Regálate la independencia

No me regales más nada / no me regales más nada. / Déjame ganármelo yo. –Buena Fe

Por David Canela

Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 21 oct.  — Ser independiente es el único modo de ser digno, y un pueblo que dependa de las veleidades de un gobierno (extranjero o nacional), y no del esfuerzo de su trabajo, para satisfacer sus necesidades económicas, no puede ser un pueblo digno.

Uno de los mitos que ha tratado de arraigar el gobierno cubano es el de que la Revolución ha liberado y dignificado al hombre, cuando en realidad es todo lo contrario. Lo ha indignificado hasta el último rincón de su persona.

Abolió la prostitución y el juego público, por inmorales y porque el hombre debe labrar su propio bienestar con los frutos de su trabajo, pero ha perpetuado las condiciones de pobreza que los alimentaban, haciendo que el cubano crea hoy más en un golpe de suerte (casarse con un turista o ganarse el parlé) que en los magros frutos de su trabajo.

La indignificación ha sido a todos los niveles.

Primero: diluyó al hombre como individuo, y le hizo creer que sólo tendría valor humano y moral si se adhería a la doctrina comunista, o a la voluntad de un líder.

Foto: Caridad

Segundo: extinguió la autonomía económica de los sujetos, convirtiéndolos en dependientes de una economía abstracta y centralizada, donde son meras piezas de un engranaje nacional de cuyos resultados deriva su economía familiar.  En todas las épocas, quien tiene manda, y quien no tiene, obedece.  Como dijera Simón Rodríguez, “ten algo, porque quien nada tiene, termina vendiéndose a quien lo compre.”

Tercero: ha convertido a la educación y la salud públicas en los rehenes políticos de la sociedad civil, haciéndole creer que ante cualquier reforma política, ellas serían las primeras en perecer inmoladas.  El derecho a la educación y la salud no es un reconocimiento a la dignidad humana, sino un regalo de nuestro gobierno, y una moneda de cambio para manipular y chantajear al pueblo cubano.

El problema no es la gratuidad directa de los servicios (que ya se sabe que los fondos se derivan de la riqueza nacional), sino el carácter con que ésta se reviste: es un gesto de “buena voluntad” del gobierno, que lo da porque él es bueno y generoso, no porque sea un derecho civil.

Recuérdese el lema de que “la Universidad es para los revolucionarios.”  Esta fingida gratuidad sólo fomenta el mito del mesianismo del Estado, el cual, como un Dios, vela por la seguridad de todos sus hijos por igual, aunque a veces demore mucho en atender a sus reclamos.

Foto: Caridad

Así, deberíamos aprobar con sano júbilo, que a unos viejitos, después de haber trabajado toda su vida, se les repare una casa de vecindad que nunca soñaron con ver reconstruida, y que vieron deteriorarse durante décadas, gracias a los fondos donados por un ayuntamiento español, en colaboración con la Oficina del Historiador.

O que una viejita venezolana le agradezca a Chávez por su nueva casa regalada.  Como príncipes orientales, que succionan la riqueza de los pueblos, y en los días de fiesta lanzan monedas a una multitud efervecida, los regalos políticos siguen siendo la máscara de la demagogia, tras la cual los gobiernos escamotean la dignidad y el decoro de sus ciudadanos.  

Ni siquiera los mendigos de oficio están dispuestos a renunciar a su dignidad, pues pagan la limosna con bendiciones.  Entonces, ¿por qué deben mendigarle los cubanos a los turistas, y sobre todo, por qué deben mendigarle la riqueza que solamente ellos producen a un gobierno parásito, cuyas principales industrias son las de la ideología, la burocracia y la corrupción?

 


3 thoughts on “Regálate la independencia

  • el 12 enero, 2012 a las 11:22 am
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    En efecto, el artículo va a los que (parafraseando a alguien que no recuerdo) podríamos llamas “los mitos fundacionales del Gobierno cubano”. Aunque no en todos, en muchos países la atención médica y la enseñanza son gratuitas, esto es, regentadas por el Estado en nombre de la comunidad y pagadas al final a través de los impuestos y las rentas del Estado (que al final siempre salen del trabajo de alguien). Y es cierto que en todos ellos también hay salud y educación privada. El drama no es ese, sino que se percibe el servicio público como de peor calidad. Sin embargo, no sé cuál es la lógica tras la afirmación de que la eliminación del servicio privado mejoraría el servicio público. Además, el Estado, a través de instituciones reguladoras, dicta normas para armonizar no sólo salud y educación, sino también banca, comercio, calidad de los servicios, etc.
    Así que, otrodiferente, ya sabes, la solución a tus problemas es ir a un hospital público, que para eso están.

  • el 23 octubre, 2011 a las 1:17 pm
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    El articulo,algo interesante,ser “independiente”para mi tambien “ser libre”,me pregunto Donde??
    Pero amigo David,eso es en todas partes,los Medios de Comunicacion??es como decir …que es “tu columna vertebral”andas y caminas por ella,sino estaria “invalido”,es igual cual sistema,me acorde de el Periodico “El mercurio” en chile,y su papel en el derrocamiento de Allende…etc etc,el sistema cubano? es posible como escribe Camilo,que uno lo pague,es posible,la educacion tambien,pero,a veces te “choca”que vayas a un medico..y lo primero que te dicen “pase por la caja y pague senor”despues vuelva”…o por cada semestre tengas que pagar en una universidad!!…..es solo eso…subir a las estrellas!!..no crees??

  • el 21 octubre, 2011 a las 8:16 pm
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    La maquinaria mediatica del castrismo ha sabido crear su mitologia y hacerla creer tanto dentro como fuera de Cuba, por muy fantasticos y descabellados que sean los mitos. La idea, por ejemplo, de educacion y atencion medica gratuitas no es solo carente de logica sino tambien desvergonzadamente afirmada en la ignorancia civica de gran parte del pueblo. La creencia en un sistema que ofrece gratuidades profundiza la dependencia del individuo con respecto al estado y a la vez desincentiviza la contribucion del individuo al estado. En fin, un circulo vicioso que se sostiene en base a la ignorancia, el acomodamiento, y subsidios sovieticos o bolivarianos.

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