Quimioterapia en el mercado negro y sacrificios de animales en Cuba

Estos perros viven en la calle pero reciben comida y son revisados por Margarita, una de los protectores de animales de La Habana. Ella escribió y imprimió las etiquetas de identificación que además dicen: “No me mal trate”.

 

El interminable trabajo de salvar perros y gatos en las calles de La Habana

 

Por Frances Thompson 

HAVANA TIMES – Son las nueve de la noche y estoy en la calle, paseando de arriba abajo, sosteniendo a un perro. Su nombre será Percy, pero ninguno de los dos lo sabe todavía. Está gravemente enfermo con el virus del moquillo y en estado comatoso, goteando mucosidad tanto de los ojos como de la nariz. Lo había visto en el parque más pintoresco de La Habana, donde guías turísticos, carretones halados por caballos y perros callejeros compiten por la atención de los turistas.

Evidentemente, Percy estaba muy mal, y había decidido llevarlo, con un amigo, al hospital veterinario Carlos III. Lo envolvimos en una bolsa de cemento y lo trasladamos en el carrito de una bicicleta; allí le diagnosticaron moquillo y se le pronosticó una posibilidad de supervivencia de 50-50. Me dijeron que debía llevarlo de regreso a mi casa, donde podría ser atendido con cuidado, o no sobreviviría.

No fue una decisión fácil. Estaba pensando que, si él no moría por el moquillo, sucumbiría al agotamiento por el calor en mi balcón, bajo los rayos directos del sol de la tarde. Además, mi pequeño apartamento ya estaba “lleno”. El día anterior al huracán Irma había acogido un gatito junto con su hermano.

Además, mi mayor temor, además de su muerte, era que, si el perro sobrevivía, terminaría por quedármelo; la historia se repetiría, ya que había rescatado a un cachorro hambriento solo diez meses antes, mientras vivía en Sierra Leona, y lo había mantenido, pues no pude encontrar un dueño confiable.

Eso no era ideal con mi estilo de vida, que incluye cuatro meses de viajes al año, fines de semana fuera, de lunes a viernes en el trabajo, y salidas nocturnas. Además, no tengo edad suficiente para ser responsable de dos perros, pensé; solo tengo 34 años. Así que ahí estaba, sola por la noche en las calles de La Habana con un perro enfermo, contemplando lo que debía hacer.

Tomé mi decisión. Coloqué al perro sin nombre en una cama de flores, en el mismo lugar donde lo había encontrado, en el Parque Central, y dispuse que el gatito se fuera a su nuevo hogar antes de lo planeado. Al día siguiente, lo recogí y lo llevé a casa.

Al resto de los pasajeros que viajaban en el Chevrolet de la década de 1950, que ahora sirve como taxi colectivo, no parecía importarles, hasta que la nariz del perro comenzó a gotear sobre ellos. Su tratamiento, que incluyó antibióticos intravenosos, consultas e inyecciones, llegó a 50 pesos cubanos ($2 USD). Este no es mi trabajo; tengo un trabajo regular. Me siento obligada a ayudar, porque puedo. Como la mayoría de las personas, tengo la opción de ignorar el sufrimiento o intervenir. Elijo intervenir.

Esa noche, llamé a mi amiga Milene, quien vive en un pequeño estudio con varios animales rescatados. Le pregunté qué debía hacer si el perro moría. Ella me dijo que tendría que ponerlo en la basura. La imagen se quedó en mi mente, mientras me mantenía despierta toda la noche, imaginando lo que probablemente tendría que hacer antes de ir al trabajo la mañana siguiente.

Hambriento y dejado para morir. Uno de los miles de gatos en las calles de Cuba.

Bueno, el perrito negro sobrevivió. Su nombre, Percy, es la abreviatura de “perseverancia”. Y Percy es mío. Busqué, pero no pude encontrar a nadie en quien pudiera confiar para que le diera todo lo que necesitaría durante toda su vida. La historia se ha repetido.

Hay decenas, si no cientos o miles de perros y gatos que viven en las calles de Cuba. La enfermedad es endémica, en particular, las infecciones de los ojos y la piel, y las enfermedades transmitidas por garrapatas que amenazan sus vidas. Por donde quiera que camines, pasarás cerca de animales que necesitan atención médica, comida y seguridad.

