Ante la escasez crónica el mercado negro responde

Por Vicente Morín Aguado

Leche en polvo es un producto frecuentamente vendido en el mercado negro.

HAVANA TIMES – El mercado negro existe en todas partes, pero en Cuba, excepción de país bajo un sistema llamado socialista de tipo autoritario, la anterior realidad determina los rasgos específicos de esa forma de comercialización. Carlos Alberto Montaner ha repetido que “el comunismo es el reino de la escasez.” La escasez cubana se atribuye a la incapacidad estatal.

Existe la falta de productos por decisión gubernamental, ejemplo, la carne de res y los mariscos, monopolio absoluto de empresas estatales, cuyo consumo “libre” se torna  excluyente para la inmensa mayoría, porque junto a la extendida prohibición coexisten precios cuya equivalencia excede la media del capitalismo altamente desarrollado.

Confiando en sus interlocutores, vecinos de largos años, alguien comentó sin tapujos: “Acabo de darme el gustazo de unos filetes al tamaño del plato, fritos a puertas y ventanas cerradas. Lástima de las papas que hace rato desaparecieron del mercado.” (La tenencia de carne de res en el hogar puede implicar hasta años de prisión)

La proteína de origen vacuno clasifica entre los productos líderes del mercado negro, ofertándose desde hace largo tiempo el kilogramo a un valor redondeado de 5 pesos convertibles (CUC), canjeados en los bancos por similar cantidad de dólares estadounidenses. En las tiendas recaudadoras de divisas (TRD) la misma chuleta limpia comienza su escala de precios en los 9,50 CUC por kilo.

No todo es resultado de las caprichosas decisiones estatales, tal y como se aprecia en el muy extendido mercado negro de las medicinas. A veces triunfa la imposibilidad de satisfacer una demanda desbordante, caso significativo es la dipirona o duralgina, el más popular de los analgésicos, tradicionalmente vendido sin prescripción médica.

Farmacia cubana. Foto: salud-cuba.bloquea.cu

La tableta se oferta legalmente a 7 centavos moneda nacional (CUP), pero la demanda es tal que siempre estará en falta al día siguiente de la distribución semanal de medicinas. La  alternativa son los “discretos” vendedores del barrio, a quienes nunca les faltan las pastillas, pero a 1 peso CUP cada una. (Un CUP es igual a 25 CUC)

A veces las decisiones del Gobierno entran en contradicción con tal vez buenos propósitos, como sucede con las almohadillas sanitarias destinadas a las mujeres durante la  menstruación. Una bolsa de 10 unidades vale, bajo control de la libreta de abastecimientos, 1,20 moneda nacional. No hay en este caso opciones en las TRD, sin embargo, por diversas mañas propias de la distribución y el consumo, aparecen “excedentes” que se adquieren entre 10-15 CUP el  paquete.

La auténtica locura del mercado minorista cubano llega hasta la coexistencia de tres precios para un mismo alimento. Un kilogramo de leche en polvo entera se vende a 2,50 CUP en los establecimientos estatales, alimento limitado a niños hasta los 7 años, así como personas de cualquier edad con dietas médicas certificadas.

Es frecuente que esa leche, también otra  descremada propia para diabéticos, termine vendiéndose de 3-5 CUC en el vecindario, pues preferiblemente los ancianos de bajos ingresos garantizan un extra paliativo de sus doscientos pesos CUP de pensión.

No faltan paradojas que obligarían al mismísimo Aristóteles, creador de la lógica, a buscar desesperado una dipirona. El queso blanco fresco es legalmente perseguido por la policía, no obstante, miles de cafeterías privadas venden el casi 100 % de sus pastas y pizzas utilizando el mencionado lácteo, que ha pasado de 20-25 CUP la libra de 460 gramos hasta 30-35 en la actualidad.

Otras proteínas de origen animal, cuyas cifras de venta se mantienen en alza son los pescados y mariscos, parte del monopolio multicéfalo creado por el desacreditado reino comunista.

 En Cuba hay una red de pescaderías, avitualladas con aire acondicionado, refrigeradores, balanzas y dependientes que lucen batas blancas. La pregunta es, ¿dónde está el pescado?

Cola en una pescaderia habanera.

Un vecino acaba de comentar que, cuando viajaba de regreso a La Habana procedente del ultramarino poblado llamado Regla, su acompañante francés se brindó generoso para comprar cualquier producto del mar al identificar una pescadería. La desilusión vino al escuchar una pronta advertencia: “No tenemos pescado, tampoco otros mariscos, solamente croquetas de pollo”.

No es extraño, pues, que la libra de atún, pargo y similares delicias de las aguas tropicales que nos rodean, subieron desde 1 peso convertible años atrás hasta 1,50-2 pesos hoy por hoy. La libra de camarones limpios implica desembolsar hasta 5 CUC.

No es solamente los ejemplos aquí escogidos, referentes a ciertos alimentos y algunas producciones del sistema de la Salud Pública, el mercado negro carece de límites, abarca la ropa, el calzado, los materiales de la construcción, incluso sus tentáculos atrapan hasta las modernas lámparas LED, parte de un programa estatal destinado a mejorar la iluminación hogareña ahorrando energía. Un tubo de 9 W, sustituto del fluorescente de 18-20 W, se vende oficialmente a 30 pesos CUP, pero pronto desaparece de las tiendas para ser vendida al doble.

Queda mucho por decir ante el asombro de lectores foráneos que tal vez unan su pensamiento al de una mayoría de cubanos indignados, a la par resignados, cuando piensan que este mercado negro muchas veces constituye su única opción cotidiana.

Vicente Morín Aguado: ememultiplicada@nauta.cu

One thought on “Ante la escasez crónica el mercado negro responde

  • Una vez hice la propuesta (imaginaria) de un año de disciplina social absoluta. Donde todos los cubanos viviríamos sin acudir al mercado negro ni otras variantes, solo utilizar lo que ha planificado el estado para el consumo y funcionamiento del país. Luego analizaríamos los resultados ¿?

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