Memoria inconclusa

Por Patricia Grogg

HAVANA TIMES, 5 dic (IPS) — Una pequeña placa bajo la sombra de un frondoso jaguey de la Habana Vieja busca salvar para la memoria histórica a cinco afrocubanos “abakuá anónimos que murieron en el intento de rescatar a los estudiantes de medicina” fusilados cuando esta isla aún era colonia de España.

Los héroes homenajeados pertencían a la sociedad secreta abakuá, una religión de origen africano que por más de un siglo ha sufrido discriminación y tergiversaciones en Cuba.

La historia nacional recoge en amplitud el fusilamiento de ocho alumnos de medicina el 27 de noviembre de 1871, bajo la acusación no probada de haber ultrajado la tumba de un militar español. Por eso, estudiantes marchan cada año hasta el monumento que honra a esos jóvenes que murieron jurando su inocencia.

Pero el papel jugado por los cinco abakuá que murieron por protestar contra ese ajusticiamiento permanece desconocido por la historia oficial, lamentó Tato Quiñones, coordinador del homenaje convocado, cada 27 de noviembre desde 2006, por la Cátedra de Pensamiento Crítico y Culturas Emergentes Haydée Santa María y la Cofradía de la Negritud, proyectos de debate vinculados a la red Ciudadana Observatorio Crítico.

“Ese día cayeron 13 jóvenes, blancos y negros, por eso fuimos también a rendir homenaje a los universitarios fusilados”, agregó a IPS.

“Es un homenaje modesto, de reivindicación histórica, aunque todavía segregado”, puntualizó.

Como excepciones, el estudioso mencionó que el oficial diario Granma se refirió al caso en un escrito publicado en 2009, mientras en 1961, el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara (1928-1967) recordó, durante un acto por la efeméride, que “no sólo se cobró en esos días la sangre de los estudiantes fusilados”.

“Como noticia intrascendente, que aún durante nuestros días queda bastante relegada, porque no tenía importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cadáveres de negros muertos a bayonetazos y tiros”, dijo Guevara, para quien el testimonio de que también hubo heridos españoles prueba, “que no se podía matar impunemente”.

Quiñones y otros especialistas coinciden en que la historia sólo quedará completa cuando se rinda homenaje, en acto único de recordación, a los alumnos de medicina y a los cinco jóvenes negros. “Por eso es importante que esta vez hayamos llegado hasta el memorial de los estudiantes”, dijo a IPS la antropóloga María Ileana Faguada.

La tarja está ubicada desde el 27 de noviembre pasado y fue develada entre poemas, cantos, danzas y toques de tambor por decenas de residentes de la capital cubana que luego caminaron hasta el cercano monumento dedicado a los jóvenes ajusticiados por las autoridades coloniales en 1871.

Unas 250 personas, entre abakuás de varios municipios habaneros, intelectuales y vecinos bien informados de las cuadras aledañas se unieron a la peregrinación, guiada por dos íremes o diablitos (representativos de espíritus de antepasados) que danzaban al compás de un coro de clave de esa religión de origen africano.

“Estos cinco abakuá dieron una muestra de rebeldía cubana, se inmolaron por intentar salvar a los estudiantes, aún sabiendo que no lo conseguirían. Eso da la medida de que ya entonces había un sector negro de la población cubana con una conciencia de identidad tan fuerte, que era capaz de morir por ella”, añadió.

Para el investigador y experto en temas raciales Esteban Morales, la razón de que se los haya obviado podría estar en los prejuicios que han pesado históricamente sobre las religiones de origen africano y sus practicantes, pese a que muchos luchadores por la independencia de Cuba fueron personas negras y creyentes.

La sociedad abakuá llegó a Cuba a través de los esclavos de la región africana del Calabar, entre el margen oriental del río Níger y el actual Camerún, y su revelación pública en ese país caribeño data de la tercera década del siglo XIX. Solo admite hombres y mantiene en secreto el misterio de los fundamentos de sus creencias.

Según Quiñones, en 1906 fue mencionada y registrada por primera vez en el libro “Los Negros Brujos” del etno-antropólogo Fernando Ortiz, reconocido como uno de los descubridores de Cuba¨.

Esta hermandad surge como una asociación entre cuyos objetivos figura la ayuda mutua, sus miembros tienen una serie de valores que deben tener en cuenta, explicó a IPS el médico Orlando Gutiérrez, quien consideró fundamental que se reconozca la acción de los cinco abakuás en aquellos sucesos.

El profesional añadió que un religioso abakuá hizo posible en 1863 el ingreso de los primeros blancos a la sociedad, de modo que es la primera organización “integracionista” de Cuba.

Hay hermandad entre blancos y negros (…), se dice que uno de los jóvenes estudiantes fusilados quizás era abakuá, comentó Gutiérrez.

Entre los abakuá, el gesto del 27 de noviembre de 1871 ha sido conservado y transmitido oralmente como parte de un  valioso patrimonio de rebeldía.

“Queremos que esta  conmemoración constituya un acto emancipador, de reivindicación y justicia histórica”, resumió Quiñones.


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