Los hombres y los perros de Leonardo Padura

Haroldo Dilla Alfonso

HAVANA TIMES — Hace unos días, tardíamente y a los empellones que nos obliga el poco tiempo, terminé de leer El Hombre que Amaba los Perros del escritor cubano Leonardo Padura. Se trata de una excelente investigación histórica animada por una narración francamente magistral en que el autor conduce tres procesos de vida: la de Trotsky en su exilio, la de los agentes estalinistas en su caza y la de un cubano común buscando una verdad desgarradora.

No se en que medida esta novela pudo haber influido en la maduración de una cultura antitotalitaria en Cuba, como algunos críticos desearon en los primeros momentos. Como documento es fabuloso y Padura sabe aprovechar muy bien esa licencia que tiene la literatura para limitarse a mostrar donde otros tienen que demostrar.

Pero no estoy seguro que para la población cubana, y en particular para los sectores intelectuales más jóvenes, estos relatos distantes en tiempos y espacios ofrezcan una conexión histórica con sus realidades. En última instancia siempre los dirigentes cubanos se parecieron más a Perón y Vargas que a Stalin y Breznev.

Y nadie, salvo los cancerberos del aparato ideológico, se tomó en serio el asunto del marxismo leninismo. Los cubanos actuales –jóvenes y menos jóvenes- se han acostumbrado a convivir con la arengas del materialismo dialéctico de la misma manera como uno acostumbra a conciliar el sueño en una habitación de un hotel barato con un aire acondicionado ruidoso: incorporando el zumbido al letargo.

Pero su valor ético es incuestionable. Como lo hizo Hanna Arendt en aquel retruécano intelectual que llamó “la banalidad del mal”, Padura no nos habla de monstruos insólitos, sino de gente común, creyentes que en algún momento fueron capaces de cometer los peores crímenes sin dejar de amar a los perros. Trostky –quizás el único ser insólito de toda la historia- lo hizo cuando justificaba su actuación en Kronsdat como un crimen indeseable en función del bien común. Pero nadie fue tan convincente como Kotov-Leonid-Eitingon cuando explicaba la razón de su obstinada militancia:

“Al principio, porque tenía fe, quería cambiar el mundo, y porque necesitaba el par de botas que les daban a los agentes de la Checa. Después… una vez que entras en el sistema nunca puedes salir. Y seguí luchando porque me volví un cínico”

Creo que este es el principal logro de esta obra: haber colocado un drama histórico en manos de gente común como las que cada día tropezamos en la calle. Y es ese toque de universalidad el que hace creíble lo que desde mi punto de vista es el principal aporte extra-estético de la novela: sus dilemas éticos entre la creencia y la verdad, entre el ser y la pertenencia, entre la lealtad y la complicidad.

Imagino que esos dilemas éticos debieron conmover a más de un cubano, funcionarios e intelectuales. Como Kotov, afrontan un sistema que no solo les pide el apoyo, sino además el alma, y eventualmente (aunque cada vez con menos frecuencia) les regala un par de botines. Y ante lo cual, también como Kotov, no tienen otra opción que recurrir a un discurso en que compiten fatigosamente el cinismo, el oportunismo y el acatamiento.

Al final, los protagonistas de cada proceso mueren aplastados por escombros. Trotsky por los escombros de un proyecto político a que empecinadamente llamó socialista hasta que un picoletazo le libró de la agonía de irse quedando solo. Mercader y Kotov, sepultados por mentiras y semiverdades que hacían posible potabilizar el lodazal de sus existencias. E Ivan, descalabrado por el colapso de toda su vida que Padura concretó en el derrumbe del techo de su cuartucho ruinoso en Lawton.

Todos fueron víctimas de alguna forma de perversión de una utopía, probablemente porque es muy difícil que las utopías se libren de la perversión. Podrá argumentarse en contra de muchas maneras –el propio Padura se pregunta ingenuamente cómo y por qué los sueños se trocaron en pesadilla- pero si invirtiéramos los términos de la explicación, no ha habido en el mundo monstruosidad de pantalones largos –fascismo, holocausto, colonialismo, estalinismo, revoluciones culturales- que no se haya alimentado con alguna forma de heroicidad utópica.

