¿Tendremos una base de submarinos rusos?

Cincuenta y ocho años después del último intento

Por Vicente Morín Aguado

Submarino nuclear ruso. Foto de archivo: cubadebate.cu

HAVANA TIMES – Un islote en el interior de la bahía de Cienfuegos ganó, por simple similitud geográfica, el célebre nombre de Alcatraz. La geoestrategia determinó construir allí una base de submarinos, desaparecida junto a la Unión Soviética. Durante los últimos dos años, las noticias indican que la discreta celebridad de antaño pudiera regresar peligrosamente a este cayo rocoso de la costa sur cubana.

Como en un susurro, Radio Ciudad del Mar, emisora de la llamada Perla del Sur, anunció en mayo del pasado año:

“Unas 11 mil 420 viviendas ubicadas en la franja costera de la provincia de Cienfuegos y en otras zonas rurales serán reubicadas paulatinamente “por peligros, vulnerabilidades y riesgos ante fenómenos naturales provocados por el cambio climático”.

La decisión vino acompañada con argumentos científicos.  Yania González Cabrera, subdirectora de la Academia de Ciencias provincial, informó que “investigaciones a largo plazo prevén un ascenso del nivel medio del mar hacia 2050 y 2100, en 27 y 85 centímetros, respectivamente.”

Estos 27 centímetros para 30 años justifican el traslado urgente de 40 mil a 50 mil personas en medio de la crisis generalizada que hoy acompaña al urbanismo nacional. Solo el coronavirus ha detenido la acción.

Lugares sobran

Cuba, cerrando con su largura insular el mediterráneo caribeño, ofrece escenarios sobrados para desplegar submarinos. Exactamente un año después del anuncio radial, la revista Forbes publicó la fotografía de un turista, mostrando un sumergible Clase Delfín, plácidamente atracado en la bahía de La Habana.

El pequeño “tabaco”, así llaman los marineros a tales artefactos, se ha convertido en rostro visible de una aventura militar casi tan antigua como la Revolución de Fidel Castro.

Los anales se remontan a octubre de 1962, enfrentados la desaparecida Unión Soviética y los Estados Unidos, Cuba de por medio, actores de un drama con pinceladas de tragedia felizmente abortada. La historia recuerda momentos de máxima tensión cuando un B-59 ruso estuvo a punto de disparar un torpedo atómico, antes de emerger de las profundidades por la pérdida de sus reservas energéticas, cercado por naves estadounidenses.

El B-59 era parte de una flotilla de 4 submarinos, destinados a crear una base operativa en Cuba. El plan fue pospuesto, pero jamás abandonado. Resurgió a finales de los “setenta”, al llegar a la bahía de Jagua, Cienfuegos, el primero de tres navíos del tipo oceánico, Proyecto 641K, código de la URSS.

Las redes sociales han suministrado valiosa información a través de páginas web generadas por exintegrantes de las tripulaciones de estos navíos, muchos de ellos en la diáspora. Tal es el caso de Luis Domínguez y Secretos de Cuba.

Reproducimos algunos comentarios:

“Estuve en Cienfuegos e incluso efectué navegación de instrucción en uno de ellos. La verdadera historia de los submarinos y el desarrollo de esta base tenía como objetivo enmascarar la presencia de submarinos rusos en Cuba. Para ello se prepararon facilidades en Cayo Alcatraz y allí se hospedaron muchas tripulaciones de submarinos rusos. Se empleaba el remolcador Agatan para hacer los cambios de las tripulaciones. Para todos era una ventaja comer en el cayo, por la calidad de la comida que se elaboraba.”

Subrayamos las verdaderas intenciones del imperio comunista, del cual Rusia es heredero. Otro marino nos ilustra sobre lo inoperante de aquella flota nacional, cuya verdadera existencia era servirle de tapadera a la armada de la súper potencia comunista.

“Serví en una unidad de tropas especiales, ubicada detrás del hospital de la base. Desde allí se apreciaban los muelles de los submarinos. Era donde único todavía se podían comprar cigarros. Digo todo esto para que sepan que estuve en esa base, y digo con toda certeza que los submarinistas que se atrevieran a una travesía a esta hora estarían en el panteón de los mártires y el aparato en el fondo del mar. Esos tabacos tenían más años que el hambre.”

