Festival de Cine Francés en Cuba

Por Isbel Díaz Torres

La filmografía francófona se ha ganado un aval de excelencia segura.

HAVANA TIMES, 6 junio – Con un documental de 50 millones de euros comenzó el Festival de Cine francés en La Habana.  “Océanos.” de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, ha impactado al público habanero.

El festival incluye 17 largometrajes a ser presentados durante todo junio en varios cines de la capital;  vea el programa.

EL FESTIVAL

El evento es uno de los que se ha ganado el favor de los cinéfilos de la isla, quienes cada año esperan con fervor el paquete de películas francesas.  A diferencia del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, con calidades tan dispares en sus ofertas, la filmografía francófona se ha ganado un aval de excelencia segura.

El embajador de Francia en Cuba Jean Mendelson, en sus palabras de apertura, reconoció que el festival “ha sabido perdurar incluso en las etapas menos fáciles de las relaciones oficiales entre Cuba y Francia.” Para la embajada francesa, esta es la más importante acción de colaboración cultural de su representación en Cuba.

En la inauguración fue presentada una delegación de artistas de alto nivel.  Fueron ovacionados por el público el legendario actor y director francés Jacques Perrin, y la joven cubana Yahima Torres, premio Lumière a la mejor actriz revelación por su protagónico en el filme “La Venus Negra.”

La cinta narra la vida y martirio de Saartjie Baartman, joven africana que deslumbró a los esclavistas europeos a principios del siglo XIX, por sus atributos físicos muy desarrollados.

A la ceremonia asistieron también Manuel Herrera, director de la Cinemateca de Cuba, y Alfredo Guevara, director del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

OCEANOS

Desde las lagunas tropicales y los témpanos polares, hasta las ignotas profundidades donde no alcanzan los rayos solares, “Océanos” explora el ámbito más desconocido del planeta.  Cuatro años y tres equipos de filmación dispersos en todo el mundo, fueron necesarios para una obra de tan alta calidad técnica y artística.

Codirigida por Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, fue estrenada en el 2009.  Los realizadores habían adquirido previamente fama mundial como autores del galardonado documental “Nómadas del viento” (2001).

Para esta ocasión Galatée Films desarrolló prototipos de cámaras de alta definición, algunas a bordo de minihelicópteros y torpedos submarinos manipulados a control remoto.  Carcasas herméticas y programas informáticos que adaptan la grabación a las condiciones de luz y calidad del agua, también fueron producidos.  Fueron utilizadas imágenes de gran claridad tomadas por los satélites de la Agencia Espacial Europea.

Es por ello que para captar toda la belleza visual y sonora del documental, este debería verse en cines Imax.  No todas las ciudades, incluso en Europa, disponen de salas de ese tipo.  Las últimas inversiones en el cine Chaplin, en la capital cubana, permitieron un disfrute pleno de la obra.

Gracias a semejante derroche tecnológico, es posible sentirse en el centro de una alucinante secuencia donde delfines y aves se alimentan de un cardumen de sardinas.  Apoyado con increíbles efectos sonoros, una edición trepidante y una música efectiva, las secuencias de este tipo llegaron a mover a los espectadores en sus butacas.

Uno de los buzos que trabajó en la filmación, compartió sus impresiones con el público.  “El océano es el último lugar salvaje del planeta, y lo maravilloso es que los animales del océano te aceptan como uno de ellos.” dijo emocionado.  Su experiencia personal de “nadar aleta contra espalda, con el gran tiburón blanco” le ha cambiado la vida para siempre.  “Este encuentro con los animales salvajes me llena de alegría.” concluyó.

EN QUE GASTAR LOS MILLONES

“Océanos” es una coproducción de Francia, España y Suiza, cuyo presupuesto de 50 millones de euros, ha resultado ser el más elevado para un documental, en la historia del cine.

El público cubano mostró gran sensibilidad y admiración.

Ciertamente resulta una cifra exorbitante.  De cara a las necesidades de las poblaciones humanas a escala planetaria, podría pensarse en mejores destinos para una suma tan elevada.  No obstante, la realidad es que los presupuestos estatales destinados a la industria militar y a la defensa, en la inmensa mayoría de los países, podrían recibir la misma crítica.

De modo que es preferible invertir en una obra de arte colosal como esta, que en todos los ejércitos regulares del planeta.  “Océanos” no solo eleva el espíritu humano, sino que lo dota de una aguda capacidad crítica.

El relato nos muestra cómo el ser humano es la especie que más afecta los ecosistemas marinos.  Las redes, arpones, pesquerías y barcos irrumpen en los ciclos vitales de los habitantes acuáticos y extienden su efecto por toda la comunidad.  El filme visualiza auténticas islas de deshechos plásticos.  Las imágenes satelitales revelan cómo la contaminación que generamos en tierra firme se adentra sin barreras en las aguas oceánicas.

