Un himno nuevo desafía al régimen cubano

Patria y Vida

Foto: Juan Suárez

Por Carlos E. García y Kathleen Connor

HAVANA TIMES – Hannah Arendt, en un famoso texto de 1963, enfatizaba que tanto el fenómeno de la revolución como el de la guerra eran inseparables del despliegue de la violencia. Hasta cierto punto, hoy en día, el caso de la Revolución Cubana no es una excepción.

Bajo un régimen autoritario de 62 años, la supresión de las libertades civiles impregna a la sociedad cubana de forma tal, que simplemente cuestionar políticas o líderes equivale a herejía.

Peticiones por reformas democráticas se topan de facto con la respuesta de tolerancia cero. Mientras tanto, las recientes protestas de artistas, músicos y disidentes parecen desencadenar nuevas señales de cambio.

En un discurso de 1960, Fidel Castro acuñó la consigna “Patria o Muerte”, refiriéndose al sacrificio último que todos los cubanos deben hacer por la Revolución ante una posible invasión militar estadounidense.

Esta trifecta de guerra-revolución-violencia ha permeado la ideología oficial del Gobierno, incluso décadas después del final de la Guerra Fría en 1991, a pesar de que la interferencia de Estados Unidos se ha limitado al embargo sostenido.

Más allá de las sanciones político-económicas externas, una batalla cultural interna, que corresponde con décadas de represión, continúa librándose en la Isla.

La reciente protesta disidente más divulgada ha venido del Movimiento San Isidro, especialmente aquellos que participaron en una huelga de hambre, en la cual se condenaba el arresto y encarcelamiento arbitrarios del rapero Denis Solís.

Después de que Solís se negó a acompañar a la policía para un interrogatorio el 9 de noviembre de 2020, fue sumariamente declarado culpable de “desacato”, lo que resultó en una sentencia penal de 8 meses de privación de libertad, en una cárcel de máxima seguridad.

Por la misma fecha, un grupo de jóvenes periodistas, artistas y activistas, más tarde conocido como 27N, se manifestó frente al Ministerio de Cultura, el 27 de noviembre de 2020. Ellos demandaban libertad de expresión y el fin de la censura.

Aunque se les concedió un diálogo inicial, sus esfuerzos fracasaron después de un altercado físico frente al ministerio dos meses después. En ese momento, el ministro de Cultura, Alpidio Alonso, agredió a uno de los manifestantes y todo el grupo fue detenido por la policía política.

Otras detenciones e interrogatorios periódicos se han perpetrado a los artistas Tania Bruguera, Luis Manuel Otero Alcántara, Camila Lobon, Carolina Barrero, al periodista Carlos Manuel Álvarez, la curadora de arte Anamely Ramos y la poetisa Katherine Bisquet.

En sintonía con la guerra cultural en curso, y en respuesta al eslogan tanatológico de Fidel Castro, surgió la canción Patria y Vida, interpretada por Yotuel Romero, Alexánder Delgado, Randy Malcom, Descemer Bueno, Maykel Castillo. (Osorbo) y Elicer Márquez.

Los intentos anteriores de criticar al Gobierno han llegado a audiencias más pequeñas, como el tema San Isidro, del cantante habanero La Crema, y los conciertos del violinista Luis Alberto Mariño, en Argentina. Sin embargo, el tema protesta actual, Patria y Vida cuenta con ganadores del Grammy Latino, tales como Delgado y Malcom del famoso grupo de reggeaton Gente de Zona, y Romero de Orishas.

Foto: Juan Suárez

El video se volvió viral con más de 2 millones de visitas en una semana, después de su lanzamiento el 16 de febrero de 2021, y ahora cuenta con más de 4 millones. Posteriormente, Romero de Orishas, junto a otros destacados escritores y artistas cubanos, fueron invitados a testificar su preocupación por la suerte del pueblo cubano ante algunos miembros del Parlamento Europeo en España.

La popularidad de Patria y Vida en las redes sociales le ha permitido llegar a un mayor número de espectadores en Cuba, que lo que han logrado anteriormente otros disidentes.

Por esa razón la canción recibe una reacción particularmente amarga del Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Granma, que reitera: ” La disyuntiva nuestra siempre será Patria o muerte “, citando las palabras de Castro en uno de sus discursos de 1960.

