronomía. Tal “ataque” aumentará sus proporciones considerando los planes actuales, determinados a extender las cooperativas, así como las rentas de locales al sector privado. La economía emergente mejora la atención aumentando los precios.
  • Cuba está lejos de la autosuficiencia en materia de alimentos, al depender del comercio exterior, los precios internacionales necesariamente se reflejan en el mercado interno. Otro monopolio complica la situación, críticamente abordada en el citado seminario: “Probablemente el denominado monopolio estatal de comercio exteriorresulta en un fuerte obstáculo para diversificar y crecer en las exportaciones”, dijo Miguel Alejandro Figueras, ganador del premio nacional de Economía 2007.

Dicho en plata cubana, la mesa está servida. La comercialización de los alimentos permanece secuestrada por la política, bajo la administración de una burocracia experta en distribuir las escaseces, evitando conflictos aquí o allá, sin atender a la expresión libre del mercado.

Nos dicen que son las ventajas del socialismo, creo que tal centralización vale en casos de catástrofes naturales, guerras o eventos similares. La autoridad ha sido empleada fuera de lugar con creces, convirtiéndose en práctica cotidiana, arruinando los esfuerzos de cualquier proyecto económico.

La esencia del socialismo es distribuir equitativamente la riqueza. Lo primero es dar rienda suelta a los sujetos de esta ecuación, los productores libres capaces de crearla.
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Vicente Morín Aguado: [email protected]


3 thoughts on “Buscando un norte en el mar tormentoso del mercado agropecuario cubano. (2)

  • el 25 noviembre, 2014 a las 1:34 pm
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    Volvere sobre el tema que amerita mas aunque se que no es de los mas mediaticos, la economia es algo necesario, pero la gente prefiere divertirse y dejarle a otros el asunto, aunque siempre criticaran en casa lo sucedido.

  • el 14 noviembre, 2014 a las 6:28 am
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    Vicente, muy buen recuento de los obstáculos y las soluciones que tanto los especialistas como los ciudadanos conocen.
    Lo grave del asunto es que si nosotros, profesionales y ciudadanos conocemos las causas y los resultados que llevan a esos precios” inflados”, oficialmente se le echa la culpa a los “afanes de ganancia” a los cuentapropistas y cooperativas que trabajan en las ventas de los productos del agro. Sin ver la ausencia de mercados mayoristas,- no los “concentradores” que reproducen los precios minoristas- la ausencia de créditos e impuestos que estimulen la producción, los precios inflados al 240% o 300% de las TRD y la imposibilidad de importar y exportar directamente.¿A cuanto se le está vendiendo los insumos a los productores? ¿al precio de las TRD? Las tiendas abiertas recientemente TRD de insumos a los usufructuarios siguen manteniendo los mismos precios.
    Hay que ver un asunto central y que no tocas en tu artículo y es el monto obligado de entrega al Estado de las cosechas. Armando Nova economista cubano situaba el año pasado entre un 70% y 75% el monto de las cosechas que obligan a vender a los productores al Estado muy por debajo de los precios de mercado. Acopio desapareció, ¿pero se creó en su lugar una OSDE? ¿Qué porciento de venta obligada al estado a precios irrisorios se sigue exigiendo a los productores?
    Todo esto hace rato que está en la mesa de discusión. Quienes tienen que tomar las decisiones viran la espalda y los precios seguirán aumentado.

  • el 13 noviembre, 2014 a las 9:44 pm
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    Vicente, hay 3 factores importante que limitan la producción de alimentos en Cuba:
    1. La propiedad de la tierra en manos del gobierno. El usufructo de la tierra no es suficiente estimulo para realizar inversiones fuertes en las fincas, pues el campesino sabe que en Cuba todos los días cambian las leyes y puede perder todo lo invertido.
    2. No existe un programa serio de fomento agricola que incluya lineas de financiamiento de créditos blandos. El gobierno prefiere gastar 2 mil millones anuales en importar alimentos antes que invertirlos en la fincas y sustituir importaciones. Aquí la corrupción de cuello blanco es la que manda pues no quieren perder el 5% de comisiones que van limpiecitos a sus cuentas en paraísos fiscales.
    3. El bloqueo interno del comercio exterior impide poder importar maquinarias, repuestos y tecnología agrícola de punta que permita elevar la producción y la productividad. Y cuando existan excedentes poder exportarlos libremente.

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