Mi primera lectura e impresiones de la nueva Constitución

Por Osmel Ramírez Álvarez

Ilustración del periódico ofical, Granma.

HAVANA TIMES – El día 3 de agosto, cuando se comenzó a vender el tabloide con el proyecto constitucional, estaba en un viaje familiar en Santiago de Cuba y no pude comprarlo.

Ya el lunes se acabaron temprano y no alcancé. Parece que aquí en Holguín no imprimieron suficientes y lo cierto es que un ciudadano interesado en la política como yo no ha podido conseguirla. Pero finalmente accedí a una prestada y se me hace posible este análisis.

Como su escueta antecesora, esta nueva Constitución de la República, que se nos propone por el Partido Comunista a través de la Asamblea Nacional, sigue teniendo contradicciones en puntos neurálgicos. Algo notable desde  el mismo Capítulo I.

En el primer Artículo se reconoce para el país “…un estado socialista de derecho, democrático, (…), que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social…”.

Según este mandato podremos, una vez sea aprobada, disfrutar de libertad política, lo cual es imposible hasta hoy bajo el socialismo cubano que solo reconoce ese derecho a los comunistas y discrimina al resto de los ciudadanos que tenemos otro color político, incluso siendo de otras tendencias socialistas. ¿Será verdad?

Rápidamente descubrimos que no. Sin avanzar mucho ya caemos en duda y vemos que no parece ser ese un derecho real, aun estando planteado. En el artículo 5 dice: “El Partido Comunista de Cuba, único, fidelista, (…), es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.”

Realmente el texto no dice que no pueden existir otros partidos legalmente, porque lo que se puede interpretar en perfecto español es que no puede haber otro partido comunista aparte del mencionado. Aunque sabemos lo que quieren decir sus redactores, en verdad no se refiere a todo partido en general, solo hablan del partido comunista. Tema que quedaría a debate, si antes no es modificado, máxime si en el Artículo primero dice que se garantiza la “libertad política”.

Pero si sitúa al Partido Comunista por encima del pueblo y del Estado, ¿cuál sería la libertad política de los cubanos? –ser comunistas o de lo contrario apolíticos, aunque tengamos ansias de participar en la política nacional desde otra orientación, con otras visiones sobre lo mejor para el país. Más allá de eso, emigrar o ser un paria en tu tierra, que sufre discriminación y represión, si te atreves a oponerte al Gobierno invariable del Partido Comunista.

¿Acaso se refieren a la libertad de postular solo en la base, para elegir al delegado sin mando ni recursos, para luego votar de ahí para arriba indirectamente por postulaciones más indirectas aún, controladas por el Partido Comunista? -A eso le llamo falacia democrática, no libertad política.

Luego en el artículo 10, casi escondido con toda intención, pues debió estar en el Artículo 1, pero que de estarlo pondría en duda el contenido contradictorio del 5, dice: “…la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado.”.

¿Cómo entender este rompecabezas? ¿Quién es por fin el soberano en Cuba, el Partido Comunista o el pueblo? Es una contradicción, una paradoja, porque si hay algo claro es que nuestro pueblo ni siquiera es mayoritariamente comunista.

Yo no veo otro soberano que el Partido Comunista. El pueblo luce más bien como un rehén del “Partido” o una especie de dueño sin potestad para mandar, como si el pueblo fuera un “soberano menor de edad” y el Partido Comunista su “regente todopoderoso”.

Esta Constitución no es más democrática que la vigente, es la misma pero más amplia, más explicada, con pequeños e intrascendentales cambios en la separación de cargos y otros de nomenclatura. Pero en esencia nada cambia. Igual que es ahora, el pueblo no podrá elegir en la práctica ni al Gobierno y ni a la dirección del Estado. Lo hará “el Partido”, el mismo que hizo ambas constituciones y lo dice el propio preámbulo de esta.

