“A la puta calle”

Por Juan Carlos Pereyra para Progreso Semanal.

Gilberto Martínez abraza a su hija mientras es desahuciado. Lo acompañan españoles solidarios antidesahucios. Foto Pepe Olivares

HAVANA TIMES – Si a Gilberto Martínez (50 años), cubano, le hubieran dicho lo que iba a vivir en España, no lo hubiera creído, quizás hubiese anotado el comentario en la lista de la propaganda castrista. El pasado 7 de mayo, la policía española procedió a desahuciarlo a la fuerza de la vivienda que habitaba en Alicante, junto a su esposa y tres hijos.

Gilberto es uno de los 115 opositores que junto a más de 600 familiares salieron de prisión luego de un arreglo entre los gobiernos de Cuba y España, gracias a la mediación de la iglesia católica, luego de conversar con las Damas de Blanco.

“Yo solo pido ahora que me manden para Cuba”, demandaba entre sollozos, escribió el reportero de El País.

Con casi 3 años de estancia en la península, Gilberto no ha encontrado trabajo –edad y falta de preparación técnica conspiran contra él– y ha subsistido gracias a que, hasta poco, disponía de 995 Euros mensuales, una parte proveniente de la Cruz Roja y la otra del gobierno. Insostenible para una familia de cinco personas.

Pero “Ahora no tenemos ayudas de ningún tipo”, declaró al citado medio y agrega que si “en Cuba me dicen lo que pasaba en España me hubiera quedado allí”. Otros presos que fueron liberados optaron por permanecer en la isla e incluso persisten en sus posiciones políticas. La salida no fue obligatoria.

El proceso de excarcelación comenzó cuando autoridades eclesiásticas cubanas consultaron, preso por preso, su decisión. Este particular fue comprobado por diplomáticos españoles en el aeropuerto internacional de La Habana donde preguntaban a cada ex-prisionero si viajaban por propia voluntad o habían sido sometidos a presiones. No hay constancia de que alguno manifestara condicionamientos.

Pero todo eso es agua pasada que ya no mueve el molino de sus vidas. Ahora él y su familia ven como su condición de persona ha sido reducida a un número más que añadir a la cifra de desahucios, que el año pasado alcanzaba la cota de 32,500, de los cuales prácticamente la mayoría son ciudadanos nacidos en España. Gilberto y estos miles son personas con derechos, entre ellos la vivienda, que es básico. ¿O no?

“Nos trajeron engañados, estamos en la calle, hemos ido de un sitio a otro y lo único claro es que los políticos se tapan con la misma colcha, y no arreglan nada”, declaró al constatar la cruda realidad. Gilberto anota la falta de ayuda al cambios de gobierno.

Pero el problema no es de partidos políticos, responde a una crisis más profunda en la cual todas las formaciones y banderías tienen responsabilidad: se trata de una crisis sistémica en la que los viajeros de primera clase, como en el Titanic, son los privilegiados para salvarse mediante el reducido número de botes. Eso del 1% y el 99% no es un eslogan. Pura realidad.

“Salvar bancos y finanzas, el resto a la puta calle”, comentó a esta corresponsalía un madrileño en una placita amable en la Avenida de San Bernardo. Cuando le cité el caso de los cubanos añadió el trágico de la señora que meses atrás se lanzó de su apartamento; y narró la otra parte de la historia: la de aquellos que tenían sus viviendas bajo el régimen de hipotecas –otros miles, por cierto—y que al no poder pagar pierden todo lo que han ido solventando; los bancos se quedan con las viviendas y más duro aún: al ser ciudadanos insolventes quedan sin crédito en un mundo que se mueve con tarjetas plásticas… “Así es la globalización”, sentenció el interlocutor. Pero el asunto no es la globalización, sino cómo y quiénes la manejan.

Gilberto encontró solidaridad

El fenómeno de los desahucios ha dado origen a una organización llamada Stop desahucios, que ha sido solidaria con la familia de Martínez enfrentando a la acción policial con gritos y denuncias en el barrio alicantino donde residía.

Momento en el que la policía detenía a otro cubano que se resistió al desahucio de su compatriota- Foto Pepe Olivares

Cuando la policía procedió al desalojo, compatriotas cubanos y ciudadanos españoles miembros de Stop desahucios se opusieron y algunos se enfrentaron a los uniformados. Tres de ellos –dos hombres y una mujer, cubanos– fueron apresados, llevados ante los tribunales y juzgados bajo los cargos de atentado a la autoridad con agravante. La sanción fue menor de los dos años por lo que no tendrán que estar en prisión.

¿Bajo qué techo se cobijará esta familia de compatriotas? ¿Dónde podrán encontrar trabajo en un país en el que más de 6 millones de personas están en paro, cifra que representa el 27,2 % de la fuerza laboral? ¿A qué país de la Europa defensora de los derechos humanos podrá viajar y encontrar donde laborar para alimentar y dar cobijo a su familia? La Eurozona muestra una cifra de 12,1% de parados, cifra elocuente de un potencial de disidencia considerable.

