Urnas en cautiverio

Cartel promocional oficialista del Código de las Familias. (Periódico Invasor)

Una posible victoria del No en el referéndum sobre el Código de las Familias sería también un voto de castigo al Gobierno

Por Yunior García Aguilera (14ymedio)

HAVANA TIMES – No sería ninguna sorpresa que el próximo 25 de septiembre ganara el no en el referéndum que ha lanzado el régimen sobre el Código de las Familias. Más allá del machismo que persiste en la sociedad cubana, el crecimiento de las religiones evangélicas o incluso las dudas razonables sobre la implementación de determinadas zonas del proyecto, el no será también un voto de castigo.

Tampoco podrá analizarse el desenlace de ese referéndum con los mismos patrones que se utilizan para medir otros resultados en naciones donde estos temas han sido objeto de debate. En primer lugar, porque Cuba no es una democracia. El Parlamento no es un grupo donde las distintas visiones de un país busquen contrapeso, consenso y equilibrio, sino una mascota del poder acostumbrada a cumplir órdenes, mover la cola y aplaudir como focas. Someter a las urnas los derechos de las minorías ha sido una estrategia del Partido Comunista con propósitos nada nobles.

Cualquiera que conozca un poco la historia reciente de Cuba sabe que el poder jamás ha sido un aliado de la comunidad LGBT ni un defensor de la familia, sino todo lo contrario. Y no hablo solo de las Umap o los parametrados, sino de hechos cercanos donde los activistas no solo han sido discriminados, sino que además han sufrido represión con un marcado carácter homofóbico. No hablo solo de aquellas nefastas declaraciones de Fidel Castro donde llamaba “enfermitos” a los homosexuales, sino de la permanencia de un discurso profundamente machista. Basta con escuchar el pésimo poema que un diputado leía en la Asamblea, exaltando la virilidad de su comandante, justamente cuando se debatía el Código de las Familias.

Nuestra Isla está hoy más rota que nunca. La dictadura ha tenido momentos muy oscuros a lo largo de sus más de seis décadas, pero este es el peor. Al desabastecimiento, la inflación, los apagones, las colas, se suma una persecución brutal y sostenida de cualquier disenso. Tampoco hubo antes tantas protestas como ahora, ni la amenaza constante de otro estallido social a gran escala. Cuba sufre el mayor éxodo de nuestra historia, que vacía el país a un ritmo intimidante. Nunca antes el régimen recibió un rechazo tan masivo y explícito. La nomenclatura actual es, sin dudas, el team más ineficiente e impopular desde 1959. Y eso no tiene remedio, porque la política de cuadros está diseñada para que solo escalen los mediocres, defenestrando a cualquiera que muestre un poco de luz propia.

Lo peor de todo es que si gana el no, al poder poco le importa. Dirán que se hizo lo que se pudo, que no quedó por ellos. Acusarán a la oposición de ser retrógrada, de extrema derecha, fascista, ultraconservadora. Y los derechos serán nuevamente postergados. En caso de que gane el sí, el régimen pregonará que esa respuesta significa un apoyo total a la Revolución y al Partido. Pero en el fondo harán muy poco para que las personas que realmente lo necesitan puedan beneficiarse en la práctica, porque no existe una base social ni una estructura eficiente para hacer valer esos derechos.

Es cierto que en las redes hay mucha propaganda superficial, pero comprendo perfectamente los temores de algunos sobre un asunto tan delicado como la patria potestad. También es verdad que en países democráticos existen regulaciones similares, pero no olvidemos que en Cuba hay un Partido que está por encima de la Constitución y las leyes. Ellos interpretan todo siempre a su favor y jamás han necesitado mucho la legalidad para aplastar a quien deseen. Con Código o sin él, el cubano que se convierta en un objetivo a destruir está completamente indefenso ante los sicarios del poder.

Yo he manifestado siempre mi apoyo y solidaridad con la comunidad LGBT. Defiendo su derecho a tener derechos hasta las últimas circunstancias, pero respeto la decisión que cada cual tome el próximo 25 de septiembre. Pase lo que pase, la lucha por conquistar toda la dignidad posible y por erradicar todo tipo de discriminación deberá continuar con más fuerza.

Tanta polémica ha generado el debate en torno al Código, que muy pocos se han percatado de que la dictadura volverá a las urnas en noviembre. El año pasado habían anunciado que, debido a la pandemia, extenderían el mandato de los delegados. La fecha es muy simbólica: 27 de noviembre. Pero esto es tema para otro artículo.

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