Mis últimos veinte años se fueron entre Gardel y María Teresa Vera

Vicente Morín Aguado

Vivimos un enredo del cual no se si saldremos algún día en la vida. Foto: Caridad
Vivimos un enredo del cual no se si saldremos algún día en la vida. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Para Gardel “veinte años no es nada”, en tanto la trovadora cubana habla del desgarramiento, del tiempo perdido.

Hace veinte años cayó el muro; Cuba se abrió al turismo, surgieron las dos monedas, aparecieron nuevos mercados para el consumo popular; parecía que al fin tomaríamos un nuevo rumbo, clamado por unos pocos, mientras la mayoría silenciosa ansiaba lo mismo.

Pero entonces volvió lo que llamamos “la retranca”, es decir, el freno sobre el acelerador cuando queríamos ir por más. Creo que se combinaron varios hechos:

La Unión Europea, liderada por la España de Felipe, creyó en la apertura anunciada, pensando que Cuba realmente cambiaría. Inversiones y empresas mixtas, facilidades comerciales, donaciones, un respiro en medio del caos.

Los Estados Unidos de Clinton nos dieron una mano con su política de contactos pueblo a pueblo, apoyando en todo momento el regreso del niño Elián, la mejor telenovela de nuestra historia. Los Pastores por la Paz recibían algunos coscorrones, pero finalmente hacían de las suyas.

Vino su Santidad Juan Pablo II, con la reiteración de que “El mundo se abra a Cuba y Cuba se abra al mundo.”

Hugo Rafael Chávez Frías ganó las elecciones. Alianza política entre el Padrino y el Ahijado.

Tal parece que el respiro, el levantarse después de un duro golpe, determinó ese volver hacia atrás tan criticado hoy en día, retraso de dos décadas que pudieron salvarse a favor de la llamada “Actualización”, realmente el proceso de tránsito de un socialismo fracasado hacia el intento de otro socialismo, prometido ahora como “próspero y sustentable.”

En lo político nuestro partido comunista se quedó sin responder a la propuesta del Proyecto Varela, avalada por decenas de miles de compatriotas, cuyas firmas fueron registradas a riesgo, dada la necesidad de mostrar el documento de identidad permanente, base de un sistema de control estatal sobre toda la población.

Sin respetar el texto constitucional socialista, olvidaron uno de sus artículos, votando una enmienda dictada posteriormente al acto legal en cuestión, para no responder el reclamo legal. Al analizar los detalles de aquel propósito protagonizado por Payá Sardiñas, afloraban muchos de los cambios que ahora se realizan como legado del Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba.

En lo económico, los nuevos vínculos con Venezuela, junto al crecimiento de las remesas provenientes de Estados Unidos y unas mejores relaciones con gobiernos izquierdistas latinoamericanos, determinaron limitar todo lo posible la apertura interna hacia el libre mercado, las pequeñas empresas y demás facilidades posibles, capaces de liberalizar nuestra economía.

Los resultados de aquel abrirse a regañadientes, de aquella simulación de apertura, fueron palpables al cerrar la década del dos mil. Volvimos atrás, pagando el impagable precio del tiempo perdido.

Los negociantes extranjeros comprendieron el engaño, además de sufrir los impagos de sus negocios en el país. La inversión cayó, inclusive con retroceso en las cifras. La agricultura nacional no se recupera, incrementándose los precios de los principales alimentos.

Hoy en día pagamos mucho más por los artículos de primera necesidad que dos décadas atrás, considerando todos los mercados posibles, en un país enredado entre la dualidad monetaria, el mercado libre, el comercio subterráneo, la venta regulada sin racionamiento con precios fijos y algunas opciones mínimas de productos racionados por los cuales abonamos cifras mínimas en moneda nacional, además de las tiendas recaudadoras de divisas, con precios en dólares de los Estados Unidos semejantes a los de cualquier economía del primer mundo.

Como pueden comprender quiénes leen, entender a Cuba es difícil y explicarla aún más. Vivimos un enredo del cual no se si saldremos algún día en la vida.

Pasados veinte años de aquellos históricos “Noventa”, viene un retrasado Congreso del Partido, único partido, hablando de actualizar, o sea, en realidad, reformar, transitar hacia otra economía porque la actual nada nos sirve.

Es especialmente importante subrayar que este proceso está encabezado por los mismos hombres y mujeres que crearon el revolico económico dentro del cual estamos sumidos.

Décadas y energías perdidas. Canas, sueños y pesadillas. Una Zafra azucarera como en los tiempos de Don Tomás Estrada Palma. La flota mercante nacional, orgullo latinoamericano superior al millón de toneladas de peso muerto, vendida como chatarra. La masa ganadera con la mitad de lo que nos dejó Batista, pero ahora doblada la población. El marabú ocupando la mitad de la tierra cultivable del país.

Somos una economía quebrada. Estamos intentando recuperarnos. Vamos muy lento ante tantas urgencias. Creo firmemente que podemos, necesitamos, no hay otra opción, salir de la crisis. No es volver atrás, pero siendo sincero, el tiempo perdido merece un nuevo amor y otros compromisos. Como cantó la famosa trovadora:

“Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar,
tu me quisieras lo mismo que veinte años atrás,
con que tristeza miramos un amor que se nos va,
es un pedazo del alma que arranca sin piedad.”
—–

Vicente Morín Aguado: [email protected]


One thought on “Mis últimos veinte años se fueron entre Gardel y María Teresa Vera

  • el 3 julio, 2013 a las 9:00 am
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    Mi pobre tierra!, condenada vivir de migajas y solidaridad socialista!

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