Se puede dormir en una misma cama con intereses distintos

Por Pedro Campos

Viñales, Cuba. Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 27 feb. — Nota: El 2 de febrero pasado envié a Cartas a la redacción de Granma esta misiva, con la intención de que  formara parte del debate sobre cooperativas que allí tiene Lugar.  Han pasado tres viernes (día de la semana en que se publican las cartas) y como ésta no ha podido ser insertada, quizás por ser muchas las cartas que Granma tiene en su colchón de publicación esperando, la doy a conocer puesto que el tema lo amerita su abordaje cuanto antes.

Sigo con mucha atención lo publicado en Granma sobre cooperativas. Ver las cooperativas como “un mal necesario,” como se ha visto al trabajo por cuenta propia, para resolver problemas al estado o que el estado no puede remediar, si bien pudiera ser un paso de avance en relación con la fracasada filosofía estatista, implica peligros.

Uno de ellos puede ser que luego de una cierta estabilización, se haga con las cooperativas lo mismo que se hizo con el trabajo por cuenta propia, limitarlo hasta casi extenuarlo con impuestos, inspectores, altos precios de insumos, regulaciones, etc., “porque la gente estaba ganando mucho dinero.” Ya una vez pasó.

Acudir al cooperativismo controlado por el estado y solo ante crisis coyunturales, en rol de apagafuego, como igual se ha hecho con el trabajo por cuenta propia o el mercado en varias ocasiones, no resolverá los problemas socio-económicos, hasta tanto no se acabe de asimilar el sistema de trabajo cooperativo-autogestionario, el de los trabajadores libres asociados, como el contenido fundamental de las nuevas relaciones socialistas de producción, que deberán extenderse paulatinamente a todas las actividades productivas, de servicios y sociales; y con ellas, llegar a toda la sociedad las características colectivas, democráticas y equitativas de sus formas de propiedad, gestión y distribución, respectivamente: la autogestión socialista.

Es evidente que están aumentando las fuerzas partidarias de la socialización/democratización, de la economía, no solo en el pueblo y los trabajadores, sino también en el propio partido-gobierno-estado, ante el claro fracaso del modelo estatalista-asalariado.  Es lo que indica la misma prensa oficial, que pasó de criticar la centralización a publicar propuestas de convertir en cooperativas algunos servicios.

Dos artículos del compañero Varela Pérez sobre las UBPC, sugieren que al menos en la agricultura avanza la idea con fuerza, pues según reporta, el Ministerio de la Agricultura valora convertir las UBPC en verdaderas cooperativas, en lugar de seguir desarmándolas, sugerencia insuficiente, aunque en la dirección acertada.

Pero, “cooperativizar” lo que sea, manteniendo los controles estatales y centralizados sobre planes, dirección, gestión, utilidades, acumulación, inversiones, comercialización, transporte, etc. de las cooperativas, no sale del esquema burocrático neoestalinista, donde el cooperativismo como sistema siempre estuvo destinado al fracaso.

Algo similar pasa a las cooperativas en el capitalismo: por muy “socialistas” que sean dentro, el sistema exógeno les impone sus normas y  obstaculiza su desarrollo.  Es necesario permitir el pleno desarrollo del cooperativismo, sin controles estatales, más allá del pago de impuestos.

El trabajo asalariado del capitalismo fue sustituido en las cooperativas por el trabajo libremente asociado para resolver la contradicción entre el capital y el trabajo, pues los dueños de los medios de producción son a la vez los dueños de la fuerza de trabajo.

Cuando lo que se pretende es formar empresas que trabajen en forma cooperativa, con medios de producción y tierra que pertenecen al estado y por tanto el estado aspira a tener algún control sobre tales empresas, en verdad estamos frente a una relación de cogestión, entre el estado y los trabajadores.

Si el estado entrega en usufructo o en arriendo las tierras y los medios de producción, tendrá que seguir velando por ellos. Serían empresas cogestionadas, no cooperativas, aunque funcionen allí los principios básicos del cooperativismo: propiedad, en ese caso, usufructo colectivo, dirección y gestión democrática y repartición equitativa de utilidades.

Uno de los principios cooperativos es la voluntariedad del asociado que aporta medios de producción.  El campesino puede salir de la cooperativa con su tierra y los medios que aportó cuando lo desee.  El que trabaje en una empresa cogestionada, no.  Esa unidad, debe quedar establecido por ley, no puede ser repartida.

Ha sido un error de derecha, desmembrar UBPC para repartir tierras. Es el camino a la restauración capitalista en el campo, que quizás hayan comprendido en la dirección. El estado debe repartir las tierras ociosas que no sean de las UBPC y todas las UBPC convertirlas en empresas agrícolas cogestionadas.

Que exista este tipo de cogestión, no significa que el estado sea el que determine quien dirige la empresa cogestionada, cuáles sean sus planes, personal, costos, ventas, precios, etc.  Eso sería no salir de la tutela estatal. Aquí el papel del estado sería supervisar el buen uso de los medios y la tierra, la inversión de los créditos y ayudar con asesoramiento tecnológico y de todo tipo.

Si los medios de producción fueran entregados sin costo a la empresa, o los trabajadores los pagaran, entonces estaríamos ante una empresa autogestionada, que solo pagarían impuestos y  una renta adicional por el uso de la tierra, que toda, sea del estado o particulares, debería pagar renta, lo cual obligaría a su explotación. La ley tampoco debe permitir que este tipo de empresa sea desmembrada.

El estado deberá existir, desde luego, pero con otro formato y funciones en una sociedad donde primen las relaciones de producción libremente asociadas, que caracterizan a la cooperativa.  La administración de la economía debe dejarse a los productores y el estado dedicarse a cuestiones del desarrollo general, el control bancario, la seguridad del país, las relaciones exteriores y otras por el estilo.

Igual, habrá que interiorizar, de una vez, que capitalismo es concentración del capital y trabajo asalariado   y no mercado, dinero y propiedad, que siempre existieron y existirán por un tiempo indefinido en la nueva sociedad.  Ganas de vivir mejor, tampoco es capitalismo.  El consumismo es otra cosa.

De todas formas aunque esa concepción de cooperativas controladas por el estado es insuficiente y no resolverá los problemas del socialismo,  puede servir para empezar el camino de la socialización, abrir los ojos a quienes todavía duermen el sueño estatalista y demostrar la superioridad del modo de producción cooperativo sobre el asalariado.

Ojalá todo esto se acabe de entender y pronto el cooperativismo pueda avanzar en todas las áreas de la economía y extenderse como filosofía de vida y participación al resto de la sociedad. Después pudiera ser demasiado tarde.

Sugiero a Granma que ponga los correos electrónicos de los firmantes de las cartas, para facilitar el intercambio horizontal.


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