“No eres tú, soy yo” -Cuba

Breve historia de la relación entre Cuba y Estados Unidos

Por Remysell Salas*

Historia de Estados Unidos and Cuba
Historia de Estados Unidos and Cuba

HAVANA TIMES – Si no entendemos el papel de los Estados Unidos de América al romper los lazos entre estas dos naciones, podemos estar condenados a repetir los mismos errores. Más recientemente, el electo presidente republicano de los Estados Unidos, Donald Trump, declaró públicamente que modificará los recientes acuerdos y anulará los años de progresiva colaboración que fueron establecidos por la Administración Obama.

La relación entre Cuba y Estados Unidos puede cambiar de “hagámoslo funcionar” a “es complicado”. Sin embargo, las dos naciones merecen algo mejor.

La resiliencia y la dedicación de Cuba por la independencia de su pueblo y de su país es lo que la hace extraordinario en su historia; sus movimientos revolucionarios desencadenaron una generación de activistas que cambió la faz de la tierra, demostrando que un súper poder “invencible” podría ser puesto de rodillas en nombre de la libertad.

Castro y su regimen han estado lejos de ser perfectos, persiguiendo a miles de cubanos y a menudo renunciando a sus raíces revolucionarias. Sin embargo, el orgullo de su pueblo y su influencia en las artes, la música (como el son), la política y la justicia social (líderes como el gobernador Justo Salas y el general Antonio Maceo que lucharon por la identidad y el bienestar de los afrocubanos) es algo que, de ninguna manera, se puede medir. Los cubanos tienen mucho que ofrecer al mundo, y merecen algo mucho mejor que tener una relación pseudo-colonial con los Estados Unidos.

La relación entre Cuba y los Estados Unidos es como una larga y complicada historia de amor.

Esta se da mucho antes de que las dos naciones reclamaran su propia independencia. En el siglo XVIII la relación se definió, principalmente, por intereses económicos compartidos, con la colonia española de Cuba que estaba siendo muy próspera a través del comercio de tabaco y azúcar con las colonias de los Estados Unidos. Sin embargo, durante los dos siglos siguientes, esta se agrió, y los dos países comenzaron a pelearse entre sí sobre los recursos y las diferencias políticas.

Parte de la tensión surgió del hecho de que el trato era mucho más unilateral, de manera que parecía beneficiar enormemente al poder del norte. El desequilibrio comenzó casi inmediatamente después de que las colonias estadounidenses ganaran su independencia de Gran Bretaña, aunque inicialmente parecía ser prometedor.

Las recién independientes colonias estadounidenses ayudaron a Cuba a obtener su propia independencia de España en la guerra hispano- cubana- americana. Los Estados Unidos también firmaron el Tratado de París que se aseguró de mantener a los españoles fuera de Cuba y del hemisferio occidental. Sin embargo, esto fue solo poco después de que la intervención estadounidense ocupara a Cuba y al Caribe.

Pronto la Isla se abrió a las instituciones financieras estadounidenses y desarrolló un mercado inmobiliario floreciente, mientras que muchos ciudadanos de los Estados Unidos comenzaron a comprar grandes franjas de tierra cubana para una industria turística en ciernes, para corporaciones y para controlar el mercado de las viviendas.

De manera lamentable, Cuba había luchado por su independencia solo para ser subyugada por otra nación. Aunque el comercio con los Estados Unidos le permitió ser uno de los países más prósperos del Caribe, le interesaba cada vez más liberarse que mantener una relación potencialmente rentable, pero inequitativa con los Estados Unidos. Las ansias de libertad dieron lugar a muchos activistas políticos, así como grupos estudiantiles para luchar y cambiar el alcance del Caribe para siempre.

Por ejemplo, un joven Fidel Castro y otros estudiantes de la Universidad de La Habana protestaron contra el régimen del expresidente cubano Ramón Grau, además se unieron al Comité Universitario para la Independencia de Puerto Rico y al Comité para la Democracia en la República Dominicana.

El capitalismo estadounidense se convirtió en la cuña de lo que en alguna ocasión fue una relación prometedora, y muchos cubanos sentían que ya no podían permitir que los extranjeros controlaran sus tierras y tomasen sus recursos. Para Cuba era como si el que una vez fue un vecino amigo hubiera entrado en su casa y comenzaba a demandar el alquiler.

Ilustración by Yasser Castellanos
Ilustración by Yasser Castellanos

Así, el imperialismo estadounidense dio lugar directamente a la Revolución Cubana. Los cubanos habían decidido derrocar al presidente cubano Fulgencio Batista y retirar el dominio norteño de su país. Después de muchos años intentando que funcionara, Cuba decidió poner fin a su relación con los Estados Unidos de América.

En 1959 la Revolución Cubana llevó a la sustitución del gobierno autoritario del presidente Batista, a través de una revuelta armada dirigida por el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro y sus aliados. Poco después Estados Unidos impusieron un embargo a las exportaciones cubanas, resultando en una relación antagónica entre los dos países con efectos duraderos sobre la economía de la Isla.

Después de décadas de hostilidad, en 2015 el presidente estadounidense Barack Obama alivió aspectos del embargo cubano para mejorar la relación entre las dos naciones. A diferencia de generaciones de ciudadanos estadounidenses ante que ellos, hoy en día muchos tienen la oportunidad de viajar legalmente a Cuba. Esta política de la Administración Obama ha sido elogiada por muchos en la comunidad cubana tanto internacionalmente como en la Isla. Lo que ha sido minimizado en la historia es el propio papel de Estados Unidos en dañar esta relación.

Y eso nos lleva a la pregunta de hoy, cuando Donald Trump se prepara para hablar en lugar de Obama: ¿cuál será el próximo capítulo para las relaciones entre estos dos países vecinos?

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*Lector de Havana Times

17 thoughts on ““No eres tú, soy yo” -Cuba

  • HOLA, José María. Sea válida una acotación. No todos compartimos la misma ideología ni las mismas proyecciones políticas. esas opciones son propias de cada individuo y dignas de respeto. La cosa cambia cuando existe daño a nuestro proyecto social u obstaculización del desarrollo del país. La nación, como he dicho otras veces, NO está acéfala y las leyes están vigentes. Ellas no constituyen un ruego, sino un mandato de obligatorio cumplimiento, como en todos los países-.
    Sin embargo, aunque las proyecciones políticas difieran, por encima está nuestra cubnanía. Sin importar ideología, son comunes para nosostros la idosincracia, las costumbres, el idioma, nuestra manera de decir, las tradiciones, la dieta, la psicología y hasta la forma de caminar. Entonces no hay cubanos de aquí o de donde sea. Sencillamente somos CUBANOS, aunqueno todos sean buenos.

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