Tras el ídolo

Continuación de Salir de Cuba ¿Un sueño imposible? (retrospectiva)

Fernando Aramis

Fernando Aramis

HAVANA TIMES — Hubo un tiempo cuando el periodo especial encrudeció. Cuando aún vivía en Bayamo. Cuando no se encontraba ni una aguja de cocer. Cuando mi ciudad paso de ser un sitio alegre colmado de fiestas y arte a un lugar muerto casi fantasma.

Cuando aún no llegaba a Varadero. Cuando aún mi padre trabajaba en el centro provincial de la música. Cuando solo llegaba a la bodega el plátano macho, o fongo, como le decimos en oriente. Cuando al aceite de cocina le llamaban el desaparecido. Cuando la gente devastó el campo de marabú para cocinar. Cuando debía rogar por cuerdas para mí guitarra a algún amigo turista que estuviese de visita en mi ciudad.

Cuando aún llegaba a la Habana. Cuando en realidad la cosa se puso dura, pero dura. Aquella época en que nada era completo porque siempre faltaba algo en tu cocina. Cuando las colas eran enormes para conseguir un poco de Kerosene. Y cuando lo conseguías, entonces no tenías nada para cocinar. Y cuando tenías las dos cosas, entonces la cocina se tupía. Cuando conseguir la mínima cosa se convertía en un problema matemático sin solución, un NTS (No tiene solución). Aquellos días cuando nos decían que había que resistir.

En esa época vivía con la que por aquel tiempo era mi esposa Nadiezka Rodríguez, en dos cuartos a medios terminar en el segundo piso de mi casa. ¡Cuántas vicisitudes debimos afrontar!

Cierto día estaba sentado en el parque central de Bayamo Carlos Manuel de Céspedes descargando con la guitarra y algunos amigos, entre los cuales estaba un sobrino del trovador cubano Pablo Milanés. De repente, después de terminar de cantar una canción que a él le gustaba mucho me dijo: ¡Master! ¿Por qué no te vas a ver a Pablo en la Habana? – Dile que tú eres trovador de Bayamo y que vas de parte mía. ¡Estoy seguro que él te recibiría!

¡Ah compadre eso es imposible! Yo respondí. ¡No sé dónde vive Pablo ni como localizarlo en la Habana! Además él debe ser una persona muy ocupada como para detenerse en un trovador desconocido como yo. Pero el sobrino insistió y hasta me dio la dirección de Pablo Milanés en la Habana. La descarga terminó abruptamente cuando llegó la policía como casi siempre sucedía y nos desalojaron del parque.

¡Buenas noches! Dijeron- por favor deben retirarse, aquí no pueden estar cantando porque molestan a los vecinos.

Un lugar donde alrededor, solo habías cafeterías y museos, y no existía una casa particular a tres manzanas a la redonda. Me fui a mi casa cavilando la propuesta del sobrino del Pablo, que aunque me parecía una locura, era realmente tentadora. Comenzaron a fluir en mi cabeza miles de preguntas y sueños.

¿Y si me recibe?

¿Y si me invita a cantar con él y me presenta en un concierto como hizo con el trovador Raúl torres y Polito Ibáñez?

Fernando Aramis

Cuando llegué a casa le comenté el asunto a mi esposa y me respondió con una sonrisa.

-¿Qué tú crees? le pregunté.

Todo puede suceder… respondió ella, además yo conozco por parte de mi padre a Dagoberto Gonzáles el violinista y arreglista de Pablo, ellos son amigos y él podría ayudarnos, y mi padre ha atendido al mismo Pablo en Cuba RDA.

Algo exaltado yo le pregunté:
¿Pero cómo no me habías comentado nunca nada?

Pues nada, en unos días preparamos el viaje y nos fuimos a la Habana tras el ídolo. Ella para verlo porque era fans incondicional, y yo para tratar de que me escuchara. Por supuesto que mi familia nos ayudó con algo de dinero para el mismo. Llegamos a la Habana donde nos recibió el Padre de Nadiezka.

Al momento comprendí que quedarnos en su casa sería un infierno. Aun a estas alturas no comprendo porque me odiaba tanto. Era un señor de piel negra, de mirada recta y pocas palabras. Director del centro Cuba-RDA, una institución que hacía prótesis para los minusválidos. Es decir, que era fiel a los principios de la revolución y de seguro militante del partido comunista de Cuba. Tenía un pequeño apartamento muy cerca de la liga de la ceguera en el municipio de Marianao que compartía con su esposa. Dormimos en una colchoneta que nos preparó en el suelo de la sala de su casa.

Al día siguiente casi a las tres de la tarde nos dirigimos a la sala proyecto en el teatro Karl Marx porque sabíamos de ante mano que era donde ensayaba Pablo con su grupo. Comenzaron a llegar los músicos pero Pablo brillaba por su ausencia. Así estuvimos yendo más de una semana todos los días sin resultado. Hasta que por fin un día vi llegar un Toyota Corola y bajarse a Pablo Milanés. Inmediatamente lo abordé y le dije:

-¡Buenas tarde Pablo! Yo soy Fernando Aramis trovador de Bayamo y quisiera que usted me escuche.
Pablo muy amable respondió:

-¡Mira, yo me voy mañana para una gira a España y no puedo atenderte ahora, pero si regresas en 21 días, con gusto te atenderé!

