Los pueblos no dan golpes de Estado

Imágenes de las protestas del 11J en Cuba. Foto: El Toque

Por Julio Antonio Fernández Estrada (El Toque)

HAVANA TIMES – La presidencia de la República de Cuba divulgó a solo dos días del primer aniversario de los levantamientos populares del 11 de julio de 2021, una postal en la cual aparece la afirmación del jefe de Estado cubano de que ellos celebrarán el desmontaje, junto al pueblo, de un golpe de Estado vandálico.

Además de la enorme falta de ética que late en el centro del llamado a celebrar una victoria del Gobierno sobre el pueblo —lograda mediante represión militar, paramilitar y jurídica—, se está ante un sinsentido político y un disparate histórico y social.

No es objetivo de este artículo hacer una historia de los golpes de Estado ni realizar una sistematización de sus formas y metodologías. Sobre eso se ha escrito mucho y desde diferentes posturas teóricas e ideológicas; además de que existe una larga estela de hechos históricos que los exponen, para los que prefieren los ejemplos antes que las abstracciones.

Me concentraré en una exposición básica de las implicaciones que tiene, para la teoría del Estado y el derecho constitucional, afirmar que lo que una parte del pueblo cubano hizo los días 11 y 12 de julio de 2021 fue un intento de golpe de Estado vandálico.

Un golpe de Estado tiene que ser una situación de hecho que derroque o haga tambalearse a un Gobierno específico. Los golpes de Estado, muchas veces, dejan intacto el Estado, pero rompen el orden constitucional y legal al hacer que el cauce común de la República o el Reino se interrumpan.

Un golpe de Estado no puede ser un acto legal. Aunque ahora se han puesto de moda formas de derrocamientos de Gobierno desde dentro de la constitucionalidad imperante (mediante fórmulas parlamentarias, instituciones jurídicas políticas que, bajo interpretación constitucional y dentro de la institucionalidad legal, permiten ser usadas contra un gobernante, a quien se le quita la confianza, se le presiona judicialmente, se le hacen juicios de honor); pero todo esto está dentro de las posibilidades políticas de los sistemas de Gobierno parlamentarios y presidencialistas de las formas de Gobierno republicanas, que algunas veces son usadas como mecanismos para destruir Gobiernos legítimos y electos de forma justa.

Un golpe de Estado es, comúnmente, un conjunto de hechos políticos y militares que, propiciados desde grupos influyentes o desde dentro del sistema político, logran el derrocamiento de un Gobierno; siempre que los hechos sean dirigidos por organizaciones, líderes o grupos específicos y que usan métodos conspirativos, violentos o inconstitucionales.

Un levantamiento popular, una revuelta de grupos sociales desarmados que se manifiestan de manera pacífica —aun cuando por momentos sean violentos, ataquen instituciones estatales o se enfrenten a la policía— no es de manera alguna un golpe de Estado.

Los pueblos no dan golpes de Estado, los pueblos no realizan actos ilegítimos porque los pueblos son los soberanos o deberían serlo. Cuando un pueblo derroca una monarquía despótica que impide el ejercicio de derechos porque no permite la existencia de una ciudadanía, no se considera un golpe de Estado contra un reino instituido por la gracia de Dios, sino una revolución que derroca a un príncipe que era un tirano. Los tiranos deben ser derrocados por el pueblo, porque no han sabido, en cualquier caso, ni siquiera ser soberanos justos.

En las repúblicas, el pueblo es el soberano que constituye el Estado. Sin pueblo no hay tipo alguno de Estado, pero sin pueblo soberano no hay república. Los pueblos no se levantan como vándalos ante Gobiernos tiránicos, sino que exigen a los gobernantes sus derechos políticos inmanentes.

Un pueblo que pide libertad no es un pueblo vándalo; un pueblo que pide pan, trabajo, electricidad, derechos y medicinas no es un pueblo vándalo. El gobernante que le dice vándalo a su pueblo por pedir derechos no merece representarle ni hablar por él.

En una república, cuando un gobernante no es elegido por el pueblo, la República empieza a tambalearse y trastabilla, no porque el pueblo se le resista, sino porque ha nacido medio herida de muerte sin que el soberano diga quién va a tener la autoridad específica para gobernar por él.

El primer golpe de Estado que una república sufre es el de una Constitución que no permite el ejercicio de la libertad política, que no prohíbe la discriminación por emisión de ideas políticas diversas, que no instituye la creación de más organizaciones políticas que las imperantes, y que no prevé la elección por el pueblo de sus gobernantes.

Los pueblos no dan golpes de Estado, se levantan, piden, claman, hacen revoluciones, toman castillos, derrocan coronas, llenan plazas, cantan, cambian el orden político sin preguntar, porque no hay ley más justa y pura que la que el pueblo escribe en la calle con su voluntad o su abandono.

Los pueblos no dan golpes de Estado. El gobernante de derechas o izquierdas, que repita ese disparate, lo hace contra el soberano que manda, el cual tiene a su favor que todos sus actos son legítimos mientras se salve el orden que él ha fundado o aceptado.

El 11 y 12 de julio de 2021, una parte del pueblo cubano gritó sus derechos, no intentó tumbar un Gobierno ni realizó actos sediciosos ni acumuló armas, no asesinó políticos ni encerró a simpatizantes del Gobierno, solo pidió lo que le toca por ley.

Los pueblos no dan golpes de Estado. Se debería hablar con respeto del pueblo cubano que, por miles, marchó aquellos días, que sufrió represión y sufre cárcel todavía. El ademán político que lo desconoce y lo reduce a una turba de vándalos es reaccionario, no aporta nada a las soluciones necesarias y desconoce una larga historia de problemas que las personas normales tienen en Cuba sin que sus gobernantes intocables demuestren un mínimo de sensibilidad por ellos.

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