Visita y regreso desde el más allá

Erasmo Calzadilla

Buzo. Foto: Paul Harris

Pasaba ya los 20 años cuando me acerqué al mundo de las drogas por primera vez.  En días de fiesta en el piquete de la universidad hacíamos poninas para chispaetrén (destilado casero de alcohol con sabor a queroseno), y algún pitillo de vez en cuando que babeábamos entre muchos; era más fácil coger un catarro o un una intoxicación que un mareo.

Luego un día una amiguilla del barrio me habló de ciertos honguitos mágicos que nacen en la bosta de la vaca.  Al costado de una vaquería me estrené de cosmonauta en un vuele de baja altura, pero suficiente para dejarme con intriga.  Comencé a leer sobre el tema, y a viajar hasta lugares propicios por su hermosura y soledad para un encuentro más “serio” con ese mundo.

A pocos años de la primera experiencia solo consumía pequeñas dosis en las vacaciones de verano, pero un día vino el diablo a tentarme bajo el disfráz de un amigo.

Le contaba a este con orgullo de mis aventuras, pero mi amigo me advirtió que era poco lo que había avanzado,  “si consumes mucha más cantidad llegas a un límite donde se te para la mente y entonces es que empieza la cosa de verdad.”  El no atinaba a explicarme bien qué ocurría al otro lado de la dichosa frontera, pero el brillo en sus ojos me incitó a investigarlo por mi mismo.

Al verano siguiente tome rumbo a bucólicas praderas pinareñas bañadas de riachuelos, acopié cuanta sombrillita se me apareció en el camino y al anochecer, junto a mi novia y compañera de aventuras, al pie de un mogote increíble, devoramos el “manjar.”

Para no hacer largo el cuento, ambos llegamos a sentir que por primera vez percibíamos la Realidad tal y como era, el hongo había derretido el velo que de ordinario nos impide apreciarla en su verdadera naturaleza, era tan extraño y fascinante que temimos estar muertos, solo eso podía explicar, pensábamos aterrados, lo que estábamos viviendo.

El regreso a la cotidianidad resultó difícil y traumático.  Nuestra cultura no nos prepara para este tipo de experiencias, nada sabíamos de mística o de filosofía, ni siquiera conocíamos a ninguna persona responsable que hubiera pasado por lo mismo, solo friquis desahuciados o fantoches de místicos.

Sin tener en qué apoyarme, me atrapó durante largo tiempo la Duda con mayúscula, la duda acerca de la realidad de la realidad.  Se me instaló en la boca del estómago, sede de los miedos viscerales, y solo años después la angustia devino en cosquillita.

Hoy por hoy no se lo recomendaría ni al peor de mis enemigos.  El que tenga deseos de explorar este mundo le recomiendo que ande con extrema cautela, porque un mal viaje puede dejarte trastornado para siempre.

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.



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Estación Jordan, Ontario, Canadá. Por Joe Edwards (Canada). Camerá: teléfono móvil

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