¿Por qué la crítica en defensa de Cuba?

A raíz de la actual polémica sobre el disenso dentro de la universidad cubana, una investigadora va más allá y analiza los riesgos de eliminar la crítica en el contexto actual

Por Gisela Arandia Covarrubias  (IPS) 

¿Por qué es indispensable la crítica? Porque solo desde ella es posible corregir los errores propios de los seres humanos, se pregunta y responde la destacada activista e investigadora, Gisela Arandia.  Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

HAVANA TIMES – A propósito del debate en las redes, acerca de la valía de la crítica en la sociedad cubana de hoy, sería pertinente recordar la función de la crítica como un elemento decisivo para proteger la Revolución. Su función es insustituible, porque genera contradicciones dialécticas que permiten adentrarse socialmente en temas difíciles que suelen estar al margen del orden establecido.

La crítica está destinada a convertirse en un llamado de alerta y, sobre todo, en un mecanismo para incentivar la polémica de temas caracterizados por discrepancias, incluso por opiniones antagónicas, desde donde salen a flote conflictos que muchas veces transitan en los bordes, más allá de lo visible cotidiano. Por esa razón correré el riesgo de repetir definiciones ya conocidas, pero que pueden aportar enfoques provocadores para hacer de la crítica un ejercicio político indispensable:

Crítica, palabra de origen griego, significa, discernir, analizar, separar.  Es la reacción o la opinión personal y está relacionada con la palabra criterio. [ ] Toda crítica social implica una idea de la felicidad o desarrollo humano, junto a una idea de deber ser: de cómo una sociedad debería organizarse o sus miembros y deberían comportarse a fin de lograr esa felicidad o desarrollo del potencial humano. [1]

Lamentablemente, la reciente medida propuesta al profesorado universitario rechaza la presencia de la diversidad de criterios como parte de las teorías revolucionarias más avanzadas, particularmente en la época del imperialismo recurrente.

Paradójicamente, ese enfoque intenta disolver aquellos análisis críticos que la generación más joven necesita, porque no vivió los daños del capitalismo y ahora deberán construir un discurso crítico de mayor complejidad capaz de enfrentar los desafíos futuros.

En este contexto, el discurso crítico representa una vía para la evolución de un pensamiento plenamente revolucionario. La propuesta de ordeno y mando, legado de lo que he llamado en el libro Población afrodescendiente cubana actual, [2] el estalinismo sin Stalin, como mecanismo social demostró ya su incapacidad para encontrar las soluciones adecuadas y construir una democracia participativa para la emancipación social.

¿Por qué es indispensable la crítica? Porque solo desde ella es posible corregir los errores propios de los seres humanos. Quienes asumen su derecho, parten del legado político de que la Revolución puede ser mejor cada día. Si existe en este punto alguna convergencia entre los “enemigos” históricos y actuales de la Revolución, eso significa una fortaleza ideológica resultado de la propia propuesta libertaria y no debe ser considerado como un estigma.

Negar la existencia de errores a través de la crítica indispensable sería un acto de oportunismo y falta del conocimiento elemental del cual se nutren las diferentes variables de la teoría marxista, unas más cercanas a la realidad cubana que otras, pero siempre desde la vigencia de la crítica como esencia del ideal de que un mundo mejor es posible.

En el momento actual de inmensas dificultades para el proyecto revolucionario que intenta sobrevivir a impedimentos con una participación popular no de 100 por ciento, pero sí de un consenso mayoritario, se presenta un escenario en el que algunas personas con cargo de servidores públicos les resultan difíciles aceptar opiniones críticas y tratan de justificar determinados procedimientos.

Aunque también sucede que las contra-críticas tampoco cumplen su función social, pues la participación suele quedar restringida a un grupo muy reducido de personas, lo cual limita la posibilidad de crear una masa crítica que pueda incidir en la aparición de nuevas mentalidades para profundizar en el paradigma de justicia social, como asunto estratégico del proyecto que comenzó en 1959.

El tradicional argumento de que solo el enemigo promueve desacuerdos forma parte hoy de un escenario ideológico mucho más complejizado que hace sesenta años.  La presencia de coincidencias con otros discursos culturales, en cuanto a enfoques y métodos represivos no significa necesariamente estar en contra de la Revolución. Esa realidad forma parte de lo que la teoría marxista denominó unidad y lucha de contrarios y se trata de procesos sociales que muestran la urgencia permanente de la crítica social, precisamente para salvaguardar al proyecto de liberación nacional.

