Referendo como voto de castigo

Con una Constitución en la cual las libertades individuales brillan por su ausencia, un Código como el que se propone es prácticamente letra muerta.

Por Francisco Acevedo

HAVANA TIMES – El domingo 25 de septiembre tendrá lugar en Cuba el referendo sobre el Código de las Familias, primera votación popular que se realiza en el país tras las revueltas que sacudieron a la nación el pasado año.

El Código es señalado como muy avanzado porque incluye normativas inclusivas y nuevas formas de entender las familias y las relaciones carnales, pero desgraciadamente llega en un momento en el cual lo menos que le importa a la mayoría de los cubanos es lo que refleje en sus artículos.

De muy poco vale un Código como ese en una Cuba en la que la familia, considerada la célula fundamental de la sociedad, es el eslabón más débil porque sus integrantes carecen de derechos fundamentales.

Un código de letra muerta

Con una Constitución en la cual las libertades individuales brillan por su ausencia, un Código como el que se propone es prácticamente letra muerta.

Suena raro hablar de familia cuando es esa precisamente la institución más afectada en los últimos 60 años por el éxodo, casi siempre voluntario, pero en la mayoría de los casos forzado, de varios de sus componentes.

Cuando es prácticamente imposible encontrar una sola familia en Cuba que tenga a todos sus elementos dentro de la isla es imposible pensar que este Código llega en un buen momento.

Nada dice en sus artículos de los derechos de quienes se ven forzados a abandonar el país y dejar atrás hijos, como no sea que lo pierden todo. Tampoco menciona a los que deben esperar ocho años para reencontrarse con sus familiares, simplemente porque dieron el paso [para quedarse] mientras estaban cumpliendo alguna misión gubernamental.

Ni hablar de quienes se han manifestado, sin importar su edad. La familia no pinta nada en esto, y un menor puede ser condenado a varios años de cárcel por expresarse públicamente en contra del gobierno y exigir libertad.

La familia tampoco es importante para quienes visten de uniforme, porque si su madre, su hermano o su hijo salen a manifestarse también merecen ser golpeados.

Tampoco se puede expresar inconformidad si uno de sus miembros no recibe la atención médica que merece porque no hay medicamentos, si sus niños no pueden dormir por los apagones, o no tienen merienda para llevar al día siguiente a la escuela.

Se habla mucho del vanguardismo de esta legislación en materia de género, pero se sabe que no es lo mismo un homosexual comunista que uno opositor. Estos últimos seguirán siendo condenados al ostracismo, como han estado por décadas.

Hay que hablar de derechos de todos

Para hablar de derechos, hay que incluirlos a todos, no quedarse en la superficie para defender los de la comunidad LGBTI etc., sino los de todos los ciudadanos.

Tiene muchas cosas positivas, nadie lo puede negar, pero aquí se trata de otra cosa, y si la población no puede ir a las urnas para decidir su futuro político, este es el momento de demostrar la inconformidad con el día a día que se vive en el país.

Lo siento mucho por el Código, pero es el momento de enviar una señal al mundo de que los cubanos están hartos de su realidad, y ahora no hay justificación para no reflejarlo públicamente.

Si el hecho de salir a las calles es un riesgo por la feroz represión desatada por la dictadura desde el icónico 11 de julio, dejar una boleta en blanco o marcar en la casilla del NO es un deber de todos los que se vieron reflejados aquel domingo, salieran o no a las calles.

El acto de votar es completamente anónimo, pero su resultado será público y notorio, a pesar de que muchos de los potenciales NO han abandonado el barco vía Nicaragua o similares.

Con todo y esa cifra notable, calculada en alrededor de medio millón de cubanos, la mayoría de ellos en edad de votar, si se toma este referendo como debe ser aunque su intención sea otra, habrá hablado realmente el pueblo cubano.

No estaría de más que alguna figura pública internacional, incluidos representantes del gobierno de Estados Unidos, alertaran a los cubanos de que un SÍ puede entenderse como un apoyo a la dictadura, y la compra de más tiempo para quienes detentan el poder en la Isla.

Claro, porque sabemos que aquí toda votación es política, y se hace alarde de unidad y de ostentar la mayoría aunque se pregunte por peras y se responda de manzanas.

Los que apoyan a la Revolución desde fuera, desde la comodidad de sus vidas en el capitalismo que consideran salvaje e inhumano pero que no abandonan, tendrían otro elemento para seguir en su defensa a ultranza, no del pueblo que sufre, sino de los dirigentes que lo gobiernan.

¿Quieres seguir viviendo como hasta ahora?

Quiéranlo o no, es otra operación de imagen, y por eso es imprescindible no confundir las cosas, porque tu voto puede ser manipulado, y lo será seguramente si es positivo, hacia algo que probablemente no sea lo que quieres realmente. Un pequeño gesto, un guiño cómplice, puede ser suficiente para otra década de ignominia.

Desde su concepción, el referendo nace herido de muerte, pues no tienen derecho a votar los cubanos residentes en el exterior, salvo aquellos que se encuentran en misiones diplomáticas o como colaboradores.

No es posible entender un referendo si no toma parte toda la población, y tan cubano soy yo como mi prima que vive en Francia. Es más, si triunfa el NO y esto trae aparejado algún cambio importante, es posible que pueda abrazarla a diario y no una vez al año como me sucede desde hace un lustro.

Por eso es imprescindible que esta votación, y cualquiera que venga en el futuro cercano, se vea con luz mucho más larga, como si la pregunta fuese siempre: ¿Quieres seguir viviendo como hasta ahora?

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