Aventuras de un físico metido a periodista literario

Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Leonardo Padura con entusiastas de su literatura.

HAVANA TIMES — De alguna manera logré sacudirme mis tareas regulares de físico médico, y partí campante hacia la Feria Internacional del Libro de La Habana. Bueno, casi, porque siempre he tenido que mantener un canal al tanto de los asuntos del hospital. Me uní al equipo de Cubaliteraria, que me acoge tradicionalmente como a uno más de ellos. He pasado la mayor parte de estos días en la Fortaleza de La Cabaña; cubierto presentaciones de libros, charlas culturales y políticas; pasado por casi todos los pabellones y maltratado inmisericordemente mis ahorros para adquirir libros de todo tipo.

Estas jornadas tienen a todo el mundo exhausto. Los periodistas corremos desde las salas de presentación a nuestras terminales. Redactamos materiales en los que intentamos balancear inmediatez, profundidad y alguna calidad en la expresión. Los editores nos agitan, nerviosos, pues necesitan las notas rápidamente para subirlas a los sitios respectivos de la Red. El programa nos insinúa, incitante, otras opciones; pero los compromisos del trabajo tienen prioridad.

El público que entra a la resistente fortaleza encuentra el ambiente habitual en esos eventos. La gran librería general, ausente el año pasado, fue repuesta para felicidad de todos. Ahora, con la diferencia de estar instalada en una gran carpa, que mejora el movimiento interno y liberó algunos pabellones para más expositores. En los lugares oportunos se encuentran mapas del sitio y diarios con las noticias y el programa de la jornada.

Frei Betto firma un libro a este servidor.

Como es sabido, la Feria se dedica a Canadá, y del gigante norteño vino la importante delegación que era de esperar. Las casas extranjeras se mueven, dialécticamente, entre las dos monedas que circulan en Cuba al cambio correspondiente. Muchas personas fruncen sus eruditos ceños, al ver mucha “pacotilla”: afiches de futbolistas, folleticos y agendas de dibujos animados. Que eso no es verdadera cultura, gruñen. Siempre será así, cierto tipo de personas cree que los mamotretos serios pueden generar el gusto por la lectura en la infancia y la juventud. El tema del mercado, cultura y literatura es, ciertamente, delicado, pero la crítica dogmática nunca ha resuelto nada.

Lo que sí me llamó la atención, tal vez sea impresión subjetiva mía, es que gran parte de la pacotilla parece replicarse en muchos de los stands. Como si las casas extranjeras se hubieran abastecido, en su mayoría, de apenas uno o dos mayoristas chinos. Pero entiendo que la dinámica es compleja. Se puede influir, se debe influir, con vistas al enriquecimiento espiritual de la civilización. Pero esto conlleva un extenso trabajo educativo, desde la base, con vistas a un fenómeno temporalmente extenso, y nunca ajeno a las demás realidades del entorno económico y social. Se me sube el marxista a la cabeza y pienso que las relaciones de producción que imperan, fuera de la librería, tienen que ver mucho con lo que se vende adentro.

He podido asistir a actividades de gran interés. El grupo Iroko (Ceiba) presentó sus temáticas sobre la religión sincrética cubana.  Fue un símbolo sugestivo que se realizara en la sala José Lezama Lima, que ocupa la que fuera la capilla de esa guarnición de sus majestades católicas. Fui a la presentación de libros de Leonardo Padura. Este escritor tiene muy bien interiorizado a quién se debe y corteja, y se deja cortejar por la fanaticada. Estuve presente cuando Daniel Chavarría explicaba su dilema, cuando le ofrecieron ganar algo de dinero a cambio de escribir sobre el episodio aquel del avión…

En la Feria del Libro 2017.

Paco Ignacio Taibo II frecuenta las salas y demuestra el lazo vivo entre narrativa y la labor socio política de izquierda consecuente. Los activistas mexicanos realizaron denuncias durísimas contra el régimen plutocrático y el Estado mafioso de su país ¡No quieran oír las enormidades que soltó Paco Ignacio contra el actual presidente azteca! En esa ocasión pedían dejar constancia de la asistencia, y yo no sabía si firmar como periodista de Cubaliteraria, físico nuclear, miembro del Observatorio Crítico o colaborador de Havana Times.

Me han enviado a cubrir varias de las actividades de la sala Nicolás Guillén, donde se efectúan los homenajes políticos en boga. He intentado asumir este desempeño con toda la profesionalidad necesaria, y tuve una linda experiencia en el intercambio con Frei Betto, ¡quien me firmó un libro y todo! Y hoy aplaudí a rabiar a Zuleica Romay en la actividad de homenaje por el 50 aniversario del Instituto Cubano del Libro.

Compartimos con los lectores y lectoras de HT  algunas instantáneas tomadas por este andarín en el recinto ferial.

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