Tan indirecto y abstracto es el sistema político, (que se mantiene intacto), que los dirigentes son completamente ajenos al pueblo y ni siquiera memorizamos sus nombres. Los “grandes” no los podemos olvidar, porque nos lo repiten más de 500 veces por día en todos los medios de comunicación, como decía Fidel al referirse a igual método de propaganda comercial  con la coca cola, “como reflejos condicionados en la mente”.

Solo seguiremos eligiendo directamente, casi de verdad, al gobierno en el barrio, que no decide nada ni maneja recursos. Y aun así si alguien que no agrada “al Partido” pretendiese postularse o tiene mucha simpatía, ya vimos cómo la policía secreta del partido se encarga de que no asista a la reunión de postulación, usando cualquier método. Los cargos importantes desde el municipio, la provincia y  la nación son postulaciones únicas decididas y controladas igualmente por “el Partido” a través de la nada casual Comisión de Candidatura. Nada ha cambiado ni cambiará.

No podría un ciudadano responsable, un demócrata como me siento ser, aprobar con su voto una Constitución que no se ajusta a nuestras necesidades como país y como pueblo. Esta Carta Magna no hará posible un sistema político más democrático e inclusivo, ni siquiera un poquito más que el actual. Mantiene el mismo. Solo porque amplía el concepto del matrimonio, algo que considero justo, mientras desconoce o mediatiza el resto de los derechos elementales de los seres humanos, no es suficiente para decir “SÍ”.

No liberará las dormidas fuerzas productivas de nuestra probadamente laboriosa sociedad, porque limitará desde su letra la riqueza y el desenvolvimiento individual, y mantendrá el predominio de las formas productivas que una y otra vez han fracasado; no resolverá el problema del bloqueo, de la migración, de la reconciliación nacional, pues mantiene inalterables el espíritu y las causas que los provocan o convierten en problemas.

Ni siquiera tiene cómo conseguir ese socialismo próspero y sostenible que promueven aún dentro del régimen autoritario, dominado por el Partido Comunista. Sus preceptos lo niegan en la práctica y lo hacen inviable, aunque lo plantean como objetivos. Evidentemente se pierde un gran momento de “cambiar todo lo que debe ser cambiado” y de tener “sentido del momento histórico”.

Como demócrata aceptaría que el Partido Comunista gobierne Cuba, si esa fuera la voluntad de nuestro pueblo reflejada en las urnas, ¡directamente!, en libre y justa competencia con el resto de las opciones políticas. Pero jamás que ese poder político derive de que el propio Partido Comunista se otorgue en este escenario controlado y manipulado políticamente, una hegemonía constitucional que solo pertenece al pueblo. Aunque me vuelvan a encarcelar tres días más debo decirlo, es mi deber como “hombre honrado a lo martiano”.

Y por último, (por ahora), nada en una Constitución puede catalogarse de irrevocable más allá de que “el pueblo es el soberano”. Sería una paradoja. Todo mandato en la Ley de Leyes dimana del ejercicio de esa soberanía popular que tiene la facultad de cambiar cualquier cosa en ella. Otra vez queda claro que la dirección de “la Revolución” no está capacitada para darle a Cuba lo que ella necesita. ¡Cuán diferente fuera nuestro destino como nación si realmente lo estuvieran! –sin duda votaré “NO”.

2 thoughts on “Mi primera lectura e impresiones de la nueva Constitución

  • Si te va a ser útil asi, ya estoy satisfecho. Debo aclarar que el mismo día que envié el artículo a Circles sacaron tabloides y compré mi ejemplar. Saludos.

  • El mejor análisis, escrito, artículo o lo que sea que he leido sobre esta cosa descarada que llaman constitución y democracia, de hecho no tengo ya ni que pensar sobre lo que voy a plantear en la asamblea de mi barrio, que la estoy esperando como cosa buena, me llevo esto y lo leeré integramente para el deleite de mi muy gusano barrio. Solo no diré quien es el autor pues no quiero contribuir a tus proximas vacaciones de 3 días con los compañeros que te atienden.

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