Con esta respuesta lo único que podíamos hacer era regresar a mi pequeña ciudad y esperar esos ansiados 21 días, porque la estancia en casa de mi nombrado suegro ya era insostenible. Y así lo hicimos. Al llegar a Bayamo localicé al sobrino de Pablo que me había dado la idea y le conté los acontecimientos.

Pasado los 21 días regresamos nuevamente a la Habana, al infierno de la casa de mi suegro.
Al otro día de nuestra llegada nos levantamos muy temprano y nos dirigimos a casa de Pablo Milanés, él vivía en el reparto Siboney. Cuando nos encontrábamos buscando la dirección comenzaron a aparecer unas casas que eran mansiones. Asombrado por tanto lujo y aquel barrio tan limpio y hermoso caí en cuenta que en Cuba existían clases sociales. Definitivamente todas las familias que vivían allí eran gente de alto rango y poder. Preguntando por aquí y por allá al fin llegamos al umbral de la casa de Pablo.
Tenía un pequeño jardín rodeado por una cerca pintada de aluminio. En su puerta había un timbre como portero, algo que yo veía por primera vez. En su garaje había estaba parqueado el Toyota Corola. Todo era demasiado para mí. Antes del tocar el timbre prepararé una respuesta por si alguien contestaba. Toque el timbre portero dos veces, por donde respondió una voz:

Pablo Milanés

-¡Dígame!

-¡Buenos días! Respondí

-Si ¿Qué desea?

-¡Por favor quisiera hablar con Pablo, soy trovador y vengo de Bayamo!

-¡Pablo no se encuentra!

-¡Muchas gracias! Respondí

Me imaginé que sería la sirvienta o algo así. Regresamos como tres veces más a casa de Pablo pero sin ningún resultado.

Así que decidimos volver a la sala proyecto del Karl Marx a esperar que Pablo apareciera. Esta vez no tuvimos que esperar mucho tiempo para verlo. Me presenté de nuevo ante él y le recordé su promesa.

Recuerdo que sin pensarlo dos veces nos dio una cita para un miércoles en la mañana. No obstante al nuevo y afortunado encuentro con Pablo decidimos ir de todas maneras a Casa de Dagoberto González, el violinista de su banda. Nadiezka contacto por teléfono al violinista y él nos dio una cita. Nos recibió en su casa, creo que era en el municipio de playa. Recuerdo que fuimos muy temprano y sin desayunar. Al llegar él nos abrió y nos invitó a pasar. Era en un segundo piso su apartamento. La abuela le preparó un sándwich con jamón y queso y él nos dijo:

-¡Disculpen, voy a desayunar delante de ustedes!

Yo quedé estupefacto, esa acción para un guajiro como yo era realmente inaudita.

¡Bueno cántame algo! Él dijo mientras le daba una mordida a su sándwich.

Canté unas tres de mis canciones de esa época. Al finalizar el asombrado fue sincero conmigo.
-¡Yo pensé que lo que iba a escuchar era una mierda!, pero no, eres bueno. ¡Y a Pablo debes cantarle esos mismos temas en este orden!- Me dijo.

Nos despedimos y nos fuimos contentos, pero también decepcionados por la fea acción y arrogancia del desayuno. Recuerdo que era un lunes, y Pablo nos recibiría el miércoles de esa misma semana.

Por fin llegó el ansiado día. Amaneció con una leve llovizna. Llegamos a la fundación de Pablo Milanés nombrada “PM record” a eso de las 9:00 de la mañana. La misma que el gobierno cubano le cerró unos años después, aún me pregunto porque. Seguramente fue a causa de otro inexplicable extremismo.

Pablo llegó unos 30 minutos más tarde de nuestra llegada. Nos vio sentados en la sala de la fundación y nos hizo una seña como dando a entender que lo siguieran. Subimos a su oficina. Nos sentamos alrededor de una mesa redonda y Pablo dijo:

¡Bueno dime que quieres!

Yo le repetí mi deseo de que me escuchara y el respondió:
-¡Entonces canta!-

Comencé a cantar en el mismo orden que me había sugerido Dagoberto el violinista. Primero cante un son titulado “Átame a tus manos” al finalizar él no comento nada y solo dijo.
¡Ahora canta algo más lírico! Como mismo había predicho Dagoberto. Y cante la canción “Fidelia”. Mientras cantaba de repente se abrió la puerta de la oficina y entro una muchacha que se quedó escuchando. Al terminar ella exclamó con un tono dulce:

¡Que canción tan hermosa!

¡Muchas gracias! Respondí.

¡Te presento a Fernando Aramis, un nuevo trovador de Bayamo que ha surgido! -Ella es mi hija- Dijo Pablo.