Creo que en los próximos días voy a sentir haberme despedido tan pronto del medio millar de páginas de Padura. Voy a extrañar las cuitas deliciosamente narradas en torno a la casona de Viena y Río Churubusco, que tantas veces me transportaron a los tiempos envidiables que he pasado entre sus muros, hablando de la vida con los cuenteros de Coyoacán e imaginando a Trotsky y a Natalia andando entre rosales y conejeras vacías. Creo que Padura consiguió un libro que llegó para quedarse y que demuestra que la literatura sirve, como decía Sartre, para que la rebelión humana sobreviva a los destinos individuales.


28 thoughts on “Los hombres y los perros de Leonardo Padura

  • el 1 diciembre, 2014 a las 9:53 am
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    Cuando comencé a impatir docencia de nivel superior,siempre se exigía el partidismo en la enseñanza, y yo que impartía una asignatura netamente técnica, no encontraba forma posible de ligar al partido con la navegación satelital, y solo varios años y muchos señalamientos después, es que llegamos a la conclusión de que no es hablar sobre un partido político, sino de tomar partido, crear su propio criterio.
    Los antagonismos surgen cuando los que mandan no pueden continuar haciéndolo ,ni los mandados pueden continuar siéndolo, se impone entonces cambiar el orden de las cosas. Y en todos los casos, hablamos de diferencias en la distribución de las riquezas.
    Nadie que adquiera más bienes que otros, dejará de hacerlo de buena gana, solo en busca de la Utopía los hombres han sido capaces de hacer semejantes sacrificios, y siempre motivados por lograr algo mejor para si y para los demás.
    En el plano social existe ese orden de cosas desde que el hombre dejó la comunidad primitiva, pero solo la filosofía dialéctico – materialista es la que descubre las leyes internas que rigen ese proceso. Marx consideraba que la idea socialista era tan obviamente equitativa y via expedita para lograr la felicidad de todos, que con solo enunciarla, todos los proletarios del mundo se unirían en una revolución mundial para alcanzarla.
    Las revoluciones deben tener una gran dosis de humanidad, pues en el reordenamiento social que provocan surge el caldo de cultivo para errores y excesos de todo tipo, lo mismo sucede con el orden social que desaparece, que en su esfuerzo por mantenerse en el poder, rompe los marcos de institucionalidad establecida.
    Y es en ese nuevo orden social que surge, guiados por el objetivo de una misma utopía, que en cada lugar tiene una alta dosis de subjetividad en dependencia de los líderes que la conducen y de las circunstancias que la rodean.
    Los comunistas llamamos a ese nuevo orden social dictadura del proletariado, lo cual encierra en sí una gran contradicción, pues generalmente asociamos el término dictadura a la ejecución del poder por la fuerza de un grupo privilegiado sobre la mayoría, en este caso es la ejecución del poder por la fuerza por la mayoría sobre la minoría, hasta entonces privilegiada en el acceso a las riquezas de que dispone.
    En la medida de la fortaleza del nuevo orden social establecido, este estará en condiciones de legitimizarse mediante sufragio electoral u otra forma conocida de legitimización, lo que estará dado en mayor medida por la aceptación social que tenga su proyecto para alcanzar la utopía prometida.
    Nuestro proyecto social está lleno de errores, objetivos y subjetivos, por defecto y por exceso, pero lo que es indudable es que tiene aún una amplia aprobación social, que es la propia base de su existencia, lo que ha sido reconocido por sus líderes en múltiples ocasiones en múltiples formas.
    Lo que es ilógico afirmar la imperfección de nuestro orden social con relación a los demás, ninguno es perfecto, lo más importante dentro de este o aquel no es el modelo social en sí, si no su mecanismo interno de auto corregirse y autoperfeccionarse.

  • el 20 agosto, 2014 a las 6:33 am
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    De acuerdo con Gabriel, la única forma de ayuda verdadera es eso la que no implica una militancia, ni politica , ni religiosa , ni social

  • el 18 agosto, 2014 a las 9:26 pm
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    Exactamente Marcus, la conciencia social moldea de tal forma nuestra conciencia individual, que nos hace creer como natural todo lo que de ella heredamos , pero no es natural , procede de una ideologia o sistema de ideas. Es por ello que debido a ese efecto , es la conciencia social quien legaliza o no un sistema social; usted podra crear todas las leyes e instituciones que quiera , transformar el modo de produccion y cuanta cosa quiera, si al final , la conciencia social no legaliza el sistema, este desaparece . La verdadera historia de la evolucion social del hombre ,es la evolucion de la conciencia social.