Mientras escribo esto, acabo de regresar de un intento fallido de atrapar a un perro de tres patas que tiene una infección grave (es sorprendente lo rápido que puede correr un perro con tres patas). Tengo una colega que tiene más de veinte gatos; los últimos tres fueron arrojados sobre su cerca.

Otra mujer que conozco, todos los días cocina y transporta alimentos a más de cuarenta animales, mientras cuida a su madre de cien años. A veces, lleva a los gatos a su casa para esterilizarlos antes de devolverlos a la calle. Es lo mejor que se puede hacer en un país con demasiados animales y con insuficiente cantidad de personas para cuidarlos.

Lamentablemente, no hay leyes de protección animal en Cuba y las campañas en los últimos años no han tenido impacto en las decisiones gubernamentales; el bienestar animal estuvo ausente de la nueva Constitución.

Una organización benéfica, CEDA (Cubanos en Defensa de los Animales), ayuda a animales sin hogar. Dirigida por voluntarios, CEDA anuncia la existencia de hogares a través de Facebook y del correo electrónico. El trabajo de este grupo nunca acaba. Los teléfonos suenan varias veces, cada hora, con más camadas, perros hambrientos o accidentes automovilísticos. Hacen todo lo posible por organizar el tratamiento y encontrar un lugar seguro para cada caso, pero con tal demanda, no siempre es posible. El voluntario principal de la organización tiene cuarenta gatos y cinco perros propios. La situación es crítica.

Cuba no tiene un centro de bienestar animal. En cambio, el departamento gubernamental de “Zoonosis” recolecta perros callejeros. Son levantados por una pierna trasera, girados de un lado a otro, y luego arrojados a un camión antes de ser envenenados. Muchos propietarios no pueden pagar collares y correas, por lo que sus perros mascotas a veces escapan y son recogidos por la gente de Zoonosis. Si los dueños no los reclaman en el término de tres días, entonces son asesinados.

La escasa oferta de medicamentos es otro impedimento para el bienestar de los animales. Como resultado de la escasez de productos cotidianos, Cuba tiene un mercado negro próspero para muchos productos, y la mayoría son robados por empleados en sus puestos, donde son suministrados de manera legítima.

Robar en el trabajo es algo común, y los empleos más solicitados son los que permiten a las personas robar los bienes más valiosos. Usualmente compro huevos susurrándole a un hombre en la calle, en las afueras del mercado de verduras. Este corre por un callejón y regresa con una bolsa oculta.

Cuando se trata de robar, los profesionales de la Salud no son diferentes. Mi amiga Stephanie y yo habíamos rescatado a un perro después de que alguien lo había reportado con una infección ocular grave y un TVT (tumor venéreo transmisible), endémico entre los perros callejeros. Necesitaba un medicamento de quimioterapia llamado Vincristine, pero no pude encontrar ninguno.

Después de varios días de espera, recibí un mensaje de texto que decía que algunos medicamentos de ese tipo estaban siendo vendidos y fui a comprarlo de una pareja de ancianos en unas calles secundarias de La Habana. Estaban cortos de efectivo y esperaban recibir el costo de seis CUC. Les di diez y me fui con dos viales de quimioterapia obtenidos en el mercado negro.

Uno de los muchos perros necesitados de un hogar temporal o permanente. Su condición de piel se cura facilmente con el tratamiento adecuado y CEDA pagará el costo. Ella quedará en la calle hasta que se le encuentra un hogar.

Cuando otra amiga necesitó, para su perro, un medicamento que solo estaba disponible por receta médica, su empleada doméstica fue al médico y fingió la enfermedad. Funcionó.

El equipo médico básico también son inalcanzable. Las jeringas son hervidas y reutilizadas. Además, me han dicho que a veces los equipos de rayos X son robados para que las piezas puedan ser trituradas y vendidas. Cuando Percy necesitó una radiografía, el veterinario me aconsejó que fuera al hospital para humanos. Perplejo, le pregunté si también aceptaban animales. Él se rió y respondió: “¿No tienes amigos médicos que puedan ayudarte?”.