Entonces tuvimos “periodo especial”, dolarización, colonización de Venezuela, un millón de migrantes y, por último, Donald J. Trump.

Los posibles alcances de una alianza estratégica

Mientras, en el Kremlin se cocina lo que la agencia estatal de noticias RT tituló en mayo de 2015 Reunión de Raúl Castro con Vladimir Putin: Las claves de una alianza estratégica. Las aguas caribeñas van plagándose de cigarros marinos, no por pequeños inofensivos, como lo demostró un aparato de similar molde, al hundir Corea del Norte el buque Cheonan de la armada surcoreana. (Año 2010).

Los militares cubanos extendieron hasta Venezuela la tecnología casera de sus delfines acerados, según declaró a la agencia argentina Infobae un alto militar del país del Orinoco, obviamente bajo anonimato:

“Tuve la oportunidad de visitar y entrar en un minisubmarino en Cuba. Su construcción es relativamente sencilla y su empleo sería el de acercar a buzos de combate a buques que se desplacen o se encuentren fondeados cerca de la costa. Eso ocurre cuando quieran efectuar ataques con bombas lapa o con torpedos.”

Cienfuegos y Maracaibo se miran cara a cara. De La Habana, la cooperación militar pasó junto con los asesores cubanos a Caracas, bajo el soporte común del renacido imperio ruso de Vladímir Putin.

Obediente a su manejador, el presidente designado, Miguel Díaz-Canel, declaró el 29 de septiembre de 2019 la intención de mantener la “alianza histórica de la Revolución cubana con Rusia”.

El nuevo crédito militar para Cuba

La respuesta moscovita llegó el 6 de febrero de este año: “El Gobierno de Rusia aprobó un crédito de 43 millones de dólares que concederá a Cuba para el desarrollo sostenible de su sector de Defensa”, informó el viceprimer ministro ruso, Yuri Borísov.

El expansionismo del país más extenso del mundo encaja con el desespero de la Antilla mayor, dispuesta a vender su geografía en medio de una crisis financiera convertida en default.

Los economistas Mesa-Lago y Vidal Alejandro han formulado una pregunta medular, parte de un informe, escrito por encargo del Real Instituto Elcano de España: (mayo 2019)

“A Putin le encantaría reabrir la punta de lanza que tenía la URSS en Cuba en los años de la Guerra Fría frente a EE.UU., pero es virtualmente imposible que Cuba pueda financiar esta relación económica asimétrica: ¿con qué va a pagar Cuba el valor de las importaciones rusas?”

Salta a la vista el sentido real del crédito concedido este 6 de febrero. Días después, el Almirante Jefe de la marina, Nikolay Evmenov, recorrió durante una semana varios puertos cubanos. Las visitas de navíos militares rusos se suceden, y un dato especial, en octubre pasado, Moscú restableció nuevamente la basificación de Cuba para el espionaje de alta tecnología, ahora bajo el sello Glonass.

¿Repeterá la historia?

El ciclo de nuestro planeta marca un nuevo octubre. La historia pudiera repetirse si los submarinos rusos, armados con misiles portadores de cabezas nucleares, alcanzan las costas de la Isla que Fidel Castro convirtiera en territorio soviético de ultramar.

Confiemos que los estadounidenses no se dejen sorprender. Al menos Morgan Ortagus, vocera del Departamento de Estado, advirtió recientemente: “El establecimiento de una base de la Armada rusa en Cuba, con el despliegue de misiles balísticos, es una violación directa de los acuerdos entre Moscú y Washington que han estado vigentes desde el fin de la Crisis de Octubre.”

Aún vive Raúl Castro, el ahijado político de la KGB, quien durante el juicio seguido al general cubano Arnaldo Ochoa, asesinado legalmente en 1989, declaró mientras justificaba, junto a su hermano, el fusilamiento:

“Yo soy un ruso del Caribe.”

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