Muerte por silenciador a la cubana

Por Amrit

Foto de Jorge Esquivel en el Museo de la Danza de La Habana.

HAVANA TIMES, 28 junio— Nadie cree realmente que una persona puede desaparecer con un chasquear de dedos, ni aunque el sonido lo produzca David Copperfield.  Todo el mundo espera que al siguiente chasquido el desaparecido resurja aunque sea con otra ropa y en otro lugar del escenario.

Pero yo he sido testigo de desapariciones misteriosas que a veces me atormentan.  Especialmente porque no tengo acceso al tablado mágico y plural del internet, donde por maravilla de la tecnología uno descubre que las estrellas ausentes no se apagaron sino que ahora se proyectan “afuera.” exactamente como el astro sol que cuando deja de verse aquí es sólo para alumbrar otro lugar de la tierra.

Hay quienes tampoco tienen acceso a la red prodigiosa pero en cambio, poseen aparatos que captan con eficacia las señales del cielo (antenas parabólicas) y vienen contando que en canales “de afuera” vieron a Susana Pérez, a Cristina Obín, a Cary y Lili, las del programa “Para bailar”… Citan nombres que no sabemos ya cuándo dejamos de oír, caras tan familiares que eran parte de nuestras vidas y creíamos que si algo interrumpía su existencia virtual, era imposible no seguirle el rastro.

Una de las mayores, inexplicables ausencias ha sido para mí el bailarín cubano Jorge Esquivel.  El recuerdo de la excelencia de su danza se ha disuelto en la niebla del tiempo y la relatividad (ingratitud) de la memoria.  Lamento que nunca lo vi en vivo, pues cuando empecé a ir a funciones del Ballet Nacional ya no era el partenaire de Alicia Alonso, pero sí lo vi muchas veces en la televisión, en grabaciones que gracias a Dios ya existían y podían registrar ese milagro que muere en el cuerpo del bailarín, porque el arte y su ejecutor son una misma cosa.

Como el silencio es también un fenómeno extraño, cuando fui consciente de la ausencia de Jorge Esquivel en la televisión y en los teatros, a los que ya asistía, me percaté a la vez de que esa ausencia la sentía desde hacía ya mucho, muchísimo tiempo.

Buscando a Jorge Esquivel

En los registros del ciberdebate de los intelectuales del 2007, la poetisa cubana Reina María Rodríguez hablaba de la omisión de la obra del escritor cubano Antonio Ponte, llamándola “muerte por silenciador.” Huelga decir que de este autor jamás he leído nada y he aquí la eficacia de la omniausencia.

Cuando he pensado en Jorge Esquivel me parece que esa silente arma (invisible además) puede borrar tan fácilmente como el botón delete, en la pantalla de nuestras vidas.  Puede uno hasta creer que el recuerdo no es sino alucinación.

Así que cuando, en una esquina de un mural cuajado de fotos de bailarines del Ballet Nacional de Cuba, vi, congelado en un grand jetté a Jorge Esquivel, casi se me escapan lágrimas… Pero otra vez la incertidumbre generaba preguntas: ¿existirá todavía, y dónde? ¿Adónde fue a parar el fruto de tanta disciplina, de tanto talento y carisma?

Esquivel no era sólo un gran bailarín para los sensibles al arte, era una figura de gran popularidad, respetada incluso en los ambientes más marginales.  Más de una vez oí comentarios entre guapos de barrio quienes aseguraban que todos los bailarines hombres eran chernas (homosexuales), ¡excepto Jorge Esquivel!, y contaban la anécdota o mito, no sé, de que alguien intentó ofenderlo diciéndole maricón y él había respondido con puñetazos.

Claro que entonces no existía ni remotamente la perspectiva de diversidad sexual que ahora se intenta en Cuba, así que el hecho de que en los “malos” ambientes se considerara “hombre” a Jorge Esquivel era ya un hecho sin precedentes para un público machista y que consideraba al ballet un arte de élite.

Violar el silencio

Cuando leí en marzo de este año en Havana Times, “Maggie Carlés y su amor por Cuba.” entrevista de Helson Hernández, me conmovió profundamente el reencuentro con alguien que recordaba muy bien, y a quien había admirado por su talento y tenacidad.  Como aquellos muñequitos rusos que ya no ponen por televisión y muchos vemos en una computadora con una alegría no exenta de tristeza (como suele ser la nostalgia), al chocar con el nombre de Maggie me di cuenta de que era una más en la lista de desaparecidos.

Sin embargo, ¿cuántos hubieran querido seguirla hasta hoy? Estoy segura de que es altísima la cifra.  Y por parte de ella, éstas son sus palabras en esa misma entrevista: Siempre he pedido en mis presentaciones que digan “de Cuba, Maggie Carlés.” porque soy cubana, aunque tenga una ciudadanía actualmente diferente.   Lo que he podido lograr fuera lo debo a la carrera que tuve en mi país, a mi pueblo que me entregaba sus aplausos, así fui creciendo y amando a esta gente mía, los cubanos…”

Mi pregunta ahora es: una vez conscientes de la ausencia, ¿es posible hacer algo? Quisiera pensar que sí, que el mar que nos rodea no tiene el poder de engullir pedazos del cuerpo que es Cuba, y los huecos que vemos, los pedazos que faltan pueden regenerarse como las heridas de un cuerpo vivo.