Recientemente, Stephanie encontró cinco cachorros recién nacidos en el paseo marítimo. Aún húmedos después de nacer, habían sobrevivido durante toda una noche dentro de una bolsa de plástico. El paseo marítimo suele estar lleno de cadáveres de pollos, que son sacrificados, en gran número, por personas seguidoras de la religión de santería.

Encuentras a esos pollos en bolsas plásticas esparcidas sobre las rocas o tumbados bajo los árboles, contra los que han sido lanzados como parte de un ritual. No pocas veces encontrarás el cadáver de una cabra, y he oído hablar del avistamiento de perros decapitados. Las bolsas de cachorros o gatitos que resultan de embarazos no deseados son hallazgos ocasionales, aunque generalmente no están vivos.

Stephanie se las arregló para mantener a los cinco cachorros alimentados durante las 24 horas del día de varias jornadas, y estimulando los intestinos con un paño húmedo, antes de dejarlos al cuidado de un estudiante de Veterinaria de último año, que trató de dárselos a una perra recién parida que había perdido a sus propios cachorros. Escuchamos que trágicamente los cinco cachorros habían muerto en 24 horas.

La esterilización a menudo se considera innecesaria (porque “el perro no será lo suficientemente hombre”) o es demasiado costosa. Además, hay escasez de anestésicos, lo que significa que la mayoría de los veterinarios no pueden hacerlo. Para aquellos que pueden, algunos cobran tan poco como 50 pesos ($ 2 USD), sin embargo, en un país donde el salario promedio es de menos de $20 dólares al mes, es inasequible para muchos.

Un perro macho no esterilizado tiene una vida útil considerablemente más baja que la de uno esterilizado, porque es mas probable que entre en peleas o cruce de caminos por impulso. Gracias a organizaciones como la canadiense Proyecto Spanky, que recientemente logró la hazaña de esterilizar a más de 500 animales en una semana, existe la posibilidad de reducir el crecimiento exponencial de las poblaciones de animales.

Como en muchas partes del mundo, ayudar a los animales en Cuba es como nadar contra la corriente. En su mayoría es solo desgarrador, frustrante y agotador. Hace poco perdí un perro maravilloso que habíamos traído en el peor estado posible de inanición y enfermedad. Sin embargo, el perro en la casa de mi vecino está atado las 24 horas del día, durante toda la semana, a una cadena corta. Él nunca está libre del pequeño espacio en el que vive. Le he suplicado a sus dueños, pero ¿qué se puede hacer en un país sin leyes de bienestar animal?

Si puede ofrecerle hogar de manera temporal o permanente a un perro o a un gato, comuníquese con CEDA, que actualmente trabaja con cientos de animales que necesitan desesperadamente de cobija. Todos los costos médicos y de alimentos son cubiertos por CEDA. http://cedacuba.org  / https://www.facebook.com/CeDACuba/ +53 52416966

Si a usted le gustaría donar  medicina o dinero para ayudar a los animales cubanos, puede hacerlo a través de CEDA.(http://cedacuba.org/dona.html) or the Spanky Project (www.spankyproject.org).

One thought on “Quimioterapia en el mercado negro y sacrificios de animales en Cuba

  • Gracias France, por esta crónica desgarradora y sobre todo por la voluntad de cambiar lo que hace mucho tiempo debe ser cambiado, y radicalmente. La visión de los extranjeros sobre el estado general de los animales en Cuba es la mirada civilizada que se espanta ante la barbarie, nos recuerda el horror que se ha vuelto costumbre y que NO estamos condenados a aceptar pasivamente, como se nos ha inculcado con respecto a toda la destrucción que padecemos día a día. Tenemos que aliarnos, tenemos que tender puentes como ya está ocurriendo entre personas sensibles que se niegan a resignarse, tenemos que unirnos dejando a un lado suspicacias, divisiones políticas, religiosas o de cualquier otra índole, y decirle al Gobierno que tenemos el derecho pleno de transformar esta realidad asfixiante, penosa e inaceptable, que los animales nacidos en Cuba tienen el derecho a una vida digna e incluso a una muerte lo menos dolorosa posible.

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