“Mi Papa le pegó otra vez”

Rosa Martinez

Foto: Caridad

HAVANA TIMES, May 13 — Esperaba con mi hermana en el Consultorio médico hasta donde llegan los casos de Salud mental, previa consulta con el psicólogo, cuando vi llegar a aquella mujer de 25 años de edad, según sus datos, pero a juzgar por su físico parecía tener unos 35 ó 40.

Bajaba la cabeza tratando de ocultar el rostro, pero era inevitable, los presentes la observábamos. Una niña de unos 9 años era su acompañante. La madre buscó donde sentarla y a su lado comenzó a pasarle la mano por la cara que se humedecía con el llanto.

Una cicatriz en la frente denunciaba una vieja lesión, los pómulos enrojecidos que intentaba camuflar entre las manos mostraban otras  recientes.

“Mi papá le pegó otra vez,” dejó escapar la menor como satisfaciendo la curiosidad de todos y continuó: “Lo hizo porque está cansado de decirle que deje de trabajar y ella se niega. Esta vez le dio delante de mí, no lo voy a perdonar jamás…”

No dijo más, pues de pronto la enfermera las mandó a entrar.

Esta es la historia de una joven que vive en la parte norte de la ciudad de Guantánamo, pero bien pudiera parecerse a la de Lourdes, apuñaleada en su casa junto con su madre, o la de Esther, que quedó inválida por una golpiza que dañó su columna vertebral.

Pudiera ser también la realidad de Eliza que espera angustiada por el regreso de su esposo. Eliza sabe que no hay razón para que él se moleste, pero no hacen falta motivos para desencadenar su ira.

Una simple conversación puede acabar en un empujón o una buena golpiza. En varias ocasiones ha tenido que acudir al hospital. No puede esperar ayuda ni de vecinos ni de familiares, pues ya nadie interfiere en las frecuentes riñas, todo el barrio conoce que ella no se atreve a denunciarlo, o dejarlo, ella no encuentra cómo salir del atolladero en que vive.

Estas son solo algunas historias de las que se repiten en Guantánamo, Cuba y todo el mundo, de las millones de mujeres que son maltratadas, violadas o asesinadas cada año.

En la provincia de Guantánamo ha aumentado considerablemente el número de féminas asesinadas independientemente de sus causas y del trabajo de prevención institucional, de educación y atención social, así como de la labor de los organismos que intervienen en el esclarecimiento de esas matanzas, que se están haciendo habituales.

Solamente en una semana fueron asesinadas tres guantanameras. En el pasado mes sumaron 10 las víctimas, y en lo que va de año 17. En el municipio de El Salvador, por ejemplo, murieron apuñaleadas dos jóvenes y otra por múltiples machetazos. En todos los casos los victimarios fueron esposos, ex esposos o amantes.

Quizás para algunos lectores  fuera de Cuba, 10 asesinatos en un mes no es una cifra alarmante, pues están acostumbrados  a escuchar que en Latinoamérica mueren unas 30 mujeres diariamente por esa causa, pero para nosotros, las cifras son preocupantes, especialmente no solo porque este es un tema del que prácticamente no se habla en nuestros medios de comunicación, sino por el alza de la violencia de género.

Foto: Caridad

Aunque en nuestro país esto no es tan frecuente como en muchos países, el fenómeno sí tiene características similares a la media internacional.

La violencia contra la mujer es todo acto violento basado en el género y tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluyéndose las amenazas, la coerción, la falta de libertad y, por supuesto, la muerte. Esto es una violación de los derechos humanos y un delito.

En Cuba la violencia en el hogar es la forma más común, pero no es la única, pues se manifiesta también a nivel social, en los centros laborales y en las escuelas.

Cada región del planeta tiene sus características y tradiciones y estas determinan la forma en que se manifiesta esta conducta. Por ejemplo en África, se ha desatado una ola de feminicidio determinada por la cultura masculina africana que no acepta la homosexualidad femenina y la considera un gran insulto. Una lesbiana en el continente negro vive en constante amenaza contra su vida. Los asesinatos son cometidos por hombres que intentan cambiar la preferencia sexual de estas mujeres.

En el caso de Guantánamo son varias las causas que han influido en el considerable incremento del feminicio en la provincia.

Según la psicóloga Roxana Rodríguez las principales son el consumo indebido de drogas, las condiciones de convivencia, que obliga a muchos matrimonios a seguir compartiendo la misma casa después de estar divorciados.

