Pedro Campos

Dayron Robles. Foto: juventudrebelde.cu

HAVANA TIMES — Hacemos eco de un artículo de Juventud Rebelde del martes 14 de agosto, de Osviel Castro Medel, con el título “Son seres humanos”, a propósito de las injurias y críticas al estelarísimo y extra clase Dayron Robles, por no haber logrado la esperada medalla, quien había declarado momentos antes de la carrera que “estaba en desventaja porque no había competido en toda la temporada”.

Y es que algunos, en su chovinismo barato que produce el nacionalismo aberrante promovido por parte de la prensa oficial, han llegado al paroxismo de negar a estelares como Dayron Robles la posibilidad de lesionarse física o síquicamente en medio de una competencia.

El fanatismo patriotero, no tiene nada que ver con el sano orgullo por el triunfo de nuestros connacionales en estos y otros juegos, como de buen deportista y espectador es reconocer el esfuerzo y las glorias de deportistas de otras naciones, sin prejuicios políticos de por medio, toda vez que los que allí compiten, como bien dice Osviel, son seres humanos.

Y los triunfos de todos los seres humanos ante los retos de la velocidad, la altura, las distancias y la fuerza y destreza de otros, debieran ser celebrados por todos. Es edificante ver un triunfo de los cubanos, pero no debería serlo menos ver a un ciudadano cualquiera del mundo, sea del norte o del sur, negro, blanco, asiático o mestizo, implantar un record mundial, o ver como tres jamaiquinos lograron el 1,2,3 en los 100 Metros Planos.

Disfrutar el encuentro final por la medalla de oro del voleibol femenino entre Brasil y EEUU, hizo vibrar a muchos cubanos por el triunfo de las latinoamericanas brasileñas; pero no pocos que recordaban la rivalidad entre brasileñas y cubanas, se alegraban también con las excelentes jugadas defensivas de las norteñas.

Desgraciadamente, la politización que algunos pretenden con todo en la vida, incluido el deporte, ha cobrado no pocos adictos en todas partes.

Y los deportistas de EEUU no iban allí representando al Imperio, sino a su pueblo, como los deportistas cubanos no iban representando al gobierno sino al pueblo de Cuba.

El colmo de la politización absurda llegó a mis oídos cuando oí a un nacido en Cuba alegrarse de que un cubano perdiera porque “eso era mérito para el gobierno”.

Un enfoque politizado del deporte impide a las personas disfrutar del espectáculo en todo su esplendor. El “antiimperialista” que veía en el equipo masculino de baloncesto estadounidense a un representante del imperio, no habrá podido disfrutar de las extraordinarias jugadas del “dream team” y del fuera de serie, LeBron.

Por cierto la TV Cubana que tanto cubrió de estos Juegos Olímpicos no nos puso la final de baloncesto masculino entre EE.UU. y España, uno de los grandes partidos de basquetbol de todos los tiempos, según dicen. Ojalá no haya sido por “antiimperialismo”.

¿Hasta cuándo se va a conjugar el internacionalismo que profesamos con ese chovinismo que nada tiene que ver con Marx ni con Martí, para quienes la lucha contra el capital era internacional y patria era humanidad, respectivamente?

La injuria a nuestros atletas es hermana de ese chovinismo barato y del fanatismo vulgar. Desterrémoslos.

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