Otro elogio al silencio

Maykel Paneque

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Tocan a la puerta y abro. El vecino enseña el Granma, y la otra mano asoma una caneca de ron. Pasa feliz como si tramara algo y me pregunta si puedo enchufar el ventilador. Estamos en pleno agosto aunque sea abril, dice, y vierte ron en dos vasos.

Vamos a celebrar por vivir del teatro y ríe, y vengo a entenderlo cuando abre el periódico y apunta al trabajo que debo leer. Se trata del comentario “El teatro y la vida”, del periodista Yasel Toledo Garnache. Se refiere a “personas que andan por la vida como en una obra de teatro”. Algunas de estas personas, dice Garnache, “casi nunca son sinceros, hacen daño y en las reuniones suelen «cuchichear» ciertas «gracias» al de al lado, pero jamás alzan la mano”.

Oculto tras el vidrio del vaso, el vecino ahoga una risa y dice “lee y bebe, esto hay que tragárselo con alcohol de bodega, no hay otra forma”. Esos cubanos tan teatrales, insiste Garnache, se valen de anónimos, simulan ser valientes y parecen traer una cuchilla en la lengua, a quienes es mejor darle la espalda porque tienen debilidad por señalar, ver lo negativo e hiperbolizar, “cuando lo más importante es hacer y aportar a favor de los colectivos”. Y cierra el comentario: “criticar es una actitud favorable para todos cuando pretende ayudar y empujar hacia el bien individual y colectivo, no destruir ni herir sensibilidades o algo más”. Entonces sí tengo que darme otro golpe de ron, esta vez doble.

¿No te parece que hablan de mí y de tantos que conocemos?, dice el vecino, y me pide que ponga el ventilador fijo para los dos, que parece estar apagado. ¿No te parece curioso que Garnache, siendo periodista, no se pregunté por qué esas personas, entre las que incluyo, no se atreven jamás a alzar la mano en las reuniones? ¿No sabrá que si la alzamos lo más seguro es que nos quedemos sin mano con qué llevar la comida a la boca? Y lo mismo pasaría si abrimos la boca. Si usamos anónimos, ¿no estaremos protegiendo algún órgano vital?, dice el vecino, vierte más ron en los vasos y propone un brindis: por el silencio, porque hable el silencio y no quede manco.

“Las deficiencias y otros aspectos mejorables se deben asumir con valor y conciencia, sin pretextos ni máscaras”. Hay que “caminar hacia la eterna superación. Es preciso que nadie la «coja» contra el emisor, sino contra el problema”, así caminaremos recto hacia la eterna superación, pregona Garnache. ¿Habrá querido decir hacia la eterna depresión?, pregunta el vecino y apura otro trago. No disfrutamos “transmitir malas sensaciones al colectivo con expresiones y aptitudes pesimistas”, Garnache, queremos hablar y poder decir lo que pensamos sin que nos cueste un ojo, una pierna o un brazo. Teatro del Absurdo es también levantar todas las manos en una asamblea para aprobar algo en lo que no creemos.

Carnicería. Foto: Juan Suárez

Es fácil escribir sobre la vida teatral que asumimos muchos cubanos. Es fácil incluso decir que los boteros son estafadores, que hay que obligarlos a bajar el precio del pasaje. Es fácil decir que los vendedores de los agromercados alteran  el precio de los productos y un largo etcétera. Lo difícil, y eso debería saberlo Garnache, es escribir señalamientos sinceros al director de la puesta en escena y sus asistentes (sabemos quiénes son) y que lo publiquen en el Granma, si antes no dejan afásico o sin empleo al periodista, como ha sucedido a tantos. Las verdades incómodas irritan, aunque las anuncien palabras de amor.

Supongamos que con honestidad y valor usted, Garnache, desea alzar la mano, no usar anónimos y sentarse a escribir sobre el ministro o el gerente tal que “explotó”, y desea exponer “objetivamente” los motivos del explote, ¿Granma  publicaría su trabajo? No. ¿Podría publicar un reportaje que revele las estadísticas de por qué tantos instructores de arte, médicos y deportistas desertaban de Venezuela? Resumiendo: ¿podría publicar algo que “dañe” la imagen que han construido con tanto esmero los medios de información sobre la Revolución Cubana? No. Y sabe bien por qué. Por el dicho: juegue con la cadena, no con el mono, ¿verdad?

Usted sabe perfectamente por qué destituyeron al anterior ministro de Cultura, Julián González Toledo, ¿podría publicarlo aun deseándolo? Como periodista, ¿no cree que los cubanos debemos estar mejor informados para hablar con propiedad en vez de difundir rumores o verdades comprobadas que anuncian otras plataformas de información? ¿Cree de veras que puede sobornarse al silencio prolongadamente, Garnache?

Al menos el teatro es sutil y valiente cuando se lo propone y lanza a escena verdades incómodas que los de arriba no quieren oír. Con razón su amigo le pide que ponga nombres y apellidos. Y con razón usted se niega a darlos. Se necesita coraje, y mucho, para ser coherente y cumplir con el deber de informar o no simplemente desinformar. Más fácil es ampararse en no dar armas al enemigo, un enemigo que de tanto verlo desde afuera renunciamos a creer que lo tenemos dentro.



3 comentarios sobre “Otro elogio al silencio

  • me quito el sombrero : en forma y contenido, uno de los mejores artículos que he leído aquí !! Asi es como es : claro y raspao !

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  • la obra de teatro cubana comienza en el comité central, con su director general que además hace las veces de productor ejecutivo, diseñador de vestuario, musicalizador, luminotécnico, decide desde la hora de abrir las cortinas, el guión, la temperatura del aire acondicionado o la calefacción de ser necesario hasta donde se tiene que sentar cada cual… sus más cercanos colaboradores son meros coordinadores, solo tienen que indicar cuándo aplaudir, cuando reír, cuando callar, cuando ir al baño, como sentarse, con quien ir o no y bueno, sacar del teatro al descontento, al que tose mucho, al que no fue bien vestido, al que no quiere entender la obra… y sus coordinadores son desechables, el público es desechable y la obra se puede modificar cuantas veces el magnánimo director quiera…. si el público se resistiera ir al teatro o a sentarse o aplaudir o a consentir, ese dia, en un abrir y cerrar de ojos, se acaba la obra.

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  • !Genial! y miil veces !Genial. Estos son los artículos (y periodistas) que necesita este libelo cubano con más frecuencia y no tanto: ingenuo con autobombo artístico y perenne fustración ante la -posible- exclusión social; comunismo de la post guerra con cuentos de seudo rebeldes para no dormir o diletantes con experiencias sexi-eróticas; como hacen algunos(as) “articulistas” por aquí; personas que redactan bastante bien -no se puede negar- pero no carecen del talento (o la instrucción profesional) de una buena creación periodística y no un medio para exponer las tonterías de turno que le vienen a la cabeza. Y miren que no he dicho nombres; pero seguro que ya les han identificado. No obstante, decir que, también, hay otros(as) con los que hay que quitarse el sombrero: más modestos(as), más impersonales, más preocupados(as) por el género humano, por su pueblo o los absurdos que, a diario, ocurren en esa bella isla que nos vió caer y que hoy sufre.

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