Arquitectura en resistencia: Nicaragua y barricadas

Por Salomé Narváez*

Barricada en Managua en Mayo 2018. Foto: Uriel Molina, La Prensa.com.ni

HAVANA TIMES – La insurrección cívica que experimentamos el año pasado en Nicaragua fue una llamada de atención para todos. Como arquitectos tuvimos que prestar atención y tomar nota. Idealmente, las ciudades son construidas por arquitectos y por urbanistas de la manera que mejor se adapte a los intereses de la gente.

Pero la gente nunca deja de sorprendernos y utilizar el espacio urbano y los edificios de una manera completamente nueva. Nuevas formas que fueron diseñadas principalmente para proteger y refugiarse contra la violencia del Estado.

Los arquitectos parecen ser neutrales frente a la violencia estatal, incluso cuando esta violencia ocurre principalmente en espacios públicos. Diseñan espacios y edificios que no solo se adaptan a las personas, sino que también pueden adaptarse al Estado y sus intereses económicos. Como arquitectos debemos comenzar a plantearnos las preguntas difíciles y tener una responsabilidad moral hacia las personas más vulnerables. Con esto en mente quiero hacer la siguiente pregunta:

¿Cómo construimos una arquitectura resiliente ante gobiernos autoritarios?

Para contestar esto, necesitamos comenzar con una reflexión sobre el espacio público y la arquitectura, una reflexión dirigida especialmente a las personas que planean y diseñan las ciudades en las que vivimos, trabajamos y protestamos. Esta reflexión tiene que partir desde la insurrección cívica de abril y pensar en nuestras victorias y fracasos como agentes que trabajan sobre el espacio público.

Tomamos, como caso de estudio, Nicaragua a partir del 18 de abril de 2018, un paisaje de protesta en el cual nacieron varios elementos que podemos analizar. Ejemplos como: las barricadas en los núcleos urbanos, las iglesias como puntos de vigilancia y acopio, los tranques como elemento para detener el flujo económico y vehicular entre ciudades, los morteros como espacio sonoro de alerta, los miguelitos, las casas de seguridad y el adoquín.

Este análisis nos lleva a entender nuestra reacción en nuestro entorno urbano ante la violencia del Estado y así aprender cómo reaccionar siendo arquitectxs y urbanistas.

La barricada

Los inicios de la barricada como forma de protesta callejera fueron en el ‘’Día de las barricadas’’, en 1588 en París, Francia, y se trató de un levantamiento popular en contra de la monarquía. Se le llama barricada porque las estructuras de obstrucción fueron “barricas” o contenedores de madera. Otro ejemplo histórico lo encontramos en Cataluña que, al estallar la Guerra Civil durante los años 30, calles como Joaquín Costa (sede de diversas delegaciones de partidos políticos, la mayoría de izquierdas y obreros) se volvieron espacios de barricadas con el arranque de los adoquines de la calzada.

Barricada en Calle Joaquín Costa, Barcelona. Fuente: Generalitat, archivo.

Durante la insurrección de abril de 2018, las barricadas en Nicaragua se convirtieron en un símbolo de resistencia, sintiéndose como una memoria urbana, y fueron construidas con adoquines y diversos materiales.

Anteriormente, la simbología de las barricadas en Nicaragua comienza cuando Somoza, después del terremoto de 1972 en Managua, se convirtiera en el único fabricante de adoquines del país, monopolizando el mercado. Estos mismos adoquines que el dictador monopolizaba son los que fueron utilizados para las barricadas en la insurrección contra él mismo en 1978: barricadas construidas por nuestros padres, madres, abuelos y abuelas, y ahora los jóvenes son aconsejados por ellxs mismxs para realizarlas de la mejor manera posible.

Guerrillera Sandinista comiendo el almuerzo mientras sostiene su arma en una barricada. Fuente: UPI

Pero, realmente, ¿qué es lo que busca una barricada? ¿Qué es lo que detenemos? ¿De qué nos protegemos? La respuesta, en síntesis, podría ser de violencia, pero para entender mejor tendríamos que tomar en cuenta que la violencia se mueve por medio de muchas formas, y entre ellas son las velocidades y las alturas.

Si ejemplificamos la velocidad, la podemos encontrar en cómo la policía se mueve para atacar y vigilar a la población, en camionetas, las ya conocidas hilux de la muerte, en las vías urbanas. En cuanto a las alturas, se puede ver cómo esta misma policía toma los edificios altos a la hora de atacar, manejar y vigilar a la población.