  • el 18 agosto, 2014 a las 3:09 pm
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    Os dejo un verso de Pessoa:

    No basta con abrir la ventana para ver los campos y el río.
    No es suficiente con no ser ciego para ver los árboles y las flores.
    También es necesario no tener ninguna filosofía.
    Con filosofía no hay árboles: no hay más que ideas.
    Solo hay cada uno de nosotros, como en una cueva.
    Hay solo una ventana cerrada, y todo el mundo fuera.
    Y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriese,
    Que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.

    Pessoa nos demuestra que la filosofía es un obstáculo para percibir la realidad. La filosofía no es más que:

    un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriese,
    Que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.

    ¿Quiere decir esto que no debemos aspirar a un mundo mejor?¡De ninguna manera!

    Quiere decir que hay que buscar la justicia y ayudar a quién lo necesite… sin ninguna preconcepción ideológica. Porque quién ayuda para apoyar una idea no lo hace por ayudar, sino por defender su punto de vista, lo cual no es mas que una forma imperdonable de soberbia.

  • el 18 agosto, 2014 a las 2:54 pm
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    El problema consiste en convencerse de que la justicia se puede alcanzar por atajos. La idea es de Alan Johnson , un periodista de la BBC secuestrado por una organización terrorista palestina en el 2007. Cuando Alan fue liberado, indicó que sus secuestradores eran personas idealistas que pensaban que la justicia se puede alcanzar por atajos. Es decir, que es justificable cometer una injusticia grande con unas pocas personas a cambio de alcanzar la justicia para muchos.

    El problema es que la justicia no admite atajos y jamás se puede alcanzar la justicia cometiendo injusticias.

  • el 18 agosto, 2014 a las 10:24 am
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    No hablaba del estalinismo, sino de una critica que pretende ubicarse en un espacio “extra-utópico.” No dije que un rasgo caracteristico de los totalitarismos es desconocer su naturaleza utópica. Me refería a los críticos de estas tendencias, que pretenden ubicarse en un terreno extra-ideologico y pronunciarse en nombre de un Concepto que no sería mediado por la política. El ejemplo que te puse es el del liberalismo. Este discurso tiende a ubicarse del lado de la Naturalaza (“el hombre es naturalmente X o Y”), o sea, no suele reconocer el caracter ideológico de sus enunciados. Todo lo contrario: utiliza esta palabra, “ideología”, para describir todo proceso que, a partir de cierta concepción de un “debe ser” (“el hombre debería ser X o Y), busca cambiar alguna esencia, algún rasgo enraizado del sujeto. Lo que digo es: los criticos del “utopismo” suelen no reconcer, o desconocen abiertamente, que el suelo en el cual están situados es ideológico y que se sustenta sobre una concepción del sujeto. Repito: no existe un punto de partida extra-ideologico…este es mi punto. Y decidir sobre lo que es una quimera totalitaria y lo que es un reclamo social legítimo es un acto ideólogico. Si no reconocemos esto, somo tan totalitarios como quienes criticamos.

    El consenso actual, que se declara anti-totalitario, está limitado en su imaginario por este impulso.

  • el 18 agosto, 2014 a las 8:36 am
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    Markus, no coincidimos en que los totalitarismos no reconocen la utopía ideológica en la cual están. Es decir la utopía es “traicionada”. Con eso no concuerdo.
    Para los gestores y aplicadores del estalinismo, ellos no han traicionada nada. Al contrario han llevado su ideología totalitaria a la aplicación práctica hasta en sus detalles más mínimos.
    La diferencia está entre la ideología y la realidad. El discurso ideológico cubano por ejemplo, copia del estalinista, sostiene que la revolución nos emancipó no sólo de la influencia norteamericana sino que transformó nuestras vidas en un sentido positivo y que ahora somos más libres que antes del 59.
    La práctica dice todo lo contrario, la independencia nacional es la libertad del gobierno de crear una política exterior que nada tiene que ver con el consenso nacional, no se consulta con la población. Y el soberano que tiene que ser el pueblo está amordazado por la represión y el gobierno mantiene a la población con menos derechos que en el capitalismo.
    Por lo tanto toda construcción ideológica que intente prescribir las maneras de actuar y pensar para los individuos sólo aportan un nuevo totalitarismo.
    Se pueden proponer y producir muchas reformas, la lucha por los derechos de todos son un avance. La delimitación de lo que el otro debe pensar y como debe de actuar es una camisa de fuerza. Creo que la educación debe ser el camino para cambiar en el sentido en que las personas lo deseen. El asunto es no proponer una única visión del mundo como la viable, prescribiendo las conductas y los pensamientos: eso es un nuevo totalitarismo se cree en el pensamiento o peor se intente aplicar en la práctica.