JACQUES PERRIN

El cine francés es célebre por sus documentales naturalistas.  Tal es el caso de “El viaje del emperador” (2005) donde Luc Jacquet obtiene un Oscar a la Mejor película documental.  Aquella película, vista en Cuba, mostraba los viajes anuales de los pingüinos emperador de la Antártida.

Jacques Perrin parece ser un precursor de esta línea, pues siendo actor, devino en productor.  Tras producir películas como Z (1969) o Estado de sitio (1973), ambas de Costa-Gavras, se dedicó al complicado campo del documental sobre la naturaleza.

Comenzó como narrador en “Microcosmos” (1996), dirigido por Claude Nuridsany y Marie Pérennou.  El documental aborda la vida de los insectos filmado también con novedosas técnicas cinematográficas (lentes macro), para el que se requirieron quince años de investigación, tres de rodaje y seis meses de edición.

Lo mejor de la cinta es que su idea no es didáctica, sino un pulido ejercicio audiovisual sobre un universo que nos rodea constantemente pero que solemos olvidar.

“Nómadas del viento” (2001) su primera película como director, junto a Cluzaud y a Michel Debats.  Se trata de un ambicioso documental sobre la migración de las aves, en un viaje que recorre más de cuarenta países.  Cuatro años de trabajo y más de 140 personas contribuyeron a su realización.  El gran éxito del filme le ganó nominaciones para el Oscar, el César, y el Goya.

Para Perrin “Océanos” es “más que una película, es un poema cinematográfico.” En la cinta el artista francés trabaja como director, guionista, productor, narrador y actor.

Quien parece ser el padre del filme, ha logrado en todos estos años un alto nivel de sensibilidad con la problemática ambiental del planeta.  “No es solo para hablar de la belleza y la estética de la naturaleza, sino que también es una forma de compromiso político.” aseveró.

ESCENAS MEMORABLES

Los organizadores del evento enviaron invitaciones para ver este documental a la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana.  Me ha parecido una estrategia muy acertada, no solo para garantizar un público interesado y sensible, sino por la propuesta en sí del documental.

“Océanos” no solo eleva el espíritu humano, sino que lo dota de una aguda capacidad crítica.

La visión darwiniana de la evolución que se imparte en esa escuela privilegia de manera marcada a la “competencia” como decisiva fuerza evolutiva.  Tal énfasis, que con frecuencia es extrapolado a las relaciones sociales, olvida intencionalmente las otras relaciones de solidaridad y mutualismo que tienen lugar en la naturaleza.

El filme hace justo lo contrario, nos da evidencias de estas relaciones solidarias y de muchas otras que aparentemente son “patrimonio” de los seres humanos.  Tal es el caso de una inmensa morsa, que en posición vertical, flotando en las heladas aguas, sostiene entre sus extremidades a su cría y la amanta con infinita ternura.

Era evidente que no se trataba solo de alimentar la prole y garantizar la perpetuación de sus genes.  Para ello no hubieran sido necesarias las caricias de la madre, con el hambre del pequeño hubiera sido suficiente.  Los sentimientos maternales tienen una universalidad más amplia que la que sugieren las “leyes de la selva.”

De igual modo, el nado amistoso del buzo con el depredador más temible de los mares, el gigantesco y fiero tiburón blanco, desdice de muchos mitos.  No hay por qué dar por sentado que el pez grande siempre se come al pequeño, como pasa en las economías mundiales.

Una hermosa secuencia fue la cópula de un par de delfines, realizada mientras nadaban a altas velocidades, o las imágenes de los leones marinos gozando del oleaje y tomando el sol revolcados en la arena.  Algunos de estos casos son procesos que las leyes de la “necesidad” no pueden explicar.

Los más terribles momentos del filme fueron los dedicados a la pesca con redes.  Gigantescas ballenas, tiburones, tortugas marinas, pendían de estos artefactos kilométricos, asfixiados por la no circulación de agua.

La cámara siguió en detalle la pesca de un tiburón, al cual después de cortar aletas y cola, soltaron aún vivo a las profundidades.  La imagen del animal agonizando en el fondo del océano, como un trozo de carne viva, mirando a todos lados y sin poder moverse, fue el colmo del desamparo y crueldad.

Es por ello que, si es preciso gastar millones para enviar ese mensaje trágico de la realidad humana, no están mal gastados entonces.

El público cubano mostró gran sensibilidad y admiración.  Una larga ovación premió a los realizadores del filme, y demostró que los mensajes de amor, de crítica y de autocrítica, pueden tener receptores inteligentes.

Comienza el Festival de Cine Francés en Cuba, y ojalá aporte elementos de diversidad para “neutralizar los efectos masificadores del proyecto hollywoodense de imagen global.” cómo dice el director de la Cinemateca, pero neutralizar también los nacionalismos chatos, vanidosos, y sin perspectivas.

 

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