Nicaragua en la agenda internacional tras fraude electoral

Foto: Confidencial

Por Raúl K. Bautista

HAVANA TIMES – “Hay que sacar a la dictadura Ortega-Murillo del poder,” dijo una diputada costarricense el 8 de noviembre, un día después de la farsa electoral llevada a cabo por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, abrazando así el sentir de la mayoría del pueblo nicaragüense y sentando la pauta que deben seguir las naciones democráticas del continente.

El llamado de 13 diputados costarricenses, en la Asamblea Legislativa, en repudio a un proceso electoral sin respeto a los estándares mínimos para elecciones libres, justas y transparentes, instaba a otras naciones latinoamericanas a alzar su voz para la liberación inmediata de los presos políticos, pero también demandaba que la lucha por la democracia fuera asumida por toda la región y por los organismos multilaterales.

Esta acción de solidaridad con el pueblo de Nicaragua, con “un pueblo hermano”, como dijeron los legisladores costarricenses, confirma y consolida el actuar coordinado de la comunidad internacional. Karine Niño Gutiérrez (Costa Rica) previamente se había unido a 16 otros líderes de las cámaras de relaciones exteriores de las legislaturas de sus respectivos países —incluyendo a Bob Menéndez (EEUU) y David McAllister (del Parlamento Europeo)—, para rechazar las elecciones “fraudulentas y vergonzosas” de Ortega y Murillo, llevadas a cabo “con crueles violaciones de las normas democráticas.”

Una amplia coalición de países

Mientras Ortega y Murillo arrestaban arbitrariamente y torturaban a más de 40 líderes de la oposición de diversos sectores (campesinos, estudiantes, periodistas, empresarios, líderes civiles y 7 precandidatos presidenciales), varios países democráticos se organizaban “en una amplia coalición de países” para contrarrestar “de forma multilateral” la consolidación de la dictadura.

La respuesta contundente y rápida de la comunidad internacional, así como la rebeldía y resistencia del pueblo nicaragüense, al abstenerse (81.5% de los votantes no se presentaron a las urnas), han sacudido a la dictadura y la hacen tambalear, lo cual debe ser aprovechado de manera inteligente por la oposición.

Las expectativas del régimen Ortega-Murillo se desbarataron como un vaso de cristal. Habían contemplado una reacción negativa en los primeros días después de las elecciones, pero consideraban que eso iba a desaparecer rápidamente y gozarían de lo que algunos analistas llamaban un período de gracia de dos años, que les permitiría asegurarse 5 años más en el poder. Ahora los próximos 100 días se tornan cruciales para debilitarlos y sentar las bases para poner fin a su tiranía.

“Pushback” al autoritarismo

Una clara evidencia del “pushback” (oposición o reacción en contra) al autoritarismo y consolidación de la dictadura orteguista es la declaración sorpresiva del Presidente Joe Biden, minutos después del cierre de las urnas el 7 de noviembre. La mayoría de los analistas esperaban un tweet o un pronunciamiento de Brian A. Nichols, Secretario Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, o del propio Anthony Blinken.

Pero la posición de Estados Unidos calificando las elecciones como “una pantomima”, que no fueron ni libres, ni justas y mucho menos democráticas, vino del escritorio de Joe Biden y fue publicada por la Casa Blanca. Ahora gobiernan como autócratas, les dice Biden, sin ninguna diferencia a Somoza. Diplomáticamente los insta a rectificar, pero les reafirma su voluntad de apoyar al pueblo de Nicaragua y que van a rendir cuentas por sus abusos.

Con apoyo bipartidista del congreso, Biden tiene en sus manos la Ley Renacer y la va a usar en coordinación con la Unión Europea y otros países que se van a unir a comenzar, en esta nueva etapa, a aplicar sanciones más severas y selectivas. Biden también mencionó abiertamente la Carta Democrática Interamericana.

En relación a ésta última, también existe coordinación a nivel regional. La OEA debe pronunciarse sobre la ilegitimidad de las elecciones, dijeron los diputados costarricenses, uniéndose al llamado “impidamos a Ortega consolidar su dictadura” que hicieron cuatro expresidentes latinoamericanos e IDEA internacional.

Aplicación del Artículo 21 de la Carta Democrática

Entre los pasos a seguir, que propone dicho documento, está profundizar el aislamiento del régimen, incluida la suspensión de Nicaragua de la OEA mediante la aplicación del artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana. La Asamblea General de la OEA, su 51 período de sesiones, comienza el miércoles 10 de noviembre y finaliza el viernes 12 de noviembre. Esta sesión será la prueba del alcance de lo que puedan hacer los países miembros de la OEA para sacar del poder a un gobierno autoritario, que carece de un mandato para gobernar.

Los 9 países latinoamericanos (Costa Rica, Chile, Panamá, Uruguay, Perú, Ecuador, República Dominicana, Paraguay y hasta cierto grado Guatemala) que hasta ahora se han pronunciado en contra del “simulacro electoral” que se llevó a cabo en Nicaragua, deben unirse a Canadá y Estados Unidos para que se apruebe una resolución que categóricamente califique de ilegitimas las elecciones en Nicaragua y convoque a una sesión extraordinaria de la Asamblea General para considerar la aplicación del artículo 21 a Nicaragua.

Finalmente, el giro que estábamos esperando de los países democráticos de la comunidad internacional ya se dio. Ahora tenemos que enfocarnos en luchar por la liberación de los presos políticos y alcanzar un consenso mínimo de unidad en la acción para fortalecer la lucha contra la dictadura.

“Hoy es un día triste para la región centroamericana y de mucho dolor para Nicaragua”, dijo la diputada costarricense Carolina Hidalgo el 8 de diciembre. Y añadió que “Nicaragua recibe un golpe más y se confirma que no hay democracia”.

Aún en esa tristeza y ante ese golpe, el pueblo nicaragüense demostró una vez más su resiliencia, su valentía y su determinación para sacar del poder a la dictadura orteguista. Y sabe que tiene el respaldo de amplios sectores de la comunidad internacional que van a luchar, al lado del pueblo, para que la soberanía retorne donde debe estar: en el pueblo y no en las manos de un par de déspotas.

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