¿Podría el Gobierno cubano resolver la crisis del país sin democracia?

Por Osmel Ramírez Álvarez

Sombrillas. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – La crisis que vive el país es demasiado aguda para ser superada con cambios cosméticos. El camino que han trazado desde la cúpula comunista es “la continuidad”, con los cambios mínimos necesarios para adaptar la situación al relevo histórico. Y la reacción ha sido inmediata, el pueblo huye en masa, emigrando, pues no tiene ni pizca de confianza en mejorías a corto o mediano plazo.

Cuba debe cambiar con urgencia, pero el Gobierno sigue ciego, sin reconocer la situación real del país ni el fracaso de su política. Ante este escenario no tienen un solo camino como simulan obstinadamente, sino al menos tres:

1) Continuar por el camino continuista hasta que la crisis derive en el caos social y que para contenerlo deban acudir a la violencia contra el pueblo, lo cual deteriorará aún más los valores y las posibilidades de una salida constructiva.

2) Promover urgentemente una apertura al sector privado nacional, semejante a la de China y Viet Nam, lo cual tendría un efecto dinamizador en la economía, en las inversiones extranjeras y en el desarrollo de las fuerzas productivas.

3) Promover cambios, tanto en lo económico como en lo político, hacia una democracia con economía mixta.

La primera es la opción SUICIDA y APÁTRIDA, a  la que gráficamente describiría como el  “síndrome del bulterre”: una reacción virulenta que sufren algunos políticos, o grupos políticos, de aferrarse al poder cual presa en las fauces del violento perro peleador, famoso por morder y no soltar. Es la misma reacción de Machado después del 29, de Maduro hoy, de Ortega y tantos más. Exactamente la que está en marcha con la nueva Constitución conservadora.

Statue. Foto: Juan Suárez

La segunda opción es constructiva solo en el terreno económico; injusta y contraproducente en lo político, y ambigua en lo social, con logros importantes como hasta hoy, a manera de “canje de derechos”. Porque implica mantener la falta de derechos humanos fundamentales sin los cuales es imposible la justicia y la dignidad humana plenas.

Sin embargo, podría ser positiva a largo plazo en el contexto cubano y llevaría obligatoriamente hacia la democratización paulatina de nuestra sociedad, porque un logro conllevaría y reclamaría el otro, que puede ser empujado por el empoderamiento de sectores hoy recluidos que inevitablemente se imbricarán en la política, dígase trabajadores y emprendedores. También  obligaría a la reconciliación nacional.

La tercera opción es la que, a mi pensar, Cuba plenamente necesita, pero implicaría un patriotismo, altruismo y desprendimiento del poder que ni por asomo vemos hoy en los dirigentes del Partido Comunista. Un ente político usurpador de la soberanía de nuestro pueblo desde el artículo 5 de la Constitución actual e igualmente en la nueva.

El próximo 24F, en vez de votar por la Constitución continuista y conservadora deberíamos votar en referendo para decidir por una de estas tres opciones. Así sí sería un proceso verdaderamente justo y democrático. Igualmente, nada se lograría con el injusto monopolio mediático del Partido Comunista, con el que el pueblo solo recibe la campaña por el voto oficialista. Se impone ahora y siempre dar la misma oportunidad de debate y propaganda a los partidarios de todas las opciones de voto.

Sin lugar a dudas la historia fuese otra y la primera opción, que hoy nos impone el Partido Comunista, sería la menos votada. Auguraría, sin temor, que obtendrían menos de un 20%. Y con respecto a la tercera opción, dependería de la habilidad política y comunicativa de los que la defendemos, de nuestra capacidad para superar las secuelas de seis décadas de manipulación respecto a la democracia y al pluripartidismo. De la capacidad de no asustar al pueblo con odios y radicalismos.

Foto: Juan Suárez

El pueblo necesita democracia, pero le teme a la vez en su subconsciente y por eso es proclive a ser asustado y remanipulado. Normalmente los cubanos no entienden qué cosa es vivir en democracia hasta que salen y lo comprueban en el extranjero. Es un pueblo muy dañado, pero es nuestro pueblo y tenemos el deber de ayudarlo.

Sin embargo, la resolución oficial es absolutamente antidemocrática y por eso impondrán la primera opción como hasta ahora, de lo cual la nueva Constitución es su expresión más elocuente. Y lo hacen bajo las condiciones autoritarias de poder, de hegemonía política, económica y social, aun en medio del fracaso. Y es presumible que, con los mecanismos de represión y control social intactos y activos, el SÍ salga triunfante, aunque hunda más al país.

Es el camino escogido por el Gobierno cubano y la suerte está echada. Pudiendo elegir un camino democrático y justo escogen la CONTINUIDAD, que equivale a seguir empantanados en la pobreza, en la emigración y en la violación de derechos humanos elementales e imprescindibles para la dignidad y el desarrollo del pueblo.

Por eso YO VOTO NO. ¡Valga mi voto lo que valga!

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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3 thoughts on “¿Podría el Gobierno cubano resolver la crisis del país sin democracia?

  • Es muy eficiente y preocupante el análisis de Osmel. Esa adicción que puede desarrollar el ser humano por el poder está destruyendo a varias naciones de Latinoamérica. Además de los enumerados, creo que existe un cuarto camino, el de los acontecimientos que nadie es capaz de pronosticar. Sigo deseando una Cuba mejor.

  • ¿La democracia a la que se aspira es únicamente una “partidocracia”? Eso supone el mismo deterioro, más menos acelerado en dependencia de los que siempre han dominado los capitales, los que están ahora, que son los mismos que estuvieron antes y los mismos y únicos que se considera que prevalecerán. No es alternativa para un cambio real, la partidocracia está dotada de un porcentaje total de mafiocracia, de delincuencia al más alto nivel, del auténtico crimen. Ante las alternativas planteadas:

    1) Lo pueden hacer, seguir tal y como va la situación, que es en cierto sentido un “acelerón” programado por las élites del poder a nivel internacional para llegar al punto de degradación proyectado. No hay mayor problema ante una posible violencia social, los mismos que ostentan el capital tomarán lo posible y lo ubicarán totalmente en paraísos fiscales, volverán cuando sea necesario volver, mientras tanto los ciudadanos que se queden tendrán que asumir y buscar subsistir al descontrol: formas de organización social realmente(fuera del sistema), probadas, no existen, esas se construyen tras años y años, aquí no han existido conscientemente(claro, en el subconsciente existen, no se les reconoce ni se han implementado de manera prolongada, aunque existen).

    2) Abrir la puerta para los capitales extranjeros con fachada nacional, vía prestanombres, lo cual supone la llegada de las transnacionales que emplean los mismos métodos de despojo y devastación en todo lugar donde se paran, en clara colusión con los gobiernos huéspedes, es la ruta del despojo, el paso de la pobreza a la miseria.

    3) No hay contemplación en estos ladrones. Es el todo por el todo, lo de menos son las formas, no son relevantes. Los cambios políticos son determinados por el corporativo conformado por banqueros, que son los dueños de las transnacionales; organismos internacionales, que son empleados de los primeros; y gobiernos nacionales, que también conforman la nómina de empleados de los que históricamente han impreso los billetes.

  • Excelente análisis Osmel con el cual coincido completamente. Gracias por este post.

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