Recordando al Rey del Azúcar

Cuando Life costaba en Cuba 20 centavos de peso o dólar equivalente.

Vicente Morín Aguado

LIFE ONEHAVANA TIMES — Ayer tuve la suerte de encontrar una revista LIFE. Debí ojear con extremo cuidado sus calcinadas páginas, firmadas el 3 de noviembre de 1958. A todo color llamaba la atención France Nuyen en ropas ligeras, sin embargo pagué tres CUC (3.50 USD) por una razón más poderosa, la portada ofrecía entre sus titulares un extenso artículo dedicado a Julio Lobo, el Rey del Azúcar.

En el museo napoleónico de La Habana me familiaricé con la biografía del magnate azucarero nacido en Caracas, a quien su familia trajo a nuestra Cuba aún sin fundarse la República. Graduado de ingeniero agrónomo en Columbia-1919- alcanzó a ser el referente principal de cualquier debate sobre el dulce producto en el mundo.

Julio Lobo Olavarría controlaba en 1958 la mitad de lo que fue la primera industria cubana, orgullo nacional y parte esencial de la cultura e historia de nuestro país. Algunos datos de LIFE son elocuentes:

De los 50 millones de toneladas comercializadas en el año referente, el archipiélago antillano se alzaba con la cifra mayor: 6,4 millones, de ellos casi 6 exportados, con Estados Unidos en calidad de principal comprador (cuota asegurada de 3,3 millones), en tanto otros 2,7 iban al mercado internacional. La tercera parte de los cubanos estaban vinculados a esa agroindustria, generadora del 80 por ciento de las exportaciones nacionales.

Mucho se especulaba en torno a la inmensa fortuna de un hombre capaz de comprar y revender 350 mil toneladas sin que le temblara la mano al firmar el acuerdo, aunque lo notorio estriba en sus opiniones de reconocido experto, al abordar la realidad azucarera nacional.

En aquel noviembre del 58, con los barbudos de Fidel Castro avanzando hacia el occidente, el reconocido admirador de Napoleón acababa de ganar una batalla digna de las mejores decisiones del Gran Corso: adquirió las otrora propiedades habaneras del célebre chocolatero Milton Hershey: la refinería mayor del país, tres ingenios modernos, un puerto de azúcar a granel, el único ferrocarril eléctrico de la nación, una fábrica de aceite de maní, otra de hilandería de Sisal y 24 mil hectáreas de tierras del más alto rendimiento cañero a nivel internacional.

Julio Lobo se debatía entre el éxito y el odio: el sindicalista Eusebio Mujal lo calificaba “enemigo público número uno”, en tanto un reconocido comerciante declaraba: “No quiero saber qué pasaría en Cuba si Lobo muriera mañana.” Realmente el sagaz ingeniero agrónomo, fundador de la mayor colección bibliográfica mundial sobre la dulce gramínea, pretendía reformar el anquilosado panorama azucarero:

“Las leyes actuales están a favor de la vieja carreta de bueyes y en contra del moderno camión.” La afirmación del afortunado magnate significaba una profunda reforma, porque al modernizarse, la actividad económica más importante del país desplazaría a miles de trabajadores, lo cual requería una concepción integral del problema, difícil de pedir a colonos, obreros y, en especial, a una porción de la élite gobernante, acomodada al mercado seguro de los Estados Unidos.

Ya se ha dicho, los hechos suelen ser testarudos y terminaron dándole la razón al empecinado venezolano-cubano: otras naciones desplazaron a Cuba de su privilegiado trono en el reino de la caña de azúcar.

Julio Lobo en el museo Napoleónico.
Julio Lobo en el museo Napoleónico.

Finalmente, por decreto, los nuevos gobernantes dejaron en escasos 49 centrales a los 161 que existían cuando Life publicó su aleccionador artículo. Ahora se halan las canas tratando de reconstruir aquel inmenso potencial productivo.

Julio Lobo Olavarría (1898-1983) murió en Madrid hace 33 años, la edad del Comandante cuando entró triunfal en La Habana. Todas sus propiedades, unas 16 fábricas de azúcar y más de 400 mil hectáreas productivas, entre otros muchos activos, pasaron al estado socialista.

Ernesto Guevara de la Serna, ministro del nuevo Gobierno, invitó al reconocido experto a servirle como asesor. De la conversación queda un recuerdo anecdótico, nebuloso al paso del tiempo: Usted, señor Lobo, es un reconocido experto mundial, antes en Cuba no le tenían en cuenta y hasta lo rechazaban. ¿Y bien, si trabajo para el nuevo gobierno, cuánto me pagarán?…

La cifra, de pura lógica comunista, era irrisoria, especialmente para el ex-multimillonario, aun así el Che arrecia: Pero usted ya no tiene nada en el país, le queda, eso sí, su enorme experiencia. ¿Se da cuenta? ¡Usted está en cueros!

No se hizo esperar la drástica contesta de aquel rostro ceñudo, acostumbrado a los impredecibles vaivenes de la Bolsa de Nueva York: “Mire Comandante, en realidad, nací en cueros, moriré seguramente en cueros y por cierto, los mejores momentos de mi vida los he pasado en cueros.”

Al paso de medio siglo queda por ver si algún ropaje viene a proteger esta parte insigne del país que desapareció.

17 thoughts on “Recordando al Rey del Azúcar

  • Lo que si es cierto es que debe haber compensación: ingenios aparte, obras museables al otro lado y capital en el medio.
    Lo de la industria azucarera a muchos les faltó visión y como dicen algunos, los derivados ya estaban en la mira desde la segunda guerra. y en los 60s con el auge de la industria química con los polímeros , las resinas etc entra en consideración los derivados en su diversidad.
    Los tableros y el papel hoy por hoy son excelentes opciones por la simplificación de las instalaciones para procesarlo y por su extraordinaria eficiencia
    Con el uso de resinas que mejoran la calidad del prensado y conservación de los tableros para múltiples usos y los nuevos procedimientos en blanquear y dar mejor consistencia al papel . Son dos renglones que justificarían no haber destruido esa industria incluyendo el alcohol. Ya el uso de algunas mieles en el proceso quedarian para la ganadería como complemento en la alimentación

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