Ortega-Murillo es el virus

Por Manuel Sandoval Cruz*

Una valla de Daniel Ortega y Rosario Murillo destruida en abril 2018. Foto: Carlos Herrera

HAVANA TIMES – La historia de Nicaragua nos ha enseñado que existen realidades exógenas de la voluntad de un gobierno que afectan si no se toman las medidas necesarias, aun aquellas que parezcan drásticas. Lo demostró el terremoto de Managua de 1972 durante la dictadura de Somoza Debayle; el huracán Mitch con Arnoldo Alemán, ahora la pandemia del Covid-19 bajo la dictadura Ortega-Murillo.

Pero la Nicaragua de hoy se encuentra sumida en el dolor que provoca la muerte, el exilio, la cárcel; el dolor de la polarización que vivimos en un país donde las fracturas son muchas y los puntos de coincidencia se alejan cada vez más.

Es la Nicaragua de “archipiélagos inconexos” que metafóricamente llama el doctor Alejandro Serrano Caldera. La Nicaragua de las expresiones como “armaño” en las visitas de la militancia orteguista que como misioneros llegan a los barrios a hablar de la pandemia sin ninguna medida de protección.

Nicaragua será el foco de la región mientras no se tomen las medidas necesarias para frenar el Covid-19. El silencio de la tiranía solo puede compararse al silencio dentro del nazismo y el crimen del Holocausto; al silencio del crimen organizado cuando planea un crimen y, aunque todos los sicarios lo saben, nadie lo dice. Es vergonzoso que el presidente Bukele exprese preocupación por Nicaragua ante la irresponsabilidad del Carmen.

Ortega-Murillo es la parte más peligrosa del virus. Es la máxima expresión de la criminalidad contemporánea en Nicaragua. Son tan maquiavélicos que promueven focos de contaminación masiva con las actividades por todo el país, pareciera que quisieran disminuir la militancia y “desaparecer” las pruebas del paramilitarismo en los asesinatos cometidos desde el 19 de abril del 2018.

Con estos llamados a marchar en “Amor en tiempos del Coronavirus” no demuestran ningún respeto por la ínfima militancia que les queda, no respetan la vida, porque ayer como hoy, enemigos de la vida son.

Pero, así como los virus pasan de un cuerpo a otro y los síntomas son los mismos con la diferencia que puede ser más mortal en uno que en el otro, lo nocivo del Carmen (el bunker de la familia presidencial) no solo queda en el gobierno, se extrapola al sector privado y comparten la irresponsabilidad porque para ambos tienen por prioridad la economía.

Con estas complicidades logramos entender que nadie llama a quedar en casa, y que no se promueve el cierre de colegios ni otras medidas de distanciamiento social.

Únicamente la Conferencia Episcopal de Nicaragua ha tomado en serio el asunto de la pandemia. Ni siquiera la oposición ha hecho eco tan grande contra el Covid-19. Nos ha paralizado a todos en el temor, la incertidumbre y la desinformación. Se nos ha negado el derecho a saber cuántos casos reales hay. El silencio del Carmen es la negación de esta pandemia que ha golpeado a muchos países con muertes que solo en un filme de terror pudiera darse.

En Nicaragua el pueblo está solo frente a esta realidad. La mejor prevención será el autocuidado y tomar las medidas que ya sabemos. El sistema de salud no cuenta con los fondos necesarios para contener la pandemia. La reducción al presupuesto de salud en 2019 y 2020 anticipó la poca importancia que la dictadura le da a la salud de los nicaragüenses. Ni los recursos ni la seriedad para responder al Covid-19 hay en el gobierno, peor aún, ni la voluntad. 

Si esa actitud no cambia, no imagino las consecuencias de tal irresponsabilidad en la región. Parece que vivimos en un mundo paralelo y que Rosario Murillo cree proteger al país con los pocos “Arboles de la vida” que quedan. Como dijo el fallecido poeta Ernesto Cardenal: “El país entero gobernado por una loca”.

*El autor es articulista nicaragüense.



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Silueta, Holetown, Barbados.  Por Darric Taylor (Barbados).  Cámara: Samsung Galaxy S8

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