Ariel Díaz, un trovador de casa

Osmel Almaguer                          

Ariel Díaz. Foto: filzic.cl

HAVANA TIMES — Uno de los pocos rostros que dentro de la llamada “generación perdida”  de trovadores, ha recibido un grado aceptable de promoción.

Sus letras son profundas y emotivas en consonancia con su personalidad crítica y versátil, que le ha permitido simultanear con su música el periodismo, la escritura y las artes plásticas. Ha sido, además, presentador de los programas de TV El ojo de la aguja y A guitarra limpia, siendo guionista de este último.

Su obra se encuentra recogida en los volúmenes: Antología de la Nueva Trova Vol. 4 (Egrem, 1998), Estoy en casa, concierto en vivo del espacio A guitarra limpia, del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Trovanónima.cu (Bis Music, 2001), Frida y Diego: Voces de la tierra (Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2008), Colores (junto a Liliana Héctor, 2009), entre otros.

Ha compartido escenarios con Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Santiago y Vicente Feliú, Compay Segundo, entre otros.

No estoy en casa

Esta tarde me encierro, / me perdono los males / retiro los anuncios / me callo los finales / hoy descarto a los niños / quemo todas la naves / suspendo los avisos / y postergo los viajes.

Esta tarde soy libre / para volar adentro / donde soy más creíble / donde no estoy violento / hoy no quiero una mano / no vengan a buscarme / no me ofrezcan el alma / hoy no estoy para nadie.

Porque esta tarde es del aire / y del tiempo que sabe de ti.

Esta tarde estoy solo / me declaro en cuaresma / hoy de todo me escondo / hoy no abriré la puerta / me niego a los abrazos / libera al enemigo / hoy reclamo un pedazo / para llorar conmigo.

Esta tarde me aparto / de las viejas canciones / del hambre y del espanto / de las revoluciones / hoy no soy de la historia / no pertenezco al mundo / hoy perdí la memoria / hoy también me derrumbo.

No conté la riqueza / me quité la bandera / de adorno la cabeza / y las venas abiertas.

Porque esta tarde es del aire / y del sueño que parte hacia ti.

 

(Aunque la belleza y profundidad de esta letra resultan harto elocuentes, me permitiré, acaso por el simple placer de hacerlo, compartir mis impresiones sobre ella).

No estoy en casa se me antoja una de las canciones difíciles de obviar a la hora de hacer cualquier resumen sobre la trova de los últimos veinticinco años. Abarcadora de un sentido de  época —a partir del cisma de los noventa— en que el mundo y sus concepciones dieron un giro radical, volcando al hombre en un proceso de introspección profunda.

A primera vista pareciera que el sujeto hablante es solo un hombre huraño que sufre alguna especie de mutación espiritual, en la que los valores socialmente aceptados comienzan a desmoronarse.

A primera vista podría resultarnos la depresión de un ser inadaptado cuya debilidad le empuja al suicidio. Pudieran hacerse muchas lecturas de este tipo, si no tuviéramos en cuenta el sentido universal y la connotación existencial que el poeta le imprime a su obra.

Resulta que, como ya insinué más arriba, es una letra que resume el cambio de mentalidad operado en la nación cubana a partir de los noventa, cuando el impacto de la desaparición soviética dejó el camino libre a las ideologías neoliberales, y el mundo dejó de debatirse entre las oposiciones capitalismo-socialismo, justicia-caos, bondad-maldad, que comenzaron a presentarse como una visión maniqueísta del mundo.

Llegó la posmodernidad a Cuba y entró por la brecha que imprescindiblemente abría el capital. Un capital que ahora no lucía como propiedad de todo el pueblo, que parcelaba la realidad como lo hacía con la gente, limitando el acceso a los hoteles y a recursos básicos; torciendo los sueños hacia lo material.

En toda esta vorágine algunos espíritus permanecieron sobrios, y resulta llamativo la madurez con que el joven Ariel interpretaba el curso de los acontecimientos, en una época tan violenta  que por solo mirar de reojo te mataban de una cuchillada en la calle, y por una bicicleta algunos llegaron a matar familiares.

El trovador se arma del valor y pluraliza su voz, y cuando canta se oyen millones de voces clamando por una espiritualidad interna, solitaria, donde encontrarse a sí mismas no es más que un sueño, mientras la sangre corre a lo largo de los brazos de una sociedad que se corta las venas.

La tarde a la que alude el trovador es, a todas luces, el momento que antecede a la noche cerrada, y aterra pensar en lo que puede pasar, por eso es preferible, tan solo, cerrar los ojos.

 

2 thoughts on “Ariel Díaz, un trovador de casa

  • Decir que regreses a casa, es por eso; porque si no, quien harìa esas canciones…
    Escuchar a los perros ladrando, sabemos el futuro que nos espera.

    Gracias, en millones.

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