  • el 17 agosto, 2014 a las 10:46 pm
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    Estimada Miranda:

    Espero que no “cojas el monte” por mi observación. Sólo que me llamó la atención que dos interlocutoras no se reconocieran como tales en cuanto a género. Ya also similar sucedió con [email protected], quien a fuerza de aparecer con su arroba, unos cuantos la tomaron por hombre. Sólo eso. Te debo el resto de análisis.

  • el 17 agosto, 2014 a las 7:00 pm
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    Marlene,

    Leí tu intecambio con Isidro y concuerdo con algunos de tus puntos. Mi aporte en este momento sería precisar que creo que cualquier distinción entre reivindicacion o reclamo social “emancipador” y un proyecto totalitario siempre será ideologíco. Con esto quiero decir que las fronteras entre lo que consideramos una demanda “aceptable” y un proyecto que atenta contra lo “humano” como tal (un proyecto de ingenieria social, digámolse) no se encuentran sino en un consenso ideológico histórico. Isidro señala acertadamente que, en el momento de hacer sus respectivos reclamos, los activistas que mencionas se enfrentaban a una especie de “imposible” – ellos estaban, de algún modo, re-escribiendo la antropología imperante de sus tiempos. Su lucha era “útopica” en en el sentido de que el conjunto humano en nombre del cual hablaban o actuaban no tenía un lugar dentro de las coordenadas ideologicas del momento, y ellos de algún modo crearon ese lugar…dentro de cierto marco civico-legal-administrato-etc… y todo semejante impulso se basa en un “universalismo de base” que supone que el sujeto ha de ser de cierto modo o ha de tener X o Y facultades y derechos.

    Mi problema con la crítica al peligro totalitario de las llamadas utopias es que no reconoce la utopia que defiende. Decir que el hombre no debe ser “rediseñado” por ningún proyecto político es aceptar el consenso de base que ya existe sobre ese hombre y tratarlo como algo que emana de una naturaleza inmutable. Hoy día, ese consenso es el democrático-liberal (del cual yo, para que no me ataquen por todos lados, defiendo una serie de cosas)…

    O sea, mi punto sería: ya vivimos en ese tipo de proyecto que tu criticas, Marlene – es, por supuesto, menos asfixiante que el proyecto (catastrófico) del estalinismo y menos espectacular en su violencia que el nazismo, cierto…

  • el 17 agosto, 2014 a las 10:20 am
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    Isidro gracias por la aclaración de los términos, pero sigo insistiendo en que tomar la reivindicación de determinados derechos, como una utopía cuando son reformadores activistas los que las practican y llegan a hacerlas realidad es diluir tanto el término que ya casi todo lo que se proponga de cambios en una sociedad es una utopía hasta tanto no se haya realizado. Sistemas de pensamiento y activismo social y político no son lo mismo.
    Por eso y tomando los referentes de Tomás Moro, Saint Simon Fourier y Owen pero también el stalinismo y el nazismo, son proyectos societales, son propuestas de sistemas completos con lujo de detalles sobre cómo encuadrar a la sociedad y los individuos y cómo deben actuar y pensar. Estas propuestas de sistema, son las que prescriben maneras de pensar y actuar que son incongruentes con cualquier contenido de emancipación porque regimentan conductas y pensamientos de acuerdo a los valores e intereses de sus promotores,siempre de espaldas a los que no piensan como ellos, y negando de hecho en el pensamiento y peor en la práctica si asumen el poder, la diversidad democrática de la sociedad.

