Alberto N Jones

Noemi
Noemi

HAVANA TIMES — Las incomparables e insuperables festividades Navideñas del año 1959, han quedado inscritas en los anales históricos de Cuba como los días más alegres, felices y optimistas que haya vivido ese país en sus 500 años de existencia.

Las inolvidables imágenes de ver las puertas de cada casa abiertas de par en par desde donde emanaba música, risas, el abrazo sincero y la invitación al brindis entre conocidos y desconocidos por igual, reflejaba gráficamente el estado anímico de la nación.

La precipitada huida del tirano Fulgencio Batista, el cese del terror, los asesinatos y la visualización de un futuro promisorio sobre el horizonte, eran motivos más que suficientes para justificar la contagiosa alegría que envolvía a toda la nación.

Es por ello que, nadie en su más absurda pesadilla, podría imaginar que décadas después seriamos testigos de las navidades más tristes, dolorosas y deprimentes de la historia reciente de nuestro país.

El primer indicio que algo estaba mal, lo notamos en el viaje del aeropuerto de Holguín a la ciudad de Bayamo el día 24 de Diciembre, en el cual un silencio sepulcral cubría nuestra campiña.  Tanto el  parque Céspedes de Bayamo como las áreas aledañas parecían que habían arrastrado muertos.

El restaurante que visitamos a las 8:00 PM tenía más empleados ociosos que comensales, sus puertas estaban a medio abrir con la mayoría de las luces apagadas. El menú no alcanzó para los 9 parroquianos y cuando recibimos el pedido, la comida estaba fría y las bebidas calientes.

El resto de los 200 kms de viaje hasta Guantánamo, fue de un recogimiento y silencio total, que fue interrumpido solamente por un pequeño jolgorio en La Maya. En conversaciones días después con amigos en Guantánamo y Santiago de Cuba, la depresión, frustración y tristeza era evidente, ante la imposibilidad económica de muchas familias para celebrar la acostumbrada cena de fin de año.

La falta de empleos, el elevado costo de la vida, los bajos salarios, la liberación de miles de personas de sus empleos que ha afectado a cada familia reduciendo sensiblemente sus ya insuficientes ingresos, han tenido un impacto devastador sobre millones de hombres, mujeres, ancianos y niños.

Esta crisis se expresa en la monumental pérdida de valores en la sociedad, que ha hecho que los ciudadanos roben o esquilmen cualquiera de los bienes a su cuidado, sea bodeguero, conductor de ómnibus, oficinista, empleado de servicios, gerente y dirigente administrativo.

Ya nadie se inmuta al quedarse el dependiente con el vuelto o al exigir una prebenda a cambio de vender un producto, fármaco, consulta médica o análisis de laboratorio.  Alquilar un carro de turismo, pasaje aéreo, una prótesis dental o el procesamiento de cualquier documento oficial, lleva implícito la dadiva, sin la cual, la gestión no procede.

Para comprender el origen del desmoronamiento moral que aflige nuestra sociedad, baste saber que cientos de miles de trabajadores reciben unos 400 CUP al mes, mientras una libra de carne de cerdo, una libra de frijoles, un paquete de cebolla o una cerveza cuesta unos 20 CUP.  ¿Qué decir de los jubilados que reciben el 50% de esa cifra cuando, por ejemplo, la adquisición de desodorante, aceite  y calzados en CUC, lo hace 24 veces más costoso?

El grito de ansiedad y desesperación que escuché durante mis visitas a Altamira, Chicharrones, Ramos Latour, Abel Santamaría, en Santiago de Cuba, Songo, los  antiguos centrales azucareros Honduras, Argeo Martínez y Banes, Bayamo y Holguín, provino de abnegados defensores de la Revolución Cubana que lucharon en la insurrección, alfabetizaron, pelearon en contra de invasores y alzados, cortaron caña, son profesionales, participaron en guerras de liberación en África y América Latina donde algunos perdieron a sus seres queridos, nunca emigraron ni reciben ayuda del exterior.

Horrorizados, estos hombres y mujeres que son bastiones inquebrantables de la Revolución ven con dolor, cómo sus ciudades y barriadas se han convertido en caldo de cultivo donde medran y proliferan asalariados al servicio de intereses foráneos, que capitalizan sobre el dolor de millones de Cubanos atrapados en una asfixiante crisis económica y moral, pervirtiendo a la juventud con sus cantos de sirenas.

Pocos de ellos dudan de los principios que los han guiado durante más de medio siglo de lucha titánica ni cuestionan los avances del país. Sin embargo, 20 años de un brutal periodo especial saturado de penurias y necesidades humanas, ha superado la capacidad de resistencia de la mayoría del pueblo y ha favorecido exclusivamente a oportunistas, apáticos, pillos, merolicos y funcionarios venales que han corrompido a todo el país.

El consenso generalizado  que encontré a lo largo del país es que Cuba tiene que cambiar el status quo en el 2014, ya que el pueblo no podrá resistir otro fin de año como el calamitoso 2013.

5 thoughts on “Lo que vi en Cuba al final del 2013

  • Podría echarle la culpa a fantasmas ? sucede que no hay peor ciego que el que no quiere ver,

  • Sr. Jones, calamitosos han sido los años desde que castro tomo el poder hasta el 2013, y los años que vienen bajo el mandato de un patan, que ni carisma tiene, mucho menos dos neuronas que le funcionen y requete mucho menos nadie lo eligio, seran iguales de malos que cinco decadas atras, asi que el problema es que hay que limpiar la casa.

  • Entiendo que el asunto aquí no es tragar o dejar de tragar. Ni siquiera vomitar. En luchar por dar un vuelco a la situación que, valga la pena recordarlo, no es la que vivíamos hace 23 años, cuando todavía se vislumbraban posibilidades en el camino a la Utopía. No en balde el iluminado Fukuyama nos anunció el “fin de la Historia” tras el maremoto de aquellos años. Pero lo cierto es que allí no terminó la Historía, sino que se dio vuelta hacia el otro lado de la cama y mientras ronca nos sopla en el oído la urgencia de cambiar el sueño utópico por el despertar pragmático. Si el Gobierno actual sabe captar la señal, magnífico; de lo contrario, a otros tocará.

  • Parece que, a pesar de que se da cuenta del desastre, no ve; o no quiere ver, o no le interesa ver, quiénes son los verdaderos culpables. E insisto en algo que no es la primera vez que digo: De quienes más se han burlado y se burlan los castro cada hora que pasa; a quienes le tiran tremenda trompetilla en la cara todos los días, no es a los que como yo, nunca nos tragamos el cuento chino: Es a los que se sacrificaron por tragárselo y creérselo, y ni que decir de los que todavía se lo creen.

  • Alberto, si seguimos tu filosofia, jamas cuba saldra de donde esta pues todo el que protesta por la situacion del pais es un asalariado de una potencia extranjera y porque tratan de engañar a la juventud con cuentos de hadas. Es decir, oponerse ya a la situacion imperante te pone el sello de trabajar para una potencia extranjera. Entonces, quien sera quien le ponga el cascabel al gato y que este dentro de tus parametros?. Acaso no hay derecho a que surjan nuevos patriotas entre esa juventud a la que tratan de engañar?

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