Robin Hood es un personaje de la Edad Media

Por Pedro Campos

Rafael Correa.  Foto: cancilleria de Ecuador
Rafael Correa. Foto: cancilleria de Ecuador

HAVANA TIMES — El gobierno del presidente ecuatoriano Rafael Correa enfrenta una difícil situación política debido a la ley que propuso al Congreso para cargar impuestos a las herencias, según una escala progresiva de 2,5 por ciento a partir de los 35 mil dólares, hasta el 47,5 por ciento a las herencias superiores a los 500 mil dólares. (Ver proyecto de Ley enviado por el Presidente a la Presidenta de la Asamblea Nacional, Oficio No. T 7212-SGJ-15-440)

Fue eliminado un segmento que llegaba a grabar hasta con el 77,50 por ciento las herencias superiores a los 840 mil dólares. Las inferiores a 35 mil dólares, según se desprende del proyecto, no pagarían impuestos.

Otro proyecto de ley asociado al anterior, relativo al impuesto a la “plusvalía”, ha sido, también, motivo de protestas. Cuando los ecuatorianos hablan de “plusvalía” no se refieren al concepto clásico marxista del aporte de los trabajadores en el proceso de producción, del cual se apropia el capitalista, sino a los valores posteriores y diferentes que adquieren los bienes, sobre todo, los bienes raíces, edificios, viviendas, solares, fincas, extensiones de tierra.

Según el Presidente, el objetivo de tales leyes no es recaudar, sino redistribuir la riqueza. Para distribuir, primero hay que tener qué distribuir, y la forma principal de conseguirlo es recaudar.

Ambos proyectos desataron una airada respuesta de las clases poseedoras altas y medias, que consideran excesivos los montos impositivos. Igual han protestado asociaciones políticas de trabajadores, indígenas y de izquierda por el excesivo papel del Ejecutivo y del Estado en general en relación con el control de las riquezas del país. Las protestas llegaron a acciones violentas en las calles y en gran escala a las redes sociales.

Téngase en cuenta que en las últimas elecciones para alcaldes, el partido del gobierno había perdido a Quito, Guayaquil y Cuenca, las tres ciudades más importantes de Ecuador, donde también hay una concentración de la clase media y de mayores ingresos y fortunas.

Según el Gobierno, solo se afectaría al 2,5 por ciento de la población. La oposición cree que los afectados serían muchos más.

La herencia, es cierto, es una de las garantías de la continuación del sistema capitalista de explotación y del mantenimiento de las grandes diferencias sociales; es una institución tan añeja como la propiedad misma y siempre ha estado en la mira de los socialistas utópicos; pero pretender un impuesto en esas cuantías, desde ese monto, es como dinamitar una de las bases fundamentales del capital grande y mediano. Parecería muy revolucionario hacerlo.

Pero ya está demostrado que la historia no puede violentarse. Los que han tratado de “acabar” con el capitalismo a ucases e imposiciones, han terminado acabados ellos mismos. Que violencia engendra violencia, se sabe. Y que hay muchas formas de ejercerla, también. Algo así no parece que pueda contribuir a nivelar la sociedad, sino a complicar su funcionamiento y a agudizar artificialmente sus contradicciones, como está ocurriendo en Ecuador ahora mismo.

No. Ese no parece ser el camino

En este contexto, el Presidente convocó a una gigantesca manifestación en el centro de Quito para buscar apoyo a su gobierno y acusó a la oposición de querer derrocar a la Revolución ciudadana, pero esto no logró aplacar la protesta. El Alcalde de Guayaquil, uno de los principales líderes de la oposición, llamó a los guayaquileños a mantenerse en las calles protestando. Señores: Ecuador está profundamente dividido y eso no es bueno para la llamada Revolución ciudadana.

Ante esa reacción, el Presidente ecuatoriano rectificó y decidió retirar temporalmente la medida y convocar a una amplia discusión nacional democrática sobre el tema, pero, sobre todo, en relación con el tipo de sociedad en que desean vivir los ecuatorianos. La oposición insiste en que la ley sea revocada totalmente.