Un ejemplo de esto sería el día del ataque a la marcha de las madres, el 30 de mayo de 2018, cuando el estadio nacional de baseball se convirtió en el lugar de dónde provenían las balas. Situaciones muy parecidas se pueden encontrar, de igual manera, en conflictos bélicos como los de Palestina-Israel, Honduras y Venezuela. Con esto podemos notar como la arquitectura juega un papel importante en la ocupación de espacios, ya sea de parte del gobierno o como forma de protesta por nosotrxs mismxs.

Otro factor importante es ¿quién está en estas barricadas? ¿quién las defiende? ¿quién las hace? ¿por qué estás personas ponen su vida en riesgo para proteger a las demás?

Entre estos colectivos podemos encontrar, principalmente, a la clase obrera, los y las estudiantes, los jóvenes, los jubilados, etc.

Lo que nos plantea una clara lucha de clases, dónde las clases bajas ponen el cuerpo y protegen a las clases altas. Un claro ejemplo de esto fue el día en que la población de los barrios salió a defender a los supermercados privados ante los robos y saqueos por parte de las juventudes y turbas sandinistas.

Si analizamos un poco el espacio de protesta inmediato, podemos encontrar características que son definidas por el contexto urbano a la hora de resistir. Lo que nos lleva a:

Universidades ocupadas

La diferencia entre estar rodeado de un barrio pro-gobierno y un barrio azul y blanco. Los asentamientos urbanos al final se tornaron en una forma de protección a las universidades ocupadas en algunos casos.

Un caso práctico es la UPOLI y la UNAN. La UPOLI fue la primera universidad ocupada durante la resistencia de abril, ubicada alrededor de barrios de clase trabajadora que no dudaban en salir a la calle cada vez que la policía atacaba a los y las estudiantes.

El caso de la UNAN es diferente. Por un lado, está rodeada por un barrio pro-gobierno y por el otro, por varios residenciales de clase media-alta, personas que no estaban dispuestas a poner su cuerpo para proteger a los y las estudiantes (aunque sí les apoyaban con acopio de alimentos y medicinas).

Aquí hemos superficialmente analizado dos casos, la barricada y la universidad ocupada, pero nos parece fundamental ir desarrollando este tipo de cuestiones, lo que nos regresa a la pregunta: ¿los urbanistas son conscientes de estas reacciones sociales a la hora de diseñar o simplemente se tapan los ojos a la hora de planear? ¿Cómo nos preparamos para un estallido popular o simplemente pensamos en que no volverá a suceder?

Para contestar a esto tendríamos que pensar la arquitectura acorde a estas insurrecciones sociales de forma más interpretativa, con el fin de entender las demandas del pueblo, y de una forma forense, con el fin de convertir las heridas en los edificios y ciudades realizadas por la policía, en evidencia de esta misma violencia realizada por el gobierno. 

Desde el 18 de abril, muchas personas y colectivos de diferentes clases y ámbitos reaccionaron a la lucha y a la resistencia civil de diferentes maneras, pero principalmente por medio de trabajo y arte para mostrar su repudio al régimen de Ortega.

Desde la arquitectura podemos encontrar infografías de morfología de un tranque, estudios de barricadas de forma más urbana y hasta un paso a paso de cómo realizar escudos de autoprotección reutilizando baldes de basura. Todo esto como ejemplo de la capacidad y creatividad que tienen lxs arquitectxs para poder ayudar y aportar a la resistencia popular.

Cómo arquitectxs tenemos que tener claros estos escenarios urbanos para así lograr la desprivatización del espacio público. Espacio público que los orteguistas, especialmente a través de simbología violenta y violencia física y psicológica, nos han venido quitando en nuestras ciudades. Iniciar por cuestionar nuestro papel y labor en estas situaciones es de gran importancia, pensando y debatiendo, como arquitexctxs, qué tipo de soluciones estamos planteando ante la violencia. ¿Cómo logramos un urbanismo que no sea hegemónico, capitalista y machista?

Diseño de escudo para protestas. Diseño: Anónimo.
Morfología de un tranque.
Análisis urbano de un tranque. Fuente: Anónima.
Análisis urbano de un tranque.
Configuración Urbano de Tranques.

Con todas estas interrogantes, es clave comenzar por darnos cuenta de cómo realmente funcionan nuestros espacios y quién los maneja, pensando en nuevas formas de reivindicación del derecho al espacio público desde una perspectiva inclusiva. Hay que hacer frente a estos espacios que nos están controlando, en lugar de acuerparnos. El objetivo es lograr que el pueblo sea quien tiene el control absoluto de nuestras ciudades y nuestros espacios públicos porque al final solo podemos confiar en nosotrxs mismxs (solo el pueblo salva al pueblo).

Barricadas protegiendo a la UNAN. Foto: ACR.

 

*La autora es graduada en Arquitectura de la UCA, Managua.  Apoyó a la rebelión cívica y ahora es exiliada en España. 

 

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