Una línea dura contra Cuba es apoyar el PCC

Por Benjamín Waddell*

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – En 2015, el presidente Barack Obama se comprometió a abrir relaciones con Cuba. Su Administración redujo las sanciones económicas, facilitó el turismo hacia la Isla y logró que fuera más fácil para los cubanoamericanos enviar dinero a sus seres queridos.

Al asumir la presidencia en 2017, Donald Trump revirtió rápidamente la histórica distensión de Obama con el Gobierno de La Habana. Primero, tensó aún más el control económico sobre la Isla al restaurar las principales bases del bloqueo económico que el presidente Kennedy inició en 1962.

Luego, restringió de manera drástica el número de viajes de estadounidenses a la Isla, mientras recortaba el flujo legal de remesas. Por último, justo antes de dejar el cargo, Trump agregó a Cuba, nuevamente, a la lista de estados patrocinadores del terrorismo.

Según el secretario de estado, Mike Pompeo, el objetivo del Gobierno de Trump era negar “al régimen de Castro los recursos que usa para oprimir a su gente en casa y contrarrestar su dañina interferencia en Venezuela y el resto del hemisferio occidental”.

A pesar de esos esfuerzos, la investigación empírica revela que cortar las relaciones con Cuba en realidad puede fortalecer el apoyo local a su Gobierno. Mi propia estadía en la isla confirma esa noción.

Y este es el por qué.

En las afueras del pueblo de Guira de Melena

Un bloque interno

De 2015 a 2017 viajé al país caribeño 5 veces. Durante mis visitas conversé con innumerables lugareños sobre el impacto de las sanciones estadounidenses.

Muchos hablaron de las consecuencias negativas que tuvo el bloqueo estadounidense en la economía nacional. Sin embargo, para mi sorpresa, los hombres y mujeres que conocí también explicaron cómo las sanciones económicas y políticas ayudaron al Partido Comunista.

Javier, un profesor de Historia de mediana edad, convertido en guía turístico, fue el primero en darme una pista de lo que parecía ser una creencia común en el Archipiélago.

Él dejó su trabajo como profesor de Historia poco después del nacimiento de su hija, porque simplemente no podía llegar a fin de mes con su salario mensual de 35 dólares. Se reinventó a regañadientes como guía turístico, lo que le permite ganar un promedio de 250 dólares al mes. No le gustaba su trabajo, pero en temas de política e historia, hablaba con convicción.

“Si Estados Unidos realmente quisiera acabar con el Partido Comunista, podrían lograrlo”, me dijo. “Todo lo que tendrían que hacer es abrir la economía. Todo se derrumbaría, porque lo que tenemos aquí es un bloqueo interno. Fidel sobrevivió todos esos años porque Estados Unidos siguió tratando de socavarlo. Sin un agresor externo, la gente hubiera cuestionado a Fidel”.

Para hacer énfasis en su punto de vista, Javier colocó su dedo índice en su sien y dijo: “Un bloqueo interno, hermano. Esa es nuestra mayor barrera. Nuestros líderes culpan a Estados Unidos de todo lo que sale mal, como el transporte deficiente, la falta de medicamentos y los trabajos mal pagados. Y no están del todo equivocados, pero también es una excusa. Cubren sus propios defectos con el bloqueo. Sin las sanciones económicas, las cosas van a cambiar. Pero si recuperan las sanciones, regresaremos a donde estábamos”.

Un tractor sovietico

Javier y yo estábamos alojados en una cooperativa agrícola en las afueras de Güira de Melena, en lo que alguna vez fue el centro de la revolución agrícola de Cuba. Pero desde 1990, cuando colapsó la antigua URSS, la producción de la zona se redujo rápidamente a medida que desaparecieron los mercados soviéticos y muchos hombres y mujeres jóvenes y sanos emigraron a los Estados Unidos.

Esa tarde, mientras caminábamos hacia el pueblo, contemplé los campos sin cultivar en su mayoría. Allí, decenas de tractores de la era soviética se encontraban óxidados.

Unos minutos después, cerca de la tienda principal, conocimos a una mujer llamada Mercedes, quien me dijo: “Cada familia en este pueblo tiene a alguien que se fue a los Estados Unidos. Y es con el dinero que envían ellos a casa que logramos sobrevivir “.

Mientras caminábamos de regreso a la cooperativa, Javier señaló unas casas nuevas de dos pisos repartidas por los vecindarios periféricos.

“Viviendas como estas son financiadas totalmente con remesas”, reveló. “Pero para conservar su propiedad se debe estar en buenos términos con el Partido”.

Una casa nueva gracias a las remesas.

También me detalló la frágil relación entre la empresa privada y el Partido Comunista. Aún así, como señaló, al final los dueños de negocios privados serán más poderosos que el propio Gobierno.

“Pero ese día solo llegará si Estados Unidos continúa revocando las sanciones”, expresó.

Su voz se ahogaba y apagaba mientras competía con un par de aviones de combate de modelo ruso, provenientes de una base de la fuerza aérea que está en las cercanías y que atravesaba el aire cálido de la noche en lo alto. Caminamos de regreso en silencio, acompañados por el sonido de la caña de azúcar sin cosechar que crujía con el movimiento del viento.

Un campo cultivado en Guira de Melena

Más tarde esa semana, me senté con él y mis estudiantes, debajo de un pequeño patio con una sola televisión para ver al Gobierno anunciar la decisión de Estados Unidos de eliminar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo. Javier lloró cuando el locutor anunció la decisión.

“Esto cambiará todo”, dijo. “Ahora el Gobierno no tendrá más excusas. Tendrán que dar paso al cambio”.

Y por un momento fugaz, la profecía emocional de Javier parecía ser cierta. El año siguiente, turistas de Estados Unidos se apresuraron a capturar tantas fotos como pudieron de lo que parecía ser el último bastión de la Guerra Fría.

Las familias cubanoamericanas que viven en los Estados Unidos, muchas de las cuales nunca habían regresado desde que se fueron, viajaron a casa para visitar a sus seres queridos.

Y alimentados por los históricos flujos de remesas y efectivo del turismo, las empresas semiprivadas comenzaron a aparecer a lo largo y ancho de la Isla. Luego, Raúl Castro anunció lo imposible, renunciaba a la presidencia para permitir la realización de elecciones.

Cuba, al parecer, había pasado a una nueva página.

La llegada de Donald Trump

La Administración Trump inmediatamente se dirigió a deshacer las progresivas políticas de Obama hacia Cuba. Restringieron los viajes y el flujo de remesas a la Isla. Sacaron a personal clave de la Embajada de Estados Unidos en La Habana y presionaron a los aliados para que dejaran de hacer negocios con el Gobierno cubano.

De repente, se sintió como si la Guerra Fría nunca hubiera terminado. Y tal como lo predijo Javier en 2015, las políticas draconianas no debilitaron al Gobierno cubano, sino que lo fortalecieron. Aislados del mercado más grande del mundo, los cubanos cotidianos como Javier y su familia se volvieron al Partido Comunista.

Y a medida que las formas alternativas de ingresos comenzaron a agotarse en Cuba, ¿quién podría culparlos?

*Benjamín Waddell es un escritor invitado

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