  • el 17 agosto, 2014 a las 9:34 am
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    Primero estimado Isidro, Tu que eres un buen entendedor, estimo que tu análisis debe ser si el comentario que hice, estuvo lejos y desasociado de la “metáfora” del porque haber sido fiel primero por Fe y después seguirlo siendo por cinismo.

    Más o menos creo que me tengas descifrada por saber que soy formada totalmente en este país y para nada entiendo la “intectualidad castrista”, por eso sin ningún complejo admito que es primaria. Lejos esta este estú[email protected] del Marilú de saber que días antes conversaba yo del mismísimo Padura y de este libro con alguien que se crió con El en Mantilla, [email protected] de crianza de El y de toda su familia, y más lejos está el Marilú que he debatido en persona mis inquietudes de la realidad cubana con cubanos de la talla de Ichikawa y como que también el “roce” que he tenido desde que tengo roce con los cubanos han sido del Cuenca pa’arriba, siempre preguntando e ilustrandome acerca de la tal “intelectualidad-castrista”, nunca he perdido la oportunidad que he tenido para hacerlo, y si me encuentro contigo créeme que estaría preguntandote siin cesar que fue lo que quiso decir el Rafa con tal y más cual metáfora por ejemplo en Tumbas sin Sosiego, créeme que más intelectuales que [email protected] Marilú se encuentran tan distantes y primarios como yo.

    Tu sabes que yo soy fémina, como todos los demás asiduos a HT y pudo asumir que es apellido, Yo por mi parte también puedo asumir que el pueda ser un Mariloli cualquiera.

  • el 16 agosto, 2014 a las 11:54 pm
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    Miranda y Marilú:

    Una curisosidad: ¿por qué se tratan mutuamente en “masculino”, si ambas son mujeres, ¿o no?

  • el 16 agosto, 2014 a las 10:47 pm
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    Marlén:

    Quizás habrás notado que mi argumento portaba una pizca de provocación, con el fin de agitar la discusión y que llegaran más aportes. Es que por obligación laboral, a diario me enredo con miles de vocablos, y si algo noto es cómo, por fuerza del desarrollo, se van resemantizando los términos. En lo personal, tuve mi primera referencia sobre Utopía, a través del texto de Tomás Moro. Y como de seguro sabrás, el filósofo inglés ya nos pintaba en el siglo XVI un mundo idealizado, carente de muchas de las prácticas que en su época sustentaban la explotación de unas clases por otras. No es que Moro tratara de imponérselo a nadie, entiendo, pero ahí estaba planteado el “sueño”, en letra impresa, para el que lo quisiera adoptar como bandera.

    Ahora, en el terreno puramente lingüístico nos encontramos que en el latín moderno utopía es “lo que no está en parte alguna”, que se corresponde con la situación social, económica y política que rodeó a Moro y a figuras posteriores, como las que mencionas.

    Nuestra academia de la lengua, ha actualizado y simplificado la acepción al máximo, y la refiere como: “Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación”.

    Y es aquí a donde quiero llegar: Observa que tanto tú como yo hemos colocado “apellidos” al vocablo utopía. “heroicas”, las calificas tú; “pequeñas”, las llamo yo. Es decir, hemos necesitado de apoyaturas de la lengua para denotar nuestros énfasis al usar una misma palabra. A mi juicio, ello es resultado de la evolución del mundo en múltiple sentidos. Ghandi, Luhther King y Mandela se plantearon “planes o proyectos” que en su nacimiento parecían imposibles. Pero ellos sí lo lograron, ya fuera en vida, o como legado póstumo. Mandela incluso atestiguó la materialización de una doble utopía: fin del apartheid y una sociedad básicamente democrática donde todas las razas convivieran en paz y sin revanchas devastadoras.

    Así las cosas, estoy alertando con respecto a no ponernos chalecos demasiado estrechos cuando de terminologías se trate. Porque hoy la utopía, en tanto que aspiración de momento irrealizable, puede cumplirse a más mediano y corto plazo. Sobre todo si es “pequeña”, como está siendo ahora mismo este blog, donde entiendo que se prefigura la Cuba plural de pasado mañana.

