Adaptarse para exportar

HAVANA TIMES, 10 Julio (IPS) – Cuba busca, a toda marcha, diversificar sus exportaciones. No es un camino fácil: la tecnología, en buena parte de las industrias, es obsoleta; la crisis iniciada en la década de los noventa significó un atraso en el desarrollo de nuevos productos exportables; existen importantes productores de todo o casi todo e introducirse en los mercados resulta muy complejo. Ahora, por demás, la crisis global pone una nueva zancadilla al país, muy urgido de incrementar sus ingresos externos.

El Ministerio de la Industria Sideromecánica, con más de 30 años de fundado, sobrepasa la docena de grupos que dirigen alrededor de 200 industrias. Buena parte de estas tienen trazadas estrategias para el rescate de viejos productos exportables y la búsqueda de posibles alternativas, con nuevos desarrollos que tengan superiores valores agregados.

AZÚCAR LÍQUIDA

Durante décadas, Cuba recibió  tecnologías de la hoy desaparecida Unión Soviética. Este año, una fábrica holguinera perteneciente al Grupo de la Maquinaria Industrial (Gimac), del Ministerio de la Industria Sideromecánica, exportó tres cosechadoras de sorgo, creadas experimentalmente para el Complejo Agroindustrial Slaviansky, que se dedica a la producción de azúcar líquida pura de sorgo dulce.

El sorgo, explicó Marcelino Gutiérrez, especialista de Negocios del Grupo de la Maquinaria Industrial, a la revista Metánica, es una planta con características similares al maíz y al millo. Se cultiva en países de Europa y en India para la alimentación animal, e incluso hay experimentos con ese fin en Cuba.

El sorgo tolera mejor la sequía y el exceso de humedad en el suelo que la mayoría de los cereales y crece bien bajo una amplia gama de condiciones en el suelo. Responde favorablemente a la irrigación, lográndose excelentes resultados bajo riego. Requiere un mínimo de 250 milímetros durante su ciclo para llegar a producir grano y pueden obtenerse buenos rendimientos con 350 milímetros.  Pero, para lograr altas producciones, la demanda de agua varía entre 450 y 600 milímetros, dependiendo del ciclo del híbrido y de las condiciones ambientales.

Mediante el estudio de diferentes variedades se ha logrado obtener una denominada sorgo dulce. Científicos vinculados al complejo Slaviansky crearon una tecnología, con un proceso similar a la molienda de la caña de azúcar, que permite extraer el jugo del sorgo y, gracias a un método físico-químico de tipo molecular, separar las diferentes sustancias que componen el azúcar: sacarosa, glucosa y agua.

Pero, tener la capacidad tecnológica para producir azúcar de una materia prima poco usada con ese fin no era suficiente. La empresa rusa carecía de una tecnología para la cosecha mecanizada y utilizaba equipos europeos que no respondían completamente a las características específicas del sorgo.

Según explica Gutiérrez, por ejemplo, las cosechadoras alemanas cortaban el sorgo en pedazos muy pequeños, lo que ocasionaba un proceso de acidificación del guarapo y no permitía almacenar los trozos durante días, en el central, para realizar una molienda continua.

La búsqueda de tecnologías existentes para cosechar el sorgo con altos rendimientos -su recolección se hace entre agosto, finales de septiembre y primeros días de octubre- y cortarlo en pedazos más grandes, entre unos 30 y 40 centímetros de longitud, que posibilitara el almacenamiento por varios días y mayor rendimiento del guarapo, arrojó que no existían equipos que permitieran aprovechar la mayor cantidad de jugo.

En medio de la pesquisa, alguien recordó  que, en la pasada década del ochenta, en Cuba se construyó una industria para la fabricación de cosechadoras de caña, con tecnología de la desaparecida Unión Soviética. Las nuevas indagaciones revelaron que aquella fábrica seguía activa y que había continuado desarrollando cosechadoras cañeras.

Tras esa pista, en enero de 2008 visitó  a Cuba una delegación de ese complejo, integrada por directivos, fabricantes y científicos de la Universidad Agrónoma de Boronezh, vinculados al proceso tecnológico, bajo la coordinación de la Oficina Comercial de la Embajada de la isla en Moscú y la Cámara de Comercio de la República de Cuba.

Los visitantes indagaron por las características de cosechadoras cubanas, pensando en una tecnología que permitiera realizar la cosecha mecanizada del sorgo.

Luego de varios intercambios técnicos, en abril de 2008 el Complejo Agroindustrial Slaviansky hizo la solicitud oficial, a través de la Cámara de Comercio, de la Consejería de Comercio de la Embajada de Cuba en Rusia y del Ministerio de la Industria Azucarera, para la adquisición de tres cosechadoras cañeras del tipo Kortep 3500.