En su discurso de rectificación señaló que los pobres no son pobres, porque lo quieran, porque sean menos capaces, sino como resultado de sociedades profundamente injustas que afectan a las personas desde su nacimiento. Y esto es una gran verdad. Pero no justifica la medida.

Siento respeto por muchas medidas del gobierno del presidente Correa, pero un partido que perdió en las últimas elecciones a las tres ciudades más importantes y que aspira a un controversial tercer mandato para su presidente, debería medir mejor las reacciones a sus políticas.

Muchos acostumbran a reaccionar en defensa de los gobiernos de izquierda, ante protestas de la oposición interna, y acuden de inmediato al expediente de la “agresión imperialista”, sin analizar sus causas concretas ni tener en cuenta que cualquiera que sea el gobierno en el poder, aun cuando tenga mayoría parlamentaria, debe gobernar para todos y no solo para determinados sectores.

Este tipo de leyes es parte de una vieja concepción de alcanzar una mejor distribución de las riquezas, partiendo de imposiciones desde arriba. Algo que ha fracasado en todas partes, que ha generado confrontaciones perjudiciales y sociedades improductivas, que cada día pierde más adeptos en la izquierda continental.

No igual, pero fue en esencia lo ocurrido en el campo socialista con su concepción de estado “obrero” distribuidor y la intención de imponer la igualdad a costa de quienes tienen fortunas. Es también lo que ha ocurrido en economías signadas por la inflación, cuando predominan estados con políticas socialdemócratas, altamente impositivas y distributivas.

Es un error de idealismo, voluntarismo e infantilismo de izquierda pretender la igualdad a partir de rebajar -por imposición- el nivel de vida de las clases altas, lo que termina fracasando más tarde o más temprano, porque agudiza innecesariamente la “lucha de clases” y pone en peligro otros avances revolucionarios más importantes.

Robin Hood es un personaje de la Edad Media

Es también lo que ha pasado de cierta forma en Cuba. Un estado paternalista que da lo que no tiene, que tiene que quitárselo a alguien y que superexplota a los que trabajan para mantener políticas populistas e igualitaristas y alimentar un enorme aparato estatal depredador del presupuesto y el erario público.

Para lograr disminuir las desigualdades sociales, de lo que se trata es de elevar las clases desposeídas, las capas desprotegidas, los que menos tienen, a niveles económicos superiores, pero no a costa de los que más tienen, sino por medio de la creación de condiciones para que los de abajo puedan mejorar su situación a través de su propio esfuerzo.

Desde luego que eso demanda capital, apoyo del Estado, recursos y financiamiento, pero, sobre todo, políticas constructivas integrales, capaces de armonizar todos los intereses de la sociedad real existente y, más que nada, disposición de los interesados en salir del fondo del caldero.

Volvemos así a aquella parábola bíblica: no se trata de dar pescado al hambriento, sino de enseñarlo a pescar.

No. El igualitarismo impuesto no es la solución

Las esencias de este tipo de políticas igualitaristas, provienen de la concepción socialdemócrata sobre el socialismo, que parte de resolver los problemas sociales con la recaudación de impuestos y encargar al Estado una mejor distribución de la riqueza.

Buscar el socialismo en la distribución, y no en la producción, fue tempranamente criticado por Carlos Marx, cuando identificó que las relaciones de distribuciones son consustanciales a las de producción y eran estas últimas la que deberían cambiar, para cambiar aquellas y no al revés.

El socialismo visto como una construcción estatal que realice una mejor distribución de las riquezas nacionales, es la vertiente socialdemócrata que se inicia a fines del siglo XIX y que floreció en Alemania después de la muerte de Marx. Está emparentada con el “socialismo de estado” de corte neoestalinista, por aquello del papel preponderante del Estado. Los estados fuertes y centralizados, acaban burocratizándose y violando los derechos de todos para mantenerse ellos.

