Barrios habaneros “sueñan” gracias a proyecto de futsal

Texto y Fotos por Leydis Luisa Hernandez Mitjans  (El Toque)

 

El proyecto Mi barrio sueña utiliza el futsal como herramienta para contribuir a la educación de jóvenes y al desarrollo de comunidades etiquetadas por muchos como marginales.

HAVANA TIMES – Dicen quienes la han visto jugar que es de las más habilidosas entre sus compañeras: mueve el balón con soltura, encara, dispara con sus dos piernas a la portería. Ella dice, simplemente, que le encanta jugar. “Comencé a practicar a partir de los eventos deportivos inter-facultad, conocidos como los juegos “13 de marzo”, que se celebran en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (Cujae) y después que me gradué he intentado continuar vinculada al deporte”.

Es domingo. Son las cuatro de la tarde y la ingeniera hidráulica de 27 años, Sheila Torres, espera para disputar su primer partido en los terrenos deportivos de Ciudad Libertad, pertenecientes a la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona de La Habana. Esta área, desde 2016, se utiliza como “sede” del proyecto social comunitario Mi barrio sueña.

“Para nosotros es una prioridad contribuir a fomentar escenarios para el deporte femenino y, en especial, el futsal, que es la rama con la que trabajamos de manera directa. Todavía nos falta mucho por hacer, pero ya vamos dando pasos cuando invitamos a los equipos de muchachas a competir aquí. Además, desde el principio en nuestro torneo pitan árbitros mujeres”, explica Edgar Carlos Herrera, profesor de matemática de preuniversitario y gestor del proyecto que ha reunido a más de 1 000 personas.

Sheila Torres, ingeniera hidráulica. Practica futsal como parte del proyecto comunitario Mi barrio sueña. Foto: Leydis Hernández Mitjans.

 

“La caliente” entre barrios “calientes”

Las canchas de Ciudad Libertad casi conforman la tangente que separa la localidad de Buenavista (en Playa) del municipio Marianao. Ambos lugares cargan el calificativo de marginales: para muchos son barrios de negros y delincuentes.

Edgar decidió hacer algo para ayudar, en lugar de mirar hacia el lado. “Yo vivo aquí en Buenavista, conozco el barrio, la gente; se cuáles son los principales problemas que tenemos y decidí que quería hacer algo, sobre todo, pensando en los jóvenes”.

Su experiencia como maestro lo condujo a reconocer en el futsal una herramienta atractiva y motivadora, con la cual era posible incentivar valores. Y, con esa premisa surgió en junio de 2016 Mi barrio sueña.

De acuerdo con su página en Facebook, este proyecto “busca acercar a los vecinos de la comunidad y otros actores a través de prácticas deportivas organizadas y proyectos educativos dirigidos a niños, adolescentes, jóvenes y adultos mayores para el desarrollo y mejoramiento de la comunidad mediante los valores del deporte, la cultura y la educación. Pretende a su vez brindar a los vecinos, nuevos y genuinos espacios de intercambio de experiencias, de desarrollo social en la localidad y de auto sostenibilidad”.

 

Lo que comenzó como un torneo de futsal en el cual participaban algunos equipos de Playa y Marianao fue creciendo. “Nuestro torneo se denomina La Caliente. Actualmente, tenemos un calendario competitivo anual que incluye 40 equipos. De octubre a marzo se juega la liga con dos divisiones de 20 equipos, de abril a julio se realizan dos torneos simultáneos: Havana League y Champions Havana; y en agosto inicia el mundial”.

Según Edgar, por el proyecto han transitado más de 70 equipos, “solo nos falta el municipio Guanabacoa. Además, hemos logrado integrar a los planteles de las universidades (de La Habana), y participan o han participado la Cujae, el Varona, el Fajardo, Ciencias Médicas, y la UH”.

Damián Vidal López tiene 32 años y fue uno de los que acompañó a Edgar desde el principio. Hoy forma parte del team Los Ángeles y sobre su experiencia comenta: “me siento genial aquí y la verdad muy orgulloso de ver cómo esto ha crecido y se ha convertido no solo en un espacio competitivo sino también de socialización que estimula a los jóvenes a convertirse en mejores personas”.

La inclusión de árbitros profesionales (tanto hombres como mujeres) ha sido otro de los logros del proyecto. Arian Pérez fue de los últimos en llegar y ya ha pitado casi 500 partidos. Él, con diez años de experiencia en el arbitraje y dos como árbitro internacional de fútbol playa, valora la seriedad y la organización del proyecto: “el arbitraje ha mejorado la disciplina en cancha y, por supuesto, el nivel competitivo. Pero aquí lo más importante es el ambiente de respeto y unidad que se respira”.

De hecho, al decir Edgar, “el reglamento tiene una función educativa”: las peleas se sancionan con la expulsión del torneo y las impuntualidades también se penalizan. “La idea es transmitir valores, fomentar el respeto y el compañerismo a través del deporte. Por eso apreciamos tanto la inclusión de planteles universitarios en nuestro torneo”.

 

Sostenibilidad: de adentro hacia afuera

Mi barrio sueña es un proyecto social comunitario sin fines de lucro. No podía ser de otra manera: las regulaciones gubernamentales no lo permiten y esa nunca fue la motivación principal de Edgar. Sin embargo, cuando las iniciativas crecen, crece también la necesidad de buscar alternativas.

“Cada uno de los participantes en nuestro torneo debe hacer una contribución mínima de 1 CUC al inicio de la temporada. Además, hemos creado alianzas con emprendimientos privados, esencialmente locales, para apoyarnos de manera recíproca”. Con eso, se logra gestionar el pago de los árbitros, las mallas, las pelotas, el arreglo de los terrenos y la mayoría de los recursos necesarios para el desarrollo de un torneo que se desarrolla casi todo el año y que ha superado, por mucho, las fronteras barriales.

Tampoco faltan las donaciones de amigos o de personas que se acercan para contribuir, de una forma u otra, en el mantenimiento de una iniciativa que se ha consolidado sin ningún respaldo material del Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER).

“Yo he visto superadas, con creces, todas mis expectativas iniciales. Y es verdad que el camino no ha sido fácil, pero el respeto de los jóvenes, el apoyo de los familiares y el cambio de actitud en mucha gente del barrio nos impulsa para continuar creciendo. No puedo detenerme a pensar en lo que no tengo o en lo que no me dan, sino en las cosas buenas que han pasado”.

Un comentario sobre “Barrios habaneros “sueñan” gracias a proyecto de futsal

  • Integrarse a proyectos como este, es interesante, abrir expectativas en los jóvenes y que amplíen sus horizontes, lejos de la marginalidad es digno e alabar.

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