Este mensaje fue repetido en la Televisión Nacional de Cuba, difamando a los intérpretes de Patria y Vida como mercenarios, terroristas y peones del imperialismo yanqui. Esas etiquetas familiares que se les adjudica a los ciudadanos que se oponen abiertamente al régimen de Castro.

En suelo cubano, activistas que colgaron carteles de “Patria y Vida” han sido denunciados por turbas que, además, vandalizaron sus casas, convirtiéndolos en víctimas de una táctica de la era de la Guerra Fría: los mítines de repudio notoriamente organizados y orquestados por policías políticos vestidos de civil y partidarios fanáticos del Gobierno.

Algunas de estas manifestaciones se han filmado y circulado en las redes sociales, como en el domicilio de la activista Anyell Valdés Cruz, quien pintó “Patria y Vida”, “No más represión” y “Abajo Díaz-Canel” en la fachada de su casa.

Un ataque similar tuvo lugar en la organización prodemocrática Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), cuyo líder fue detenido, el activista de derechos humanos José Daniel Ferrer.

Los artistas que crearon el tema musical no están sorprendidos por su popularidad ni por la represalia del Gobierno cubano. El rapero Eliecer Márquez, alias El Funky, declaró en una entrevista que “esta canción va a ser un himno de libertad, un golpe durísimo para la dictadura”.

Quizás la acción que más revela el disgusto del Gobierno cubano hacia Patria y Vida, además de prohibir su título en suelo nacional, es el esfuerzo por participar en una revancha musical, con el estreno el 1ro de marzo de su propia canción, Patria o Muerte por la Vida.

Aparte de la evidente contradicción semántica de su título, Patria o Muerte por la Vida describe a los cantantes de Patria y Vida como sujetos que han vendido su alma al imperialismo con el mero propósito de hacer dinero. Los marca como “vendepatrias” y “marionetas hipócritas”. Al mismo tiempo, evoca la prolongación de la soberanía revolucionaria por “62 mil milenios”.

Cuánto tiempo el Gobierno cubano puede sostener un lema que defiende la muerte sobre la vida, es una cuestión que se decidirá en las semanas y en los meses venideros, en la medida en que más hogares lleven el letrero “Patria y Vida” y más manifestantes sean detenidos.

Foto: Juan Suárez

Históricamente, el compromiso con la muerte como inexorable a la condición de guerra perpetua es la ideología que, basada en el antagonismo entre amigo y enemigo, satura la política cubana.

En ausencia de una invasión estadounidense, el enemigo del norte debe fusionarse, extrapolarse al enemigo vernáculo para mantener el status quo belicista, creando así nuevos opuestos que reproducen la misma dinámica.

A través de esta lógica, es posible comprender por qué el régimen recurre al estado de excepción que, aunque no declarado formalmente, se utiliza para justificar la supresión de derechos constitucionales y libertades civiles ante cualquier síntoma de disidencia.

Desde esta perspectiva, toda reivindicación de libertad y democracia en la Isla es interpretada como anexionismo, es decir, como parte de una agenda elaborada en la Casa Blanca. La retórica del Gobierno, movilizada por un lenguaje que promueve el odio y la exclusión, reaparece para perpetuar la pulsión de muerte que define la Revolución.

Patria y vida propone reinsertar a todos los cubanos en un discurso de existencia común al margen de un pathos necropolítico.

Esto no solo significa la condena por la muerte de miles de ciudadanos cubanos en busca de una vida mejor, incluyendo las víctimas del hundimiento del remolcador “13 de Marzo”, los asesinados por bandas criminales en el Tapón del Darién, o los balseros que huyeron hacia los Estados Unidos y se ahogaron en el estrecho de la Florida. Además, incluye el llamado a proteger vidas presentes y futuras, al margen de un sistema totalitario.

Contraria al mantra de “Patria o muerte”, la fuerza vital de Patria y vida apela a afectos que suscitan nuevos pactos discursivos y, a su vez, propone otro lugar de enunciación de la Patria, en la cual lazos simbólicos puedan cristalizarse en una comunidad que finalmente una tanto a los cubanos de dentro como a los de fuera de la Isla.

En el corazón de este impulso por la unidad, el diagnóstico de Hannah Arendt no debe descartarse. Para evitar más violencia o sacrificios en nombre de una Revolución devenida en un reino silencioso de terror, es vital que Patria y Vida se convierta en el “himno de la libertad” que esperan Eliecer Márquez y millones de cubanos.

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