Una historia que se repite: el acoso

HAVANA TIMES – El tránsito de niña a adolescente suele ser complicado para muchas, sobre todo, en la etapa en que se percatan de que el cuerpo empieza a cambiar. A veces ese descubrimiento viene de la mano de otro, y no siempre de la mejor manera. Muchos hombres acosan sexualmente a las niñas que despiertan a la pubertad. 

Para la mayoría de ellos es un impulso respaldado en la testosterona y ni siquiera logran pensar en lo que hacen, en el daño psicológico que provocan.  Algunos argumentan que hay muchachitas que los sonsacan.

Ellas están experimentando cambios hormonales e intentan lidiar con eso cada una a su manera; un adulto debería tenerlo claro. No hay justificación alguna cuando se violenta a una menor.

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Era el esposo de una vecina, de la hija de una vecina amiga de mi madre. Yo tenía apenas 11 años, acababa de morir mi padre y estaba vulnerable. Cuando nos encontrábamos en la calle sentía su mirada, para mí extraña. Era como si le estuviera regalando un dulce que le gustaba mucho, y yo no le estaba ofreciendo nada.

Mi delgadez resaltaba los incipientes senos que empezaban a brotarme y yo no escatimaba esfuerzos para ocultarlos. Pero él los miraba y decía cosas, frases que al principio yo no entendía y que luego no quería entender.

Una vez pregunté a mi madre quién era ese hombre y ella me explicó, pero cuando me preguntó por qué me interesaba, no pude contarle. Esa escena se repitió muchas veces, mi madre intentando saber y yo disfrazando la respuesta verdadera. Con los años aprendí que perdí una oportunidad de sacarlo a la luz, pero era muy joven para saber por qué callaba.

Un día nos cruzamos en mi escalera, él vivía en el edificio de enfrente y me extrañó su presencia en el mío; mis nervios se dispararon. Al pasar por mi lado se me pegó mucho, casi rozándome y me dijo al oído que ya era hora de ponerme ajustadores, porque lo estaba provocando, él me iba a regalar algunos si mi mamá no me los podía comprar. 

Logré salir de aquella encerrona o él me dejó ir, no lo sé bien, pero ya no tenía ánimos de pasear; volví a la casa y me encerré.  A partir de ahí, cada vez que tenía que salir me asomaba al balcón varias veces, miraba hacia todos lados y, si lo veía, caminaba en dirección contraria, aunque el trayecto se multiplicara.

Hasta que llegó el día en que nos encontramos otra vez frente a frente, en la calle: yo iba con una amiguita y él solo me hizo un guiño, mi amiguita estaba feliz de que un hombre con los ojos tan lindos nos saludara, yo no había reparado en sus ojos azules, para mí era un adefesio.

Lo que mi amiguita no supo es que ese día cuando pasó por mi lado me pellizcó un seno. Sentí tanta vergüenza que me quedé callada al sentir su contacto y me sorprendió que lo hiciera a la vista de cualquiera, tan desfachatadamente.

Durante años estuvo acosándome en la calle, mirándome, haciendo señitas, muchas de las veces que nos vimos él iba con su esposa, pero se las arreglaba para que ella no se enterara.

Al cabo del tiempo una amiga me dice que en mi cuadra había un tipo lindo que le decía cosas y después descubrí quién era. No era solo conmigo, eso me alivió un poco, todavía no sé bien por qué; quizá dejé de sentirme tan sola, aunque en ese momento tampoco comenté lo que me sucedía.

Así pasaron los años y dejé de verlo, se habían mudado, por suerte para mí. Hasta que un día volvió a cruzarse en mi camino, iba acompañado de dos jóvenes y en seguida se me acercó; esa vez su cara no rebosaba lujuria, sino decepción: “¿Dónde están aquellas teticas tan lindas? Ella prometía mucho, pero se atrofió”, y los jóvenes empezaron a reír estrepitosamente. No sabía dónde meterme, no entendía por qué esa persona no me dejaba tranquila y no tenía valor para decirle nada.

Luego su esposa murió en un accidente, y todavía no sé si debí contarles a todos lo que él hacía o si fue bueno que ella se fuera sin saberlo.  Más nunca lo he visto. Han pasado los años, soy adulta hace rato y todavía, las pocas veces que uso ropa no tan holgada, me encorvo un poco para ocultar los senos.
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Y tú? ¿Has sufrido alguna vez violencia sexual? ¿Crees que con tu historia podrías alertar a otras personas, educarlas en la no naturalización de la violencia? Escríbemos a: [email protected] o [email protected]  



Un comentario sobre “Una historia que se repite: el acoso

  • Casi todas las niñas han tenido en su historia tipos que las acosan, y mucho peor como llevarlas a una relación sexual sin ellas querer y por supuesto sin experiencia. Esto puede ser traumático para ellas en su salud mental y física. Creo que lo deben contar a sus padres o a un familiar de total confianza para que tome medidas y los denuncie.

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Mariam, mirando al cielo, Mayabeque, Cuba.  Por Daniel Sánchez Rodríguez (Cuba.  Cámera: Nikon D3500

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