¿Héroes o villanos?

Fernando Ravsberg

Inestabilidad. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 17 junio – Me resulta sorprendente la facilidad con que se pasa de héroe a villano entre algunos cubanos, para eso basta que la persona en cuestión emita un criterio diferente al nuestro sobre uno de los temas que consideramos más sensibles.

La última vez me pasó con el canciller Felipe Pérez Roque y el vicepresidente Carlos Lage que, de la noche a la mañana, dejaron de encarnar la gran esperanza de cambio generacional y se convirtieron, tras probar la miel, en la mayor ilusión del enemigo.

Entre los temas más sensibles en la política cubana está el bloqueo/embargo de Estados Unidos, una parte del cual se han atrevido a cuestionar un grupo de 74 disidentes cubanos en una carta dirigida a las autoridades de EE.UU.

La reacción en el exilio fue dura, en Miami Ninoska Pérez lo califica de “burda manipulación (…) para apoyar dos medidas que van a beneficiar al régimen. Es inconcebible que sean las víctimas pidiendo que se beneficien los victimarios’’.

Desde Europa, Zoe Valdez llega incluso a acusar a la bloguera Yoani Sánchez de trabajar para el gobierno y a Guillermo Farias de fraude porque la huelga de hambre no puede ser posible después de 100 días, desde el punto de vista médico.

En realidad estos opositores ni siquiera piden el fin del bloqueo/embargo sino la ampliación del comercio y la eliminación de la prohibición de viajes que pesa sobre los estadounidenses, impidiéndoles visitar la isla desde hace 45 años.

Afirman que viajar libremente es un derecho, consideran que la prohibición sirve de excusa a la Habana para limitar los viajes de sus propios ciudadanos y que el aislamiento del pueblo de Cuba beneficia a los intereses más inmovilistas del gobierno.

Pero plantean un axioma que parece clave: los derechos se defienden con derechos. Es que parece poco serio que Washington reclame para los cubanos la misma reivindicación que le limita a los estadounidenses, su libertad de viaje.

El otro gran pecado cometido por los 74 disidentes fue pedir que se faciliten las ventas de productos agrícolas de EE.UU. a Cuba. El objetivo de tal medida, según explican, sería aliviar las penurias alimentarias de la población.

Evidentemente este es otro tema muy sensible porque estas penurias son, desde 1959, la base fundamental de la estrategia de Washington para destruir la Revolución Cubana, según lo han proclamado ellos mismos en documentos oficiales.

Uno de estos ordena emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba (…) privarla de dinero y suministros, reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno (1).

Esta política se ha mantenido e incluso intensificado con los años. Primero el embargo económico, después la ley Torricelli que lo intensificaba y, finalizando el siglo XX, la Helms-Burton, para castigar a los empresarios de terceros pases que invierten en Cuba.

Es una estrategia condenada por el 99% de la humanidad, a la que se han opuesto incluso todos los aliados europeos de EEUU. Una política que desprestigia internacionalmente a quienes la impulsan y también a los que la apoyan.

Esto es algo que comprenden muchos disidentes en Cuba.  El economista y ex preso político, Oscar Espinoza decía hace poco que los exiliados ayudaran más si se callaran la boca y explicaba que ese extremismo hace una imagen de los cubanos en el exterior muy mala.

El opositor agrega además que nosotros lo que queremos es un proceso de reconciliación y de unión, y esto es clave para entender el desencuentro entre muchos de los opositores de Cuba y los grupos anticastristas del exilio.

El quid del asunto es que cualquier calamidad que sufra Cuba hambre, guerra, falta de medicinas o escasez de recursos financieros- repercute en todos los cubanos que viven en la isla, también en los disidentes, en sus familiares y en sus amigos.

Por eso parece lógico que, sin renunciar a sus objetivos políticos, busquen los caminos menos violentos y dolorosos para promover el cambio en Cuba. Además, son conscientes que de lo contrario les sería muy difícil conseguir apoyo popular.

La realidad de los dirigentes anticastristas del exilio es muy diferente, la mayor parte de ellos vive desde hace décadas en el extranjero y ya sacaron de la isla a sus familiares. Ellos apuestan por la confrontación y cuestionan cualquier diálogo con el gobierno.

La sabiduría popular cubana diría que, como siempre, una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero.

[1] Foreign Relations of the United Status, 1958 1960, Volume VI, Cuba, United States Government Printing Office, Washington 1991, p. 885

Publicado con la autorización de BBC Mundo.

One thought on “¿Héroes o villanos?

  • nada prodría ser más cierto

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