En la lejana fecha de los años 1970´s el escritor cubano Lisandro Otero en su novela El Árbol de la vida [3] abordó la incapacidad del proyecto revolucionario para lidiar con un pensamiento en el cual la diversidad de criterios se presenta como un crimen ideológico. Comenta también la dificultad de determinados enfoques políticos para establecer diferencias entre la crítica revolucionaria y el programa de quienes están contra ella, fue una reflexión temprana que anunciaba el costo político de esa incomprensión.

Medio siglo después de la publicación de esa obra literaria, el impacto de algunos momentos de acciones represivas desde la UMAP, [4] hasta la conga reciente, sin olvidar al llamado Quinquenio gris [5], parece seguir deambulando como un fenómeno enquistado, en un punto de vista que favorece medidas autoritarias en lugar del diálogo público.

En la actualidad se advierte la urgencia de alcanzar un consenso político dentro de determinadas categorías institucionales en espacios que parecen estimular ocasionalmente enfoques y acciones represivas, que, en mi opinión, comprometen el afianzamiento mismo del proyecto revolucionario cubano.

Se trata de propuestas incongruentes en las que no se percibe la lucidez del ideario de una nación para todos [6] y otros análisis como las críticas controversiales del marxista George Lukács, [7] de lo que él llamaba las posibilidades del socialismo… Desde mi modesto punto de vista, el ejercicio de la crítica debe formar parte del quehacer revolucionario permanente y debe estar acompañada de la población desde sus diferentes sectores sociales. Para que esta práctica se convierta en un enfoque cotidiano, la crítica necesita gozar de buena salud y no solamente como una aparición coyuntural ante determinados problemas, debe estar respaldada, además, por mecanismos participativos que contribuyan al mejoramiento social.

 

Notas

[1]  Diccionario Wikipedia.  Categorías: Ciencia política | Crítica | Filosofía | Psicología

[2]  Población afrodescendiente cubana actual, Gisela Arandia Covarrubias, Instituto cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y UNFPA, Fondo de Naciones Unidas para la Población, 2012

[3]  Lisandro Otero, escritor y periodista cubano autor de la novela El árbol de la vida Novela, que obtuvo el Premio de la Crítica de Cuba, 1994.

[4]  UMAP, Unidades Militares de Ayuda a la Producción, que existieron en Cuba de 1965  a 1968, a donde fueron castigados grupos de personas, en su mayoría jóvenes, que de acuerdo con una perspectiva de ese momento no tenían el comportamiento adecuado.

[5]  El Quinquenio Gris, período de los años 1970´s, en el que fue realizado un  proceso llamado de “parametración”, que excluía artistas y obras consideradas, en ese momento, como producción cultural que no reflejaba el punto de vista revolucionario.

[6] Una nación para todos, José Martí.

[7]  Georg Lukács, La interpretación del marxismo que hace Lukács cuestiona el determinismo económico e incorpora la dialéctica a la dimensión de la subjetividad. Criticó al estalinismo por subordinar la estrategia a la táctica y la teoría a la práctica e imponer el dominio de la burocracia.

 

 

2 comentarios sobre “¿Por qué la crítica en defensa de Cuba?

  • La Crítica, Que criticamos, a quienes criticamos, es cierto que tenemos un gobierno mandado y controlado por militares, donde las órdenes se cumple y no se discuten, de esta forma han gobernado este país por 60 años, ellos no llegaron al poder por decisión del pueblo, es un gobierno que pone al presidente a dedo, y como dijo Raúl si lo haces bien puedes gobernar una segunda bes y después te retira a cuidar los nietos, esperas que se escuchen critica, si todo está bien.

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  • La Revolución se hizo en el 59 y fue un proceso necesario. A la hora de ejercer la crítica, supongo que hay que ser autocrítico, por lo menos los dirigentes deben serlo, si no, de qué crítica hablamos. La vieja retótica hunde y echa por tierra toda renovación. Esto es un hecho. No se puede construir sobre escombros.

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