Viejas y feministas: legados y resistencias en el 8M

“Aunque algunos gobiernos han amenazado lo conseguido, las mujeres de todas las ideologías han salido a la calle para defenderlos”.

Por Nicole Mazzucchelli (El Mostrador)

HAVANA TIMES – Cada 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, visibilizando las luchas que históricamente las mujeres han desplegado por el reconocimiento de nuestros derechos, la igualdad y la participación íntegra en la sociedad. Frecuentemente, perdemos de vista que hoy gozamos de derechos que a nuestras ancestras les fueron negados y por los cuáles pelearon incansablemente.

Anna Freixas, escritora y feminista española, autora de diferentes publicaciones sobre la vejez femenina señala que, las viejas de hoy fueron pioneras de los movimientos sociales y de la lucha feminista, logrando aprobar una serie de medidas que han permitido que las mujeres nos convirtamos cada vez más en dueñas de nuestro cuerpo y sexualidad y que “aunque algunos gobiernos han amenazado lo conseguido, las mujeres de todas las ideologías han salido a la calle para defenderlos”.

Así es, como la manifestación feminista del 8M reúne todos los años a millones de mujeres de diversas edades, etnias, razas y clases sociales, que denuncian las brechas de género, la violencia machista y patriarcal y otras múltiples formas de opresión. Pero también es necesario, visibilizar las problemáticas y necesidades específicas que afectan a las mujeres en la vejez. Hecho que no es usual, pues incluso desde los estudios feministas ha sido escasa la atención puesta en este grupo. En parte, esta situación da cuenta del “viejismo” enquistado en la sociedad, entendido como un conjunto de prejuicios y estereotipos que discrimina a las personas mayores en función de su edad, catalogando la vejez como una etapa improductiva e indeseable.

Este “viejismo”, se acentúa en el caso de las mujeres al envejecer, quiénes somos caracterizadas como personas frágiles, pasivas y vulnerables. Estas representaciones también ignoran las múltiples estrategias que han desplegado en sus vidas para reivindicar su lugar marginal en la sociedad y confrontar los mandatos tradicionales de género con los que fueron educadas. Como efecto, las experiencias y saberes que las mujeres han acumulado en sus trayectorias vitales no suelen ser reconocidas, y limitamos la posibilidad de aprender de ellas, aceptar sus contribuciones sociales y nutrir desde sus logros y fracasos la lucha feminista.

Es en este contexto, que Anna Freixas en su último libro Yo Vieja: Apuntes de supervivencia para seres libres, nos ofrece pistas para superar la invisibilización de las mujeres mayores y avanzar en su reconocimiento social.  Al conversar con ella, me comenta que uno de los desafíos que tiene el movimiento feminista consiste en incorporar una perspectiva inclusiva de la vejez. Señala que “lo que nos queda es pelear por dignificar la vejez, por permitir que las viejas podamos tener unas pensiones dignas. Dignificar el trato que se tiene en la vejez, el lenguaje con el que se dirigen a nosotras, el respeto a nuestro cuerpo a nuestra libertad y a la capacidad de gestionar nuestra vida hasta el último momento”.

Los cuerpos viejos no son vistos y son marginados del espacio público, pues deseamos mantenernos en una “eterna juventud”. Rechazamos las arrugas, despreciamos la flacidez y los cambios corporales que con el paso de los años comenzamos a experimentar. Dignificar los cuerpos en la vejez, otorgarles visibilidad y reconocimiento, también se erige como un reto necesario en la lucha feminista, pues precisamente son los cuerpos en los márgenes, los que nos ofrecen nuevas formas para convivir y respetarnos en la diversidad.

También insiste en la importancia de dar una nueva interpretación a los términos “vieja/viejo”, que, en Chile, al igual que en muchos países, suele evitarse por la connotación negativa con la que se asocia, prefiriendo hablar de personas mayores. En esta línea, la autora nos invita a resignificar el uso de aquella terminología, promoviendo que “Debes darte cuenta que viejo quiere decir que estás en un momento del ciclo vital. No eres un desastre, No eres decrépito. No eres joven, eres viejo. Hay mucha gente mayor que es sabia, significativa, culta, inteligente. Es un trabajo que debemos llevar a cabo entre todas, ser capaces de reconstruir la vejez”.

Los movimientos feministas y sus diversas acciones colectivas representan una lucha de encuentro y diálogo entre distintas generaciones, que confluyen en el espacio público, cuestionando estereotipos culturales y buscando abolir la violencia estructural. Las mujeres mayores contribuyen de una manera especial a esta lucha, pues promueven un aprendizaje intergeneracional desde un patrimonio intangible como es la riqueza de sus experiencias y legados.

Para Anna, “las mujeres siempre hemos tratado de transmitir nuestros saberes a las generaciones jóvenes, para que eso les permita vivir la vida cotidiana, tener nuestro apoyo, nuestras palabras, nuestro sostén. Nuestra histórica capacidad para el cuidado nos permite dedicar ese tiempo a los saberes y los afectos”.

De esta manera, en una nueva conmemoración del 8M, resulta imprescindible poner en valor las prácticas de resistencia ejecutadas por las mujeres que nos precedieron, buscando fracturar el orden patriarcal. Siendo necesario, además, descolonizar las demandas e incluir aquellas que den cuenta de las múltiples discriminaciones que profundizan las inequidades en la vejez. Otro desafío también está en promover una reasignación de la vejez, que la acepte y valide como una etapa de la vida y deje de insistir en su repudio.

Finalmente, reivindicar los saberes cotidianos de las viejas, que, producidos desde los márgenes nos ofrecen un legado intangible en nuestras luchas actuales y nos invitan, en palabras de Anna “a saber de dónde venimos”.

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