Maldita memoria y billetes malos, ahora buenos

Por Aurelio Pedroso  (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES – Que cuando comienza a fallarte, a propinarte un traspiés tras otro, te sientes como desprotegido, minimizado, inútil porque la palabra, la fecha, el lugar y el personaje se te desvanecen justo en el momento en que más los precisas.

Entonces, como rezago de una tormenta caribeña o de cualquier otro sitio del mundo que vivimos, quedan pocas constancias en pie, archivadas y perdidas por allá arriba, en lo alto, como aquel momento en que un amigo español puso en tus manos tres billetes de veinte dólares con el ruego de que los guardases para tiempos difíciles, más difíciles de los que vivías por esos días en que eran en extremo severas las sanciones por disponer de esos papeles con la imagen de Andrew Jackson.

Nunca como antes sudaron las manos con esos billetes para guarecerse de insospechado destino. Ahora haces un esfuerzo por intentar cómo eran distribuidos los años de cárcel por la cuantía de lo que tuviera la gente encima y se te ocurre mal pensar que eran de uno por uno, que serían sesenta años de prisión, una perpetua por coleccionar patriotas gringos.

Nada mejor que ocultarlos en los libreros de cedro con puertas acristaladas y que si no eras tú, pues bienaventurado aquel que, interesado por la lectura, recibiera la sorpresa al voltear una página de ese libro y llegar justo a la 60 porque en eso pensaste, en colocarlos en la página sesenta para no olvidarlo nunca más.

Y fue el tiempo, las nuevas circunstancias, la no necesidad de hacer uso de ellos quienes se encargaron de jugarte la mala pasada de que sabiendo que estaban allí, habían desaparecido porque ni modo en retener el título del texto.

Desde entonces, cuando prestas un libro, regresas a casi tres décadas pasadas y vas a esa página; desde entonces y a cada rato, convocas alguno tomado al azar y cual reo tras las rejas del hogar, para la clásica requisa. Y no aparecen, tragados por la tierra como decía la abuela. Ya piensas que ahora cuando precisas de ellos, nunca más aparecerán.

Maldita memoria, pero seguirás en su búsqueda. La patria y el estómago familiar los reclaman.

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