Nicaragua: Organizar la resistencia pacífica ciudadana

Los presos políticos excarcelados se han sumado a los piquetes y protestas exprés en contra de la dictadura de Daniel Ortega, a pesar del hostigamiento de policías y paramilitares. Carlos Herrera | Confidencial

No se trata de realizar acciones violentas, sino todas aquellas que permite la ley, como el derecho a protestar, organizarse, movilizarse y expresarse

Por Guillermo Cortés Domínguez  (Confidencial)

HAVANA TIMES – He escuchado planteamientos acerca de que la población debe organizarse para que su oposición a la dictadura tenga un buen tendido electoral durante los comicios del 2021, lo cual me parece bien intencionado, como si hubiera seguridad de que habrá elecciones libres, algo sobre lo que no hay ninguna certeza y más bien, por el contrario, existen de sobra evidencias que indican que no será posible.

El orteguismo-murillismo está demasiado desacreditado por la matanza del 2018 y toda la terrible y dramática oleada represiva que se mantiene en Nicaragua donde vivimos como en un país ocupado por un ejército invasor, con Estado de sitio y ley marcial de hecho.

La represión está alcanzando niveles inauditos, esta vez enfocada en la iglesia Católica, víctima del atentado terrorista que incendió la capilla de La sangre de Cristo, quizá la imagen que inspira mayor respeto y devoción a los católicos y a otros cristianos, en un hecho que solo puede ser producto de la irracionalidad, pues le ha causado un daño estratégico a la dictadura, pero que aún no se manifiesta en hechos concretos. Horas después fue asesinado a golpes Noel Hernández, de 24 años, opositor y devoto religioso a cargo del cuidado de la virgen de Monserrat en La Concha, Masaya.

El mal manejo de la pandemia del Covid-19 ha terminado de ponerle la tapa a la botella, pues la irresponsable indolencia del Estado es culpable de la muerte de cientos de personas contagiadas por el virus, que con un gobierno actuando como sugiere la Organización Mundial de la Salud (OMS, pudieron haber sobrevivido.

Dictadura no quiere aflojar el poder

Sólo en las inauditas encuestas amañadas de M&R es posible que la dictadura gane las elecciones, y la cúpula Ortega-Murillo lo sabe, por eso desatiende los exhortos de la Organización de Estados Americanos (OEA) para reformar las leyes y establecer un sistema electoral que garantice unos comicios libres y transparentes en los que se cuenten de verdad los votos y resulte electa el partido, coalición o persona que haya sido favorecida por la voluntad popular.

Si se sabe que la dictadura no quiere aflojar el poder y que lo perderá hasta que la sociedad se lo arrebate, si sabemos que no es posible una salida electoral y que tampoco la solución es la presión internacional, quizá sería mejor que la organización fuera para reactivar la resistencia pacífica de la ciudadanía.

¡Sólo el pueblo salva al pueblo! dice una muy realista consigna que le escuché decir por primera vez a la lideresa campesina doña Francisca, y que lleva implícito lo que debería ser el principio fundamental de la lucha contra el orteguismo. Ser coherente con “Sólo el pueblo salva al pueblo” es confiar en el poder descomunal de una ciudadanía organizada y empoderada.

Es una tarea impostergable reactivar la resistencia pacífica organizada de la ciudadanía, ajustada a la situación altamente represiva que vivimos, con una capacidad organizativa, de planificación y de evasión y elusión del actuar irrespetuoso y violento de la Policía, sus fuerzas especiales, los paramilitares y los grupos de choque de la dictadura.

Acciones pacíficas que permita la ley

No se trata de ir a la guerra o de realizar acciones violentas, sino todas aquellas que permite la ley, como el derecho a protestar, a organizarse, movilizarse y expresarse desde un enfoque de cómo burlar a los agentes represivos que impiden a la población un verdadero ejercicio ciudadano.

La reactivación de la resistencia pacífica para que la ciudadanía recupere sus derechos conculcados por la dictadura no es posible con voluntarismo o espontaneísmo, requiere de un alto nivel organizativo y de una planificación impecable que garantice la realización de acciones cívicas al mismo tiempo que preserve la seguridad de las personas participantes, sobre todo jóvenes ágiles y disciplinados con mucho amor a Nicaragua.

Organizarse para fines electorales sería una pérdida de tiempo. Organizarse para reactivar la resistencia pacífica ciudadana, es el único camino a la victoria. Las presiones internacionales solo son complementarias. Esta organización no es para violentar las leyes, sino para que la población recupere sus derechos constitucionales.

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