Un juego no tan nuevo

Regina Cano

Niño Cubano.  Foto: Caridad
Niño Cubano. Foto: Caridad

Ver a mi primito de 12 años obsesionado con un nuevo tesoro que manosea a diario, despertó mi curiosidad, hasta descubrir que se trataba de un juego de cartas basadas en las historias de dibujos mangas japoneses.

Angustiado por completar el set de cartas, él reúne dinero como puede: le pide a sus padres, a sus hermanos mayores, o busca la manera de vender otras de sus cosas valiosas: sus bolas*, sus tiros de cuatro aletas*, su trompo, un papalote o alguna paloma y en ocasiones recurre al antiguo canje.

Las cartas tan ansiadas están permeadas de magia, llenas de fantásticas luces, que aunque en ocasiones brillan opacamente por el repaso constante entre las manos, recuerdan en su memoria los videos ya vistos con su movimiento y color.

Nada comparable para disparar la imaginación que los dragones de ojos rojos y azules, serpientes espinosas, magos del tiempo, guardianes, monstruos cornudos y alados, guerreros de batallas, habitantes también del agua o el aire o pertenecientes a la luz o a la sombra.

Una nueva manera de admirar la belleza unida a la “fuerza y poder”; su función fundamental; con las líneas del dibujo, ritmo y capacidades tecnológicas dados por los tiempos post modernos de la computación a estas creaciones.

Mi primito cada día  ansía que terminen sus deberes escolares, el baño, la comida, la atención que se empeñan en tener los mayores sobre él, para en algún rincón del cuarto o esquina de su cama y ansiando no ser molestado dedicar todos sus pensamientos infantiles a admirar estos dibujos y comparar la fuerza de uno y otro personaje.

Así como hacer cuenta de cuáles les faltan y cuáles serían estratégicamente recomendables comprar la próxima vez, para como en los enfrentamientos que parecen tan reales en la pantalla, hacer una contienda y determinar cual es la mejor.

Violencia callada, solo viva dentro de sí y activada a un porciento aún de quietud del sentado frente al televisor que quisiera completar, como lo evidencian los combates: ¨Ahora te acabaré con mis cartas de zombies¨ o la manera de  dialogar en ellos: ¨Muere con mi llamarada mortal¨ y ¨Tus estrellas serán mías¨ o como el niño de su aula, ese, el más admirado por todos, que tiene computadora, muchos juegos  y videos de este tipo.

Mi primito a veces parece triste y apesadumbrado. Entra y sale de la casa. Cada vez un pequeño bultito se nota en sus bolsillos o algo fácilmente calificable sale disimulado entre sus manos.

En ocasiones regresa con la mirada baja y se sienta en algún lugar con las rodillas contra el pecho y su atención está ausente, huyendo de vez en cuando por la ventana.

Y otras regresa dando brincos con un pie arriba y otro abajo, dos saltitos pie derecho, pausa, cambio, dos saltitos pie izquierdo.

Su madre grita “Albin! No brinques más, me romperás un adorno de la sala” y él tan solo mete su mano en un bolsillo y saca una carta: “Mamá lo logré, ya tengo el……” y la familia no siempre comparte su alegría.


*Bolas: Conocidas también como canicas y que rodándose por el suelo se hacen chocar entre sí.

*Tiros de cuatro aletas: Un tipo de bolas muy apreciadas.

Regina Cano

Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.



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El Cake, Granma, Cuba. Por Sandra Gayle (Canadá). Cámera: IPOD 8

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