Nos presentamos como es debido y Pablo nos invitó un café y me pidió cantara otra canción. Yo le sugerí escuchara un tema a dúo con Nadiezka y él accedió atento. Cantamos y al finalizar Pablo nos elogió nuevamente. Llegó el café yo no pude tomar la taza porque mi mano temblaba como péndulo. Nunca en mi vida había estado tan nervioso que en esos momentos.

¡Pues bien! Dijo Pablo. Anota mi número de teléfono de casa y llámame la próxima semana para vernos y preparar un concierto de presentación. Mi felicidad y la de Nadiezka se desbordaban por los poros de la piel. Aún no lo podíamos creer. Nos despedimos cordialmente. Cuando llegamos a la calle literalmente yo saltaba de alegría.

¡Ahora si Nadi ahora sí! Le decía a Nadiezka. ¡Llegó el momento! Todo había resultado fenomenal.
A la semana próxima llame a la casa de Pablo como él me había pedido y al teléfono salió su esposa Sandra. Yo le dije quién era y que deseaba hablar con Pablo. Y para mi sorpresa ella me dijo:

Fernando Aramis

¡Mucho gusto Fernando! Pablo me ha hablado muy bien de ti, me ha dicho que le ha encantado conocerte y que eres un músico excelente. Estoy ansiosa por conocerte. Yo quedé sin palabras.
Él no está pero llámalo mañana porque quiere hacer un concierto para presentarte. Todo para mí era un sueño aunque sabía que era la pura realidad. La única preocupación era la estadía en casa de mi suegro. Debíamos buscar pronto donde estar porque su cara no era la de buenos amigos. La energía en la casa realmente ya era pesada.

Yo algo desesperado intenté otras cuantas llamadas a casa de Pablo pero no tuve respuestas. Cuando logré comunicarme nuevamente salió Sandra al teléfono solo para decirme que Pablo había enfermado repentinamente y que lo habían tenido que ingresar en el Hospital del Cimeq y que probablemente estaría internado un mes. Yo le dije que lo sentía mucho y me despedí atentamente.

Ahora debía esperar por lo menos un mes en la Habana que él se recuperara para que todos los planes se dieran como lo habíamos previsto. Pero eso era realmente imposible. Hasta esos momentos no habíamos encontrado otro lugar donde quedarnos Nadiezka y yo. Y sin otra solución, contra nuestra voluntad debimos dejar la Habana y regresar a mi ciudad de Bayamo.

Al llegar toda mi familia esperaba las buenas nuevas. Contamos lo sucedido y todos felices y a la vez algo triste por el imprevisto desenlace de la historia me dieron ánimo alegando que por lo menos había conocido a Pablo y él me había dado el título de trovador. Lo llamé muchas veces desde Bayamo y por más que insistí, hasta el sol de hoy, jamás pude contactar con él. No sé cuál fue el propósito de Dios, pero como dicen que él sabe porque hace las cosas…

Estuve tan cerca. Me decía a mí mismo. Pero no me quedaba más remedio que seguir con mi vida de trovador pueblerino.

Cuando conté la historia a mi tío por parte de padre Roberto Tamayo que me había ayudado con algo dinero para mi viaje a la Habana y esperaba ansioso mi llegada para saber cómo me había ido en mi odisea, especialmente se asombró al escuchar la historia en casa del violinista Dagoberto González y la funesta acción del desayuno. Mi tío que era un guajiro sumamente dadivoso, una persona que no tenía nada de él y que todo lo compartía, me dijo con una pregunta:

¿Y esos son los artistas que tenemos?


6 thoughts on “Tras el ídolo

  • el 14 marzo, 2016 a las 2:45 pm
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    Tuve una sensación al leer tu historia, la de que seguramente PM fue sincero al nombrarte Trovador, pero a la vez tuvo celos de q pudieses competir con él. Adelante siempre Fernando

  • el 14 marzo, 2016 a las 12:00 pm
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    Gracias por el apunte…

    Un abrazo

  • el 14 marzo, 2016 a las 11:59 am
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    Gracias a ti mi herma

  • el 11 marzo, 2016 a las 3:52 am
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    Todo indica que estabas en el lugar equivocado en el momento equivocado. Lo digo porque sé de fuentes cercanas que Pablo atravesó momentos críticos en esos años, tanto por el acelerado deterioro de su salud como por los problemas que comenzó a confrontar con la burocracia criolla, debido a la forma en que encaminaba la Fundación Pablo Milanés. Uno de los puntos de conflicto del trovador con los jefes era su tendencia a beneficiar a los artistas negros y mestizos que no encontraban un chance en otros lares. Tu testimonio da fe del buen talante de Pablo para acoger a la gente menos favorecida…

    Ojo: cocer es con “S” si de aguja hablas…

  • el 9 marzo, 2016 a las 7:49 pm
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    Excelente historia, bien contada como guión de una película con puntos de giro y todo. Aunque Pablito no pudo darte el empujón al menos te dio la bendición como trovador que eso muy pocos artistas han tenido el privilegio. Espero tu próxima entrega.

  • el 9 marzo, 2016 a las 4:44 pm
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    Excelente y triste historia Fernan, sigo esperando tus publicaciones!!!

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