“Se trata de equipos de nueva generación, de los cuales se habían fabricado dos a modo de prototipo. Estos fueron exportados y están cortando caña en Venezuela. Por sus características, los empresarios rusos consideraron que era la tecnología más afín para el sorgo”, agregó el especialista en exportaciones. Por demás, solicitaron trabajar de forma conjunta en un proceso de modificaciones para adaptar estas maquinarias al corte del sorgo.

Adaptación

“La caña de azúcar se corta a una separación entre surcos de 150 centímetros, mientras que en el sorgo la distancia máxima es de 70 centímetros. Por esa razón, la nariz de corte de la máquina cubana debía ampliarse para tratar de capturar tres surcos a la vez y actuar sobre ellos. Teníamos que llevar las características de la máquina a las de la planta”, explica Gutiérrez.

Por otra parte, agrega, aunque el tallo del sorgo se parece al del maíz, es menos denso y pesa menos que la caña de azúcar. Por ello, los especialistas tenían que adaptar los mecanismos de captación de la masa vegetal, procesamiento interno de los cortes, traslado a través de los transportadores de la máquina y extracción hacia el camión de envase, para lograr que no se perdiera tallo en el campo.

“En función de eso, el equipo de ingenieros de la Fábrica de Cosechadoras Cañeras de Holguín “Aniversario 60 de la Revolución de Octubre” realizó una visita de trabajo a Boronezh, en el centro sur de Rusia, donde visitó los campos y constató las características del proceso”, señala.

Ya con estos conocimientos, se concibieron las modificaciones técnicas de los equipos y se inició el proceso productivo. “Desde abril y hasta finales de julio, en unos 115-120 días, partiendo de cero, se logró un contrato de compra-venta internacional; importar agregados como motores, componentes hidráulicos, gomas, metales; procesar; armar; montar y poner el día 2 de agosto, en el puerto -según los términos del contrato-, las tres cosechadoras KTO Kortep 3500 modificadas para responder a las exigencias de la contraparte”, explica el especialista.

Una vez terminadas, las máquinas fueron transportadas mediante medios especializados, desde Holguín hasta La Habana. La travesía partió de la sede del Grupo de la Maquinaria Industrial, de forma autónoma, y llegó a la rada de la capital cubana, para ser embarcadas. Hasta ese momento, el proceso había marchado viento en popa, pero un huracán en el área del Caribe detuvo las máquinas en Bahamas e impidió que estuvieran en la fecha acordada para tener un mayor período de prueba. Según Gutiérrez, “pese a los inconvenientes meteorológicos, las máquinas llegaron en octubre a la región de Boronezh, en el poblado de Buturlinovka, donde radican la fábrica de azúcar y los campos de sorgo.

Por vía telefónica, nos llegó  la noticia de que los equipos habían sido probados en las 10 hectáreas que les habían reservado y que habían cortado bien el sorgo”.

Más Que Exportar

A juicio del experto, el contrato de compra-venta internacional para esta operación reunió las características que exige este tipo de documento de exportación, en el que se utilizaron cláusulas seguras de cobro. Pero hay más: el proceso se logró en un período muy corto y puede considerarse una proeza de los técnicos, al demostrar que la industria cubana sí puede establecerse y cumplir metas, en períodos cortos, para producir tecnologías y productos de alto valor agregado.

“Lograr en tan breve tiempo la concepción del proyecto; la organización del esquema de producción; pieza por pieza, agregado por agregado; después el ensamblaje de los equipos; las pruebas de cada uno de los agregados por separado y las dinámicas a los equipos, exigió un extra de todos los eslabones del proceso.

Evidentemente, la fábrica puso en función de ese objetivo, prácticamente, a todo su colectivo, trabajando sin descanso”, considera el especialista del Grupo de la Maquinaria Agrícola.

En su opinión, “lograr una simbiosis entre mecánicos, soldadores, paileros, ingenieros, técnicos, auxiliares y la dirección, constituye una muestra de que, cuando un colectivo se une y pone su inteligencia y organización -aun con equipos viejos, tecnología obsoleta, tornos con muchos años de explotación-, aplicando el ingenio y transformaciones, se pueden lograr resultados como este”.

Para Gutiérrez, el principal logro de esta operación no es solo haber exportado tres cosechadoras, sino también la demostración de que se pueden hacer buenas cosechadoras y equipos tecnológicamente competitivos, tanto para la exportación como dirigida al mercado nacional, donde tienen bastante demanda.

Esta operación pudiera abrir el camino a nuevos pedidos desde el lejano poblado de Buturlinovka y, por qué  no, más allá. En este caso, los clientes salieron a la búsqueda de proveedores, pero pudiera ser a la inversa: que Cuba siga ofreciendo, por el mundo, sus posibilidades de responder a demandas de equipamiento y servicios, lo que redundaría en mayores ingresos. De convertirse esos aún aislados ejemplos en una práctica cotidiana, el país podría aumentar sus ventas en el exterior, lo que ayudaría a revertir el actual desbalance en su comercio exterior.

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