El fin de los comedores obreros en Cuba

Osmel Almaguer

La mayoria de mis compañeros se opone a esta medida.  Photo: Caridad
La mayoria de mis compañeros se opone a esta medida. Foto: Caridad

Casi termina el año. La gente comenta que para el que viene el Estado cubano hará grandes cambios de repercusión económica y social.  No sé si sea cierto, pero sí sé que una de las medidas más polémicas es la desaparición casi general de los comedores obreros.

En ellos almorzamos los días laborables. Solo nos cuesta un peso cubano. Hay empresas en las que se come mejor que en otras. Hay personas que critican el menú. Otras se sienten satisfechas.

En el comedor de mi trabajo las condiciones son bastante buenas. Comemos en vajilla y el lugar es agradable. A diferencia de otros centros en los que he laborado, que lo hacen en bandejas de aluminio o plástico en sitios oscuros y mal pintados. La elaboración de los alimentos también es bastante buena.

El menú es usual: Arroces, frijoles, refrescos, pan o galletas, postre y un pequeño plato fuerte que consiste en algún embutido o en pollo, este último en contadas ocasiones.

La mayoría de las veces, para decidir si algo es bueno o malo, solemos compararlo. En ese sentido puedo decir que nuestro comedor está de la media hacia arriba, pero no llega a los comedores de los ministerios y las empresas mixtas.

La opinión predominante entre mis compañeros se opone a esta medida. A pesar de que van a pagar 15 pesos diarios por encima del salario. Los precios en la calle están demasiado altos.

También se habla de habilitar comedores en los que la gran masa de trabajadores gaste los quince pesos y quede satisfecha, pero eso habría que comprobarlo aún.

Los comedores obreros han sido subsidiados por el Estado hasta este momento. Y sé que esta medida trata de darle dinamismo a la economía, ahora falta que haya una oferta gastronómica que supla el servicio que desaparecerá.

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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