Análisis de viaje

Esteban Diaz

Manzanillo, Cuba.  Foto: Caridad
Manzanillo, Cuba. Foto: Caridad

Hace aproximadamente dos años atrás realice un viaje a México, más exactamente a Playa del Carmen.  Como objetivo del viaje me trace trabajar un mes en Playa del Carmen para reunir algo de dinero e ir a Chiapas, y de allí, si el tiempo y el efectivo me lo permitían, cruzar a Guatemala.

Mas allá de las dificultades que tuve para desarrollar esta aventura, como tener que trabajar trece horas por jornada, comer una vez al día y caminar bastante para conocer nuevos lugares ahorrando estrictamente con el fin de concretar los planes, lo que realmente me impacto fue el contraste gigantesco existente entre la ciudad y el campo.

Llegado a Playa del Carmen no me fue difícil conseguir trabajo, tuve suerte, ya que muchos se trasladan allí en busca del pan, en su mayoría estudiantes universitarios y campesinos aledaños como los chiapanecos.

Trabaje despachando y administrando  bebidas en una parrillada sin tener mucho tiempo para no hacer más que eso, ya que en las horas que me quedaban trabajaba realizando artesanías y el resto las utilizaba para dormir; permanecí así 25 días evidenciando en carne propia cuan glorioso es tener tiempo libre para desarrollarse como persona.

Logrando establecer buenas relaciones con los compañeros de trabajo y creciendo ciertos conflictos con el patrón, sin antes cobrar lo que se me debía, me retire con todo lo ahorrado, que no era mucho, a continuar la travesía que me dispuse a emprender.

El continuar mi vida lejos de esa realidad no borro la imagen esplendorosa de los hoteles cinco estrellas, los carros ultimo modelo, la policía privada, discotecas, el servicio y la atención hacia los afortunados y pudientes de Europa y el mundo.  Juntamente con todo esto un mercado de drogas encubiertos por bares y pizzerías instalados en un predio pequeño de la Península del Yucatán.

Allí donde confluye todo el lujo, se olvidan la otra cara de la moneda, los que se encuentran detrás de la barra de la cocina y el bar, los que limpian cuando se termina la jornada, los que luchan su titulo dentro y fuera de las universidades, los que se alejan de su gente y sus campos para enviar remesa cada quincena, los que no tienen alternativa más que seguir luchando para sobrevivir.

Pero a mi no me es fácil olvidar, donde además, un tercio de los que trabajan por centavos son menores de 14 años, niños y adolescentes que se ven obligados a dejar los estudios para llevar un pan a la casa al final de cada día.

Llegado a Chiapas evidencie el trabajo duro del campesino, desde la aurora hasta el ocaso, sin encontrar justificación para la proclama que muchos profesionales universitarios utilizan a la hora de explicar que su elevado modo de vida se debe a su desarrollo intelectual, como si fuera que los demás no contribuyeran en el desarrollo de la sociedad.

En este caso cabría preguntar: ¿Cómo financió sus estudios y como es que logró un estilo de vida tan apacible para su desarrollo intelectual?

Ya he obtenido algunas respuestas a esto, su facción fascista contesta “esto se debe a cualidades personales inmanentes,” otros más economicistas se lo imputan a su “sacrificios” personales o a esfuerzos de muchas generaciones en su familia, que no es más que la plusvalía robada a los trabajadores a lo largo de la historia de la humanidad.

Si bien hay grupos que pueden desarrollarse intelectualmente por medio de sacrificios, esto se debe a que el capital para sostener su hegemonía, necesita arte, ciencia, servicios, desarrollo tecnológico, etc. como modo de producción de la realidad, y  además, como resultado de luchas reivindicativas ganadas por las convulsiones sociales que hacen ceder al capital cualquiera de sus órganos con tal de no perder la cabeza, que ni bien logran un mínimo equilibrio de poder desbaratan lo conseguido.

Todo esto, con sus particularidades, se repite en Guatemala, y sin hacer la vista gorda, no creo que se salve ninguna parte del mundo en este conflicto que divide el trabajo intelectual del trabajo manual con su consiguiente problemática, entre conductores y conducidos, que no lleva más que a mantener el statu quo de explotados y explotadores.

Hambrunas, guerras, crimen callejero, violaciones a todos los seres humanos de diversos tipos se  seguirán repitiendo si no comenzamos a tomar en nuestras manos las riendas de la sociedad; pero esto solo será posible si contamos con una visión que abarque la totalidad de los conflictos económicos, políticos y socio-culturales en su conjunto e interrelacionados a lo largo de la historia.  Sin una tolerancia revolucionaria que construya contra hegemonía no encontraremos salida a esta crisis social.

Debemos mantener una revolución permanente que desarrolle un pensamineto critico; avanzar hacia una etapa superior debe tener en cuenta la etapa previa, estudiarla a fondo para no retroceder y desarrollará un método más cognoscible de la realidad.

El socialismo se construye, no se espera cual fruta madura.



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Estación Jordan, Ontario, Canadá. Por Joe Edwards (Canada). Camerá: teléfono móvil

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