8 thoughts on ““A la puta calle”

  • Gracias por la amplia explicación. Ilustra. El reventón de la burbuja deja una amarga lección, y como bien señalas, una política más inteligente de los gobiernos pudo al menos ayudar a paliar el impacto. Pero callaron antes y ahora habrá que llorar.

  • Isidro,

    Detrás de los desalojos en España está una cadena de decisiones equivocadas tantos de los bancos como de los hipotecados. Voy a hacer algo de historia.

    Cuando España tenía la peseta existía una inflación muy alta, por tanto había que pagar unos intereses enormes por las hipotecas. Para comprar mi casa yo comencé pagando unos intereses del 17%. En esas condiciones con una misma cuota mensual uno no podía adquirir una hipoteca muy alta. Era preciso ahorrar antes parte del costo de la casa y había que comprar casas modestas de bajo costo. En contrapartida, debido a la alta inflación, los salarios subían mucho nominalmente cada año y la inflación erosionaba rápidamente la deuda. Valía la pena arriesgarse con hipotecas altas.

    Al llegar el euro entramos en la etapa de inflación bajísima, del orden del 2% anual. Los intereses de las hipotecas bajaron espectacularmente. Ahora mismo yo pago un 2,7%. Por tanto pagando la misma cuota mensual es posible hipotecarse por cifras mucho más altas y durante más tiempo. Uno pensaría que eso haría que disminuyesen los impagos de las hipotecas. Por desgracia comenzaron a actuar mecanismos perversos.

    El primero de ellos es que se comenzaron a construir viviendas mucho más caras. Llegó un momento en el que en contra de toda lógica económica resultaba más barato pagar una hipoteca que un alquiler. Todo el mundo empezó a comprar viviendas. Eso produjo una burbuja inmobiliaria. Los precios comenzaron a subir y se empezaron a construir millones de viviendas. Algún año se construyeron en España más viviendas que en Alemania, Francia y Gran Bretaña combinados.

    Naturalmente hubo personas que no fueron capaces de pagar sus hipotecas. No pasaba nada. Vendían la casa, que debido a la burbuja había aumentado mucho su valor, y con el dinero que sacaban devolvían la hipoteca y todavía les quedaba un buen dinero para disfrutar.

    La bajada de los intereses hipotecarios causó un aumento del precio de las viviendas que hizo que se empezasen a construir millones de viviendas. Naturalmente la burbuja tenía que pinchar. Ya en el año 2002 los expertos empezaron a advertir de la existencia de una burbuja de precios peligrosísima. Ni los compradores, ni los bancos que concedían las hipotecas les creyeron. La burbuja estalló en el 2008 con resultados económicos desastrosas. Ahora hay en España un exceso de cuatro millones de viviendas sin ocupar. El precio de la vivienda cayó un 30% y sigue bajando. Es probable que aterrice a la mitad del precio. La paralización de la construcción de nuevas viviendas hizo que se disparase el paro.

    Pero lo peor es lo que le sucede a quienes no pueden pagar sus hipotecas. Antes vendían ganando mucho dinero después de devolver la hipoteca. Ahora esa opción no es viable. Te hipotecas para comprar una casa por 150.000 euros; pero si vendes la casa para saldar la hipoteca solo sacas 100.000 euros, por lo que sigues debiendo 50.000 euros. Además debido a la baja inflación los sueldos no suben, mientras que las deudas se mantienen.

    Y entramos en la peor de las contradicciones: ¿Cómo es posible que miles de familias se queden sin casa mientras existen cuatro millones de viviendas vacías?¿Como puede haber sobreproducción de viviendas mientras miles de familias se quedan sin casa?

    Conviene añadir que quienes se están quedando sin casa es porque no oyeron las advertencias. Continuamente los expertos estaban advirtiendo de la formación de una burbuja inmobiliaria que estallaría en cualquier momento dejando a miles de hipotecados en situación muy difícil. Pocos les creyeron porque en España nadie recordaba que los precios de las viviendas bajasen.

    Esa burbuja se pudo haber pinchado con solo eliminar las desgrabaciones de compra de vivienda de la declaración de la renta, pero ningún gobierno se atrevió a hacerlo por sus consecuencias electorales … y ningún partido se atrevió a proponerlo, incluyendo naturalmente a los comunistas de Izquierda Unida que ahora intentan —sin éxito— capitalizar el descontento. El electorado tiene memoria y no va a apoyar a quienes no ofrecieron soluciones cuando estas eran posibles.

    En fin, es muy duro quedarse sin casa y seguir debiéndole al banco un montón de dinero.

  • Zapata Vive.

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