  • el 16 agosto, 2014 a las 10:02 am
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    Por algo Padura llama en un pasaje de la novela “estafa colectiva” al stalinismo que se impuso en la URSS y fuera de ella, término que yo le cojo prestado a cada rato cuando me refiero al socialcosadesa de Cuba.

  • el 16 agosto, 2014 a las 9:40 am
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    Muy de acuerdo Marlene, yo por mi parte quise decir que las utopias ,como idealizaciones al fin , siempre van a ser excluyente de una parte de la realidad, ninguna idealizacion incluye toda la realidad, parcialmente si , pero no toda.

  • el 16 agosto, 2014 a las 8:09 am
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    Markus, le he hecho un comentario a Isidro más abajo que creo que responde en qué sentido entiendo la perversión.
    Saludos.

  • el 16 agosto, 2014 a las 8:05 am
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    Isidro, creo que el asunto es precisar lo que se entiende por utopía. Los ejemplos que dices no son visiones utópicas de ninguna “nueva sociedad”. Es la lucha de activistas por reivindicaciones concretas de derechos civiles y políticos. En el caso de GHANDI es la lucha pacífica y civil por la independencia de la India del colonialismo inglés. En el caso de Martin Luther King es la lucha civil por los derechos de los afroamericanos y en el caso de Nelson Mandela es por los derechos de los africanos negros contra el apartheid.
    La crítica de Haroldo y la de Padura coinciden sobre la totalidad de la sociedad, no sobre la reivindicación de uno o varios derechos concretos.
    Tenemos las utopías de Saint Simon, Fourier y Owen, que como pensamiento no hicieron daño a nadie porque no se impusieron en el poder, aunque prescribían una manera de vivir muy precisa con la cual podemos estar de acuerdo y en desacuerdo. Pero hay otras utopías heroicas que dieron paso al estalinismo y al nazismo. La utopía heroica estalinista ejerció la ideología de crear un “hombre nuevo” y la consecución de las leyes “inevitables” de la historia. La utopía heroica del nazismo pretendía erigir “una raza superior” para la felicidad humana y eliminar toda raza inferior plena de vicios y mediocridades que impedían el
    desarrollo de la humanidad. Estas últimas condujeron a los estados totalitarios del siglo XX. Por eso hay que precisar qué se entiende por utopía heroica, y las reformas de reivindicación de derechos concretos no creo que tengan nada que ver con el cambio de la totalidad social que además y ese era mi comentario anterior, si las “utopías heroicas” prescriben la manera en que se tiene que conducir y además pensar los individuos y los colectivos constituyen una aberración. Es una nueva regimentación de conductas y pensamientos que nada tienen que ver con una emancipación.

  • el 16 agosto, 2014 a las 1:22 am
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    Buen análisis de Haroldo. HT necesita publicar reseñas de este corte con más frecuencia. En cuanto a negar de plano las utopías, considerándolas simples caldos de cultivo de potenciales aberraciones, no sé si los impugnadores se han detenido a rememorar las pequeñas utopías – hoy devenidas realidades – que en su momento enarbolaron personajes como Mahatma Ghandi, Martin Luther King y Nelson Mandela.

  • el 15 agosto, 2014 a las 2:12 pm
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    Me encantó la novela, pero tiene muchas omisiones y/o equivocaciones respecto a detalles históricos claves. Por ejemplo sobre la columna Durruti y la columna Ascaso.

  • el 15 agosto, 2014 a las 2:11 pm
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    Marilú, mi hijo es que como sabía que lo que venía detrás era la “intelectualidad” en personificación , y yo de metatranqueos no entiendo, me tengo que tirar por el piso y decirles sin tanto rodeo a ver si de una vez por todas y se dejan de comer tanta mierda y tengan las bolas bien puestas de empezarle a decir al pueblo que lo que hay es dictadura, y que se saca así como sacaron “la otra”. Pero.. Creo que eso sólo se pueda decir así cuando uno no tiene que agradecerle NADA a esos HP, la gran mayoría así como Tu tienen que Volverse Cínicos y aunque sepan que no sirven, tienen que seguir con los rodeos-cobardes.

    And how about you??? Cual fue el entendimiento tuyo al mas alto nivel intelectual, cual fue tu aporte?

  • el 15 agosto, 2014 a las 1:09 pm
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    No se puede encuadrar la realidad dentro de los estrechos marcos de las utopias, he ahi donde esta la perversion.

