y pintó el edificio donde vive

Por Aurelio Pedroso (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES – En ningún lugar de este mundo ello constituye noticia. Tal vez ni siquiera un leve comentario, pero en Cuba resulta todo un acontecimiento aplaudible con fervor, que venga alguien desde el exterior y nos pinte y repare el edificio completo incluyendo ventanas, puertas de garaje y limpieza de la fosa como colofón.

Muchos años después, par de décadas al cantar del argentino Gardel, La Habana continúa mostrando esa imagen fílmica que le hizo expresar al cineasta español Pedro Almodóvar que “era hermosa, pero parecida a una ciudad bombardeada.”

No ha avanzado mucho la capital desde entonces en lo referido al mantenimiento de su belleza arquitectónica y esplendor. Falta mucha pintura y mano de obra especializada a sus inmuebles. Cuando no ha sido por una razón, ha sido por otra.  Argumentos y pretextos los hay a dos manos. De igual manera, responsabilidades a cualquier nivel.

Lo cierto es que sigue pidiendo a gritos que le den una pasadita bien seria y no como esos maquillajes de urgencia en ocasión de la visita de alguna importante personalidad, evento a realizarse o porque sea vía de obligada circulación para altos cargos de la isla.

El caso en cuestión vino de visita y le sorprendió el encierro de la Covid-19. Ni rico y mucho menos millonario, invitó a varios vecinos para “meterle caña” al edificio. Entre casi todos pusieron mano a la faena a un coste que el principal responsable se niega a revelar. Entre ellos y una brigada privada o cooperativa emprendieron la tarea con esmero y dedicación en circunstancias por todos conocida del elevado precio de un saco de cemento o un simple ladrillo por ni mencionar la pintura.

Hoy, el edificio construido en los años 50s del siglo pasado, llama la atención de cuantos transitan por el lugar y pocos conocen qué fue lo sucedido para rescatar su belleza original en poco tiempo y bajo el azote de la pandemia.

Tal y como reza ese famoso pasaje bíblico que “de todo hay en la viña del Señor.” En Miami podemos encontrarnos quienes se ofrezcan a la reparación de toda la capital cubana, así como los que se niegan a enviar un blíster de aspirina de 81 mg a amigos o familiares. Y en Cuba también, pero que no desean, que ven con malos ojos, lo uno y lo otro.

La historia de AA pudiera ser llevada al cine. La narrativa estaría en dependencia del guionista y el propio director. Tal vez en una tragicomedia.

Marchó en cuanto las condiciones lo permitieron casi después de un año de confinamiento. Se fue tan cubano como siempre. Y así regresará algún día con mejor suerte epidemiológica y nuevos empeños si los vecinos le secundan.

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