Baracoa (III): Industrias para procesar cocos y cacao

Por Lázaro González

El Viaducto La Farola.

HAVANA TIMES, 25 abril — “La más hermosa cosa del mundo.” había escrito en su diario de navegación Cristóbal Colón, cuando arribó a Baracoa el 27 de noviembre de 1492.  Cinco siglos más tarde, la primera villa fundada por los españoles en la mayor de las Antillas emerge altiva ante el mar Atlántico, con sus paraísos naturales intactos, escoltada por su ejército de majestuosas montañas, envuelta en el mismo halo mágico que tanto fascinara al Almirante.

Desde que el forastero primerizo comienza el ascenso de esa monumental obra de la ingeniería cubana que es La Farola, poco son los instantes propicios para cerrar la boca.  Mientras la carretera serpentea entre las faldas -y hasta las “blusas”- de las lomas, las expresiones de admiración sobrevienen una tras otra ante el desfile de paisajes exuberantes.  Así, incluso antes de llegar a la ciudad Primada, uno se cuestiona: ¿cómo demoré tanto en conocer este edén, reservorio caprichoso de los excesos de la naturaleza?

Cocos a la estufa

Cocos para hacer aceite.

Uno de los símbolos de esta ciudad es la producción de aceite de coco, cuya fábrica cuenta con una tecnología alemana que lleva más de 30 años en explotación.  Alma, corazón y vida le ponen los 26 trabajadores a su labor diaria para mantener los parámetros de eficiencia en límites aceptables, ante los múltiples inconvenientes que provoca la obsolescencia.

Un veterano de mil campañas, Ramón Bartelemí, especialista de producción, indica que el problema más grave reside en la caldera: “y si no se resuelve no cumpliremos el plan de este año.  Tenemos dificultades también con los camiones para transportar las materias primas.  Por esa causa, a veces no se extraen todas las copras de coco deshidratadas en los puntos de compra.  Esta fruta resiste hasta un mes, pero si no es almacenada correctamente se parte, comienza a podrirse, disminuye los rendimientos y altera la acidez del aceite.”

Las copras, previamente deshidratas en los hornos malayos, llegan a la fábrica con una humedad aproximada del seis por ciento y entre el 70 y el 80 por ciento de grasa.  En este municipio hay siete hornos malayos, con una capacidad para deshidratar diariamente poco más de una tonelada de cocos cada uno.

Haciendo aceite de coco.

Una tonelada de copras de coco rinde 470 kilogramos de aceite y una cifra similar de harina de coco, que tiene un 10 por ciento de contenido de grasa y se utiliza en la alimentación animal.  El aceite es empleado principalmente en la confección de jabones, perfumes, cosméticos y en la industria farmacéutica.  En el hogar sirve para combatir el catarro, los parásitos, y en muchos lugares se usa hasta en la cocina en sustitución del aceite común.

“En 2010 hicimos solo 200 toneladas de aceite, dos tercios de lo previsto, porque no fue buena la cosecha.  Pero este año se aprecia un despertar productivo, aspiramos a fabricar el doble, todavía muy lejos de nuestro récord histórico que data de 1990, cuando hicimos mil 450 toneladas; pero esta tecnología ya no da para eso.” refiere Bartelemí.

“Chocolaticidio”

Un sacrilegio despiadado a los sentidos.  Eso es para un “choco-adicto” recorrer una fábrica de chocolate.  Hay que acudir a las reservas del sentido común y la profesionalidad para no caer rendido de bruces ante la pasta de cacao viscosa, resplandeciente, seductora.  Todo un reto al autocontrol.

Fabrica de chocolate.

Sin embargo, como sentencia un viejo refrán: “tanto dulce empalaga.” A la mayoría de los casi 200 trabajadores de la Empresa de Derivados del Cacao Rubén David Suárez el chocolate no les da ni frío ni calor.  Claro, no a todos, algunos astutos calientan sus bolsillos con el robo del preciado manjar, en cualquiera de sus variantes.

Cuando conocimos a Oscar Quintero, director desde hace cinco años, acababa de llegar del tribunal popular municipal, donde había testificado en un juicio contra unos cuantos malhechores que, con la complicidad de los custodios de la fábrica, sustrajeron varios sacos de chocolate en polvo la noche del 31 de diciembre del pasado año.

Oscar, visiblemente atormentado, reconoce que estos incidentes se reiteran a menudo y que “falta trabajar en el sentido de pertenencia y el cuidado de los recursos.  A veces ocurren desvíos.  Año tras año sancionamos, separamos o procesamos penalmente a varios trabajadores.  Mi puesto de trabajo es muy difícil porque nuestros productos son muy codiciados en el mercado negro.  En más de una ocasión he recibido serias amenazas contra mi integridad física al denunciar los delitos, incluso una vez la policía tuvo que ponerme protección personal durante una temporada.”

Concebida y fundada por el Che el 1ro de abril de 1963, esta fábrica, única en Cuba que procesa cacao, funciona todavía con el 80 por ciento de la tecnología original.  A pesar de ello, conserva aún la capacidad de diseño inicial: dos mil toneladas al año, según el administrativo, gracias al movimiento de innovadores que recuperan partes y piezas de repuesto de la vieja tecnología que ya no se consiguen en el mercado internacional.

Chocolate de Baracoa.

“Sin embargo, nunca hemos explotado a plenitud esa capacidad inicial.  El año pasado procesamos todo lo que nos entregó la Agricultura, a pesar de presentar serios problemas con los sistemas de refrigeración y climatización que afectan la producción y conservación.  Exportamos poca manteca de cacao, porque los precios estaban muy deprimidos en el mercado internacional.  Pero incursionamos con éxito en la exportación de torta quebrantada (cocoa sin moler).  Por concepto de sustitución de importaciones le ahorramos al país 150 mil pesos convertibles.”

Esta empresa suministra materias primas a las diez fábricas de bombones del programa de chocolatería.  Tabletas de chocolate y bombones (industriales y artesanales), manteca de cacao, pasta de cacao, cocoa micropulverizada, pasta de chocolate y desayuno de chocolate, constituyen los principales surtidos de esta importante industria, orgullo de los lugareños por la calidad de sus producciones que le han reservado un sitio de respetable en el paladar de los cubanos.

Sin embargo, baracoenses de todas las generaciones se quejan mucho de que el impacto de la fábrica en el desarrollo local es imperceptible, pues al ser una empresa de subordinación nacional poco queda de sus producciones y utilidades en la comunidad.  Nieves Fabré, trabajadora jubilada de la línea de bombones artesanales dice que “en el pueblo casi nunca se ve una tableta de chocolate o un bombón.” y se pregunta: “¿cuánto más pudiera hacerse si acabaran de establecer un sistema de vigilancia y protección eficiente? Pero, ¿quién le pone el cascabel al gato?”

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