  • el 15 agosto, 2014 a las 11:28 am
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    Miranda, hijito, nos dejaste a todos en claro eso de tu entendimiento primario intelectual. Tu nunca entiendes? Dont you?

  • el 15 agosto, 2014 a las 11:01 am
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    En mi primario-entendimiento-intelectual-cubano deduzco que entonces ya sea hora de terminar con el cinismo de seguir queriendo mantener en pie la utopía -medias verdades- y de querer desenredar como los sueños se convirtieron en pesadillas. De qué es hora de aceptarlas como son, una gran pesadilla que ha desangrado a la Nación en todos los niveles imaginables, aniquilandole el alma a todos los cubanos.

    Es hora de aceptar que ese cubano común ya ha encontrado “esa verdad desgarradora”, que no se necesitan más escombros para aplastar sus mentiras y medias verdades, y que ya es hora de dejar de agradecerles y peor aún cínicamente “el par de botas” que se les dio.

    Es menester que todos nos pongamos en acción y plantearles que esa “fidelidad por las botas” no puede ser eterna, que “el compromiso” ya caduco, por falta de cumplimiento.

  • el 15 agosto, 2014 a las 9:56 am
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    Propongo que habría que definir que entendemos por “perversión” – si se trata de el resultado-no-deseado de un impulso “utópico” (e.j. el estalnismo sería la “perversión” de un proyecto colectivo emancipatorio) o si se trata de algún tipo de violencia medida a partir de una ética universal aplicable a todos los tiempos y procesos históricos (algo así como un veredicto liberal sobre toda violencia revolucionaria en general).

    Para mi “heroismo utópico” no vendría a nombrar alguna hazaña de lucha (como podemos encontrar en un relato del realismo socialista) sino una hazaña del pensamiento que rompe con las coordenadas existentes, un gesto que, frente a dos opciones presentadas como únicas, encuentra una que niega o transciende ambas en dirección de lo universal. Por ejemplo, la doxa actual nos presenta con dos opciones: democracia representativa u horror totalitario (y se sirva además de las catástrofes estalinistas del siglo 20 para justificar esta dicotomía). El heroismo utopico en este caso sería no aceptar estas dos opciones como únicas, como primer paso…

  • el 15 agosto, 2014 a las 9:13 am
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    Hola Markus, interesante razonamiento el tuyo. Al primer momento disponible escribire sobre el asunto, aunque te confieso que, como tu dices, antes hay que ordenar un poco las ideas. Abrazos y hagamos ese debate

  • el 15 agosto, 2014 a las 8:52 am
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    Sí las heroicidades utópicas prevén hasta un nivel individual los comportamientos y el contenido válido para el pensamiento, no parecen ser otra cosa que perversiones societales.
    Excelente el análisis de Haroldo.

  • el 15 agosto, 2014 a las 8:31 am
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    Hola Haroldo,

    No sé si tu penultimo párrafo ensaya una especie de advertencia, a los efectos de que toda utopía contiene, por alguna necesidad estructural o histórica, el germén de una catástrofe totalitaria posterior. Pareces invertir lo que llamas una pregunta ingénua (¿cómo y por qué los sueños más exelsos de la humanidad se convierten en pesadillas asfixiantes) y decir: “ya los sueños más exelsos apuntan inherentemente al totalitarismo.”

    Quizá simplifico, pero lo hago en aras de propiciar un debate en torno a esto, ya que, para mi, el libro de Padura describe más bien un fracaso ético, limitándose a describir el impasse de nuestro tiempo y a escamotearlo por vía de narrativas cotidianas. La narrativa cotidiana nos libra del peso de tener que atravesar este impasse, esta paralisis ética de hoy que se nutre de la desconfianza que despierta todo proyecto colectivo de emancipación. Creo que lo novedoso, hoy, sería, lejos de este gesto “humanizante” de Padura, una especie de nueva asunción del “heroismo utopico” que mencionas.

    Bueno, puse mi granito de arena a ver si hay interés de discutir estos temas…

    Un abrazo.

  • el 15 agosto, 2014 a las 6:38 am
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    La novella es muy buena; y sin caer en el teque, dice unas verdades como templos.

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