Esa idea no es del socialismo del siglo XXI, sino de fines del XIX, principios del XX.

Al socialismo en el siglo XXI no se llegará por imposición ni desde arriba ni porque el estado sea más poseedor de la riqueza y la distribuya mejor.

Se alcanzará, porque el trabajo libre, individual o asociado, las formas de producción autogestionarias (cooperativas, mutualistas, asociativas de forma diversa) demuestren ser superiores en todos los órdenes a las asalariadas del capitalismo y se extiendan ampliamente, de manos de las nuevas tecnologías de todo tipo, del apoyo financiero a los emprendedores individuales y colectivos, de la libertad plena de los productores para producir, comprar y vender.

Y, especialmente, por la participación democrática directa, cada vez mayor, de los ciudadanos en todas las decisiones importantes, políticas y económicas, incluidas las impositivas y distributivas, y el desarrollo de los presupuestos participativos a todos los niveles, donde sean los afectados los que decidan qué hacer con el dinero recaudado.


9 thoughts on “Robin Hood es un personaje de la Edad Media

  • el 2 julio, 2015 a las 2:04 pm
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    PC, no me percaté a tiempo de tu artículo porque me parecía su título un poco banal y a no ser por un amigo que me dio un aviso al respecto es posible que todavía no le hubiera hecho el presente comentario. Pienso que tu artículo aborda dos cuestiones importantes, la primera es la polémica ley de herencias propuesta por Correa, sería saludable que este artículo sea leído por muchos ecuatorianos y fundamentalmente por el propio Correa que a nombre de la izquierda quiere gobernar a Ecuador a su imagen y semejanza. Por otro lado de una manera práctica has expresado los fundamentos del socialismo democrático que ciertamente no es lo que se imaginan una gran parte de los cubanos que tienen como referencia al respecto el “socialismo castrista”. Como he dicho en otra ocasiones todavía me espanto cuando de socialismo se trata, por lo que todo el mundo sabe, tu análisis me ha recordado que hace algún tiempo atrás, intercambiaba ideas con un socialista democrático, y entre otras cuestiones, le decía que por mi ascendencia libanesa pertenecía a la comunidad drusa y que los drusos eran identificado internacionalmente como los socialistas naturales, pero a diferencia del socialismo castrista y otros socialismo y ahora Correa según tu presente análisis, que distribuyeron las riquezas ajenas, ellos, los drusos, distribuyen una parte de su patrimonio personal, voluntariamente y dentro de sus propias comunidades, a alguien que estuviera pasando por una situación difícil hasta tanto su situación mejorara. Aquí en Brasil se desarrolló un debate intenso sobre una ley aprobada por el congreso sobre la tercerización que por un lado procuraba reglamentar algo que se venía haciendo de forma limitada y por otro lado hacer más competente y competitivo el sistema de contrataciones, acorde con el momento actual teniendo en cuenta que el sistema laboral brasilero en la décadas del 40 y 50 fue unos de los más avanzados pero actualmente es obsoleto, fundamentalmente, por su verticalidad, la mayor oposición fue de los sindicatos porque según ellos conllevaría a la pérdida de beneficios conquistados a través de largos periodos de luchas obreras, se argumentó mucho en pro y en contra, en un debate donde el moderador le preguntó a los panelistas como se están resolviendo esas cuestiones en los países del primer mundo, uno de ellos empezó a enumerar muchas variedades de contrataciones que son propias de la autogestión tantas colectivas como individuales para resolver cuestiones que de ser ejecutadas por las grandes empresas productoras y de servicios las haría ineficientes y poca competitivas. Pienso que nosotros los cubanos a pesar de los pesares y del desastre extremo que el castrismo ha sometido al sistema productivo y de contrataciones podemos lograr un modelo político\económico\social mucho más eficiente, justo y moderno que muchos países que un día fueron vanguardias en la cuestión abordada y hoy son obsoletos.

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