No sólo con nuevas figuras del arte, sino con la voluntad de conocer o reencontrar a los que han sido y son parte de nosotros, porque la grandeza de toda nación está también en el respeto y el cuidadoso resguardo de su historia.  Y nos corresponde a nosotros, los cubanos no oprimir el gatillo del silenciador, ni creer que el silencio puede objetivamente matar lo que existe.

 


4 thoughts on “Muerte por silenciador a la cubana

  • el 31 agosto, 2021 a las 1:01 pm
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    Estoy escribiendo hasta al VATICANO para ver si me encuentran una escuela de ballet para que mi hijo estudie aunque tenga que hacer el sacrificio de pagar sus clases lo haria aunque me quede sin dinero siquiera para comer, haria cualquier cosa por mi hijo, no tengo dolares pero sufro por el futuro de mi hijo, es dificil para mi una madre soltera llevar esta carga tan grande sin ayuda de nadie, a donde hay que pronunciarse ante la UNESCO.

  • el 31 agosto, 2021 a las 12:49 pm
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    Yo realmente ame siempre a ese talentoso bailarin, aunque no pude terminara mi carrera por cuestiones personales siempre lo admire , esta dentro los bailarines mas talentosos que a dado la isla de cuba, tengo un hijo muy parecido a el en el fisico, que estudio en una escuela cubana de provincia 2 años de ballet y fue victima buling,y del machismo de su padre el niño se decepciono tanto que causo baja por irle quitando interes a lo que hacia , lo dejaron confundido, ahora cuenta con 14 años y no tengo forma de volverlo a insertarlo en otra escuela, es dificil aqui, no soy la hija de nadie y el tampoco ,como se dice aqui a lo cubano. no tengo esa palanca para volverlo a integrar en una escuela de ballet cubana. como podria hacer esta madre para ayudar a su hijo que quiere seguir con su carrera.

  • el 29 junio, 2011 a las 1:51 am
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    Hola Amrit. Me ha encantado tu artículo. Vivo hace un año fuera de Cuba, soy de los que nos fuimos sin tener el talento o el valor de hacer que las cosas que no nos gustan cambien, de los que tiramos la toalla y nos fuimos a buscar una vida individual, lejos de todo lo querido, a perseguir los sueños ante nuestra incapacidad de hacerlos posibles allí donde nos gustaría vivir. Como la mayoría de los que elegimos este camino, sé que seguiré siendo Cubano hasta que me muera, con el mucho orgullo y el poco de vergüenza que eso implica. Aunque la actitud oficialmente correcta hacia los que se marchan es aplicarles la muerte por silenciador, siempre podremos hacer algo entre todos, los que nos fuimos y los que se quedaron, por resucitar los muertos. Cuando murió Celia Cruz, en la revista Revolución y Cultura se atrevieron a publicar un pequeño obituario dando la noticia y reconociendo la talla de artista de esa mujer, que yo sepa no detuvieron a nadie por eso, aunque no entendí cómo pasó la censura del Partido. Recordar a los que han sido grandes en el arte, el deporte, la ciencia, la técnica o lo que sea y valorarlos por la grandeza de su obra, independientemente de sus posiciones políticas, enaltecería los valores del Cubano, no importa dónde viva ni cómo piense. Probablemente Carlos J. Finlay no hubiera sido comunista, quizás hubiera terminado su vida en París, pero su talla de científico y de Cubano sería un crimen silenciarla. Yo creo que nos toca a todos, los anónimos emigrados como yo, los famosos como Maggie Carlés y los anónimos o famosos que se han quedado en la isla, vernos como Cubanos todos, para no dejar que el silenciador consiga borrar la historia de tantos Jorge Esquivel que hemos tenido y tendremos.

  • el 28 junio, 2011 a las 1:17 pm
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    Hola Amrit;
    me encanta tu artículo; tienes tanta razon, es increible/triste como se pueden borrar seres y hechos de la vida de las personas o de la historia de un país, simplemente IGNORANDOLOS. Y claro tambien dirigiendo DELIBERADAMENTE la atención a otras personas, a otros lados. Por mi experiencia se que no sólo ocurre en nuestra tierra. Es una pena que nos dejemos llevar por lo que nos cuentan o arrastrar por creencias colectivas solamente (que tambien es importante) y que nos olvidemos de la individualidad (tan necesaria); al fin y al cabo este mundo es mas hermoso porque cada uno es diferente; como estos GRANDES ARTISTAS OLVIDADOS POR SU PROPIA TIERRA, la cual tiene una reputación como cuna del arte tambien gracias a ellos. Yo tambien nací y me eduque en aquella isla “olvidadiza”, y aunque escogí no vivir allí hace mucho tiempo, aun conservo la nacionalidad “de papeles” y sobre todo de sentimientos (mientras exista).
    Exitos&Saludos; ica

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