Otra causa es la incorporación de las esposas al trabajo, pues ya la economía del hogar no depende únicamente del hombre, también está el casamiento por interés económico pues las parejas se unen sin apenas conocerse, y por último la situación económica actual que enfrenta la sociedad cubana, los pobladores entran en una crisis existencial (se cuestionan su modo de vida, qué ha logrado, qué futuro le espera), y estas crisis pueden acabar en violentos desenlaces.

Cada vez que se escucha del asesinato de alguna mujer en Guantánamo se tejen en la calle miles de historias de infidelidad, se justifica popularmente a los asesinos diciendo: “él lo hizo porque estaba celoso’,” ella tenía otro marido”; y “ella se lo buscó”; pero escasas veces estos rumores son ciertos.

Según la especialista, en la mayoría de los casos no se trata de infidelidad alguna. “La sociedad cubana ha alcanzado un gran desarrollo y esto se refleja también en las familias. Muchos hombres alegan que sus compañeras hoy en día son muy liberales, ya no quieren tener responsabilidades en el hogar, y no respetan a sus maridos.

“Incluso los comentarios en las calles (a veces provenientes de féminas) tratan de justificar la actitud del asesino en algunos de estos casos, es por eso que casi siempre de forma automática se asocian los crímenes a la infidelidad, aunque este no sea el motivo,” aclara ella.

En Guantánamo la zona con mayor incidencia en estos asesinatos es el reparto Caribe en la parte norte de la ciudad, de cada cinco hechos, cuatro sucedieron ahí.

Internacionalmente muchos países han promulgado leyes que reconocen que la violencia ejercida por los esposos debe ser tratada de la misma forma que la ejercida por un extraño, se han introducido servicios como hogares de acogida y líneas telefónicas de ayuda para ofrecer apoyo a las víctimas de este tipo de violencia.

Cuba fue el primer país en firmar la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW),  y desde la creación de la Federación de Mujeres Cubanas en 1960, la organización se ha interesado en reformar el Código de familia. Desde 1977 tiene un Grupo de Trabajo Social para la Atención y Prevención de la Violencia Familiar, donde se realizan estudios e investigaciones nacionalmente.

Acerca del trabajo comunitario en Guantánamo, la también Master en Psiquiatría Social explica su experiencia personal: “Todos los meses se reúnen los integrantes de los Consejos Populares de cada barrio, una organización gubernamental a instancia media que representa al pueblo, integrado por el presidente, un oficial de menores, un educador, un miembro de la Asociación de Combatientes, una afiliada a la FMC, el jefe de Sector y el sociólogo de la comunidad. En estos encuentros se analizan profundamente los problemas de la comunidad y qué se necesita para mejorar la calidad  de vida de sus habitantes.

Por ejemplo cada miembro del Consejo Popular plantea los problemas que ha detectado y el personal de Salud se encarga de atender a los grupos de riesgos más vulnerables. Un ejemplo del éxito de esta labor comunitaria es la casi total erradicación del jineterismo en la provincia.

En la provincia las instituciones de Salud y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) han hecho un llamado especial a los sociólogos y psicólogos a realizar un estudio de la conducta de los hombres y el porqué del incremento de la violencia de estos contra sus parejas.

Según María Elena García, trabajadora social, además de la labor comunitaria el gobierno debe dar un mejor tratamiento al tema en los medios de prensa de la misma forma que  se hace con la campaña contra el SIDA y la infecciones de transmisión sexual, o como en la prevención del virus de la Influenza A (H1N1).

“Pienso que se deben seguir investigando las causas que determinan estas horrendas conductas para poder desarrollar estrategias y planes de acción que erradiquen este tipo de violencia. Creo también que las sanciones contra los abusadores, violadores y asesinos deberían ser más severas.

“Ya las prisiones cubanas no se parecen a las de hace 40 años, el reo tiene la posibilidad de rehabilitarse en la cárcel aprendiendo varios oficios, estudiar una carrera universitaria, y sin importar el tipo de condena el sancionado, según su comportamiento puede disfrutar de libertad condicional y ser rebajado, pero no todos aprovechan estas oportunidades y una vez en la calle algunos vuelven a delinquir o cometer otro asesinato,” dice ella.

El reverso de la moneda está en que aún existiendo en cada provincia cubana una institución denominada Casa de Orientación a la Mujer y la familia, una Comisión de Atención y Prevención Social, adonde las maltratadas pueden acudir a plantear sus problemas o denunciar en la PNR los vejámenes a los que son sometidas, optan por callarse, se sienten prejuiciadas, y temen a la reacción de su cónyuges, pues en la mayoría de los casos son madres solteras, de baja instrucción escolar, o proceden de familias disfuncionales, no se percatan de que cometen un grave error, y cuando deciden actuar muchas veces ya es tarde.

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