Las teorías conspirativas en las urnas de EE.UU.

Las teorías de QAnon en rotulos. Foto: John Rudoff/Anadolu Agency, via Getty Images

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QAnon tipifica la atracción que existe en la actual sociedad estadounidense hacia las teorías conspirativas, pero va más allá

Por Alejandro Armengol (Cubaencuentro)

HAVANA TIMES – Facebook ha cerrado sus servicios a gran número de miembros de QAnon, y aunque la medida tiene mucho de justificación corporativa, también ilustra la gravedad que ha alcanzado la divulgación de teorías conspirativas de cara a las elecciones presidenciales.

El pasado miércoles, Facebook anunció que había eliminado 790 grupos QAnon de su sitio y restringía otros 1.950 grupos, 440 páginas y más de 10.000 cuentas de Instagram relacionadas con esa teoría conspirativa de la extrema derecha.

¿Qué es QAnon?

El 28 de octubre de 2017, un usuario anónimo ahora ampliamente conocido como “Q” aparece en las redes sociales. Q predijo el arresto inminente de Hillary Clinton y un levantamiento violento en todo el país.

Aunque ambos hechos no se produjeron, QAnon pasó a estar asociado a lo que desde la pasada elección presidencial se conoce como Pizzagate: la afirmación sin fundamento de una red de pedófilos, entre ellos asociados de Hillary Clinton, que llevaban a cabo sus actividades en el sótano de una pizzería en Washington, DC. Además, dichos individuos traficaban con sangre de niños.

Aquello desembocó en un hecho que por suerte tuvo más de esperpento que de tragedia: un hombre armado se presentó en la pizzería para “hacer una investigación por su cuenta”. Luego de tres disparos y no encontrar el sótano maldito (ni sótano alguno: en realidad la pizzería no lo tenía), se entregó a la policía.

Sin embargo, los miembros de QAnon persistieron en sus afirmaciones sin pruebas de la existencia de una conspiración dentro del propio gobierno, dirigida contra el presidente Donald Trump, sus partidarios y los miembros cercanos de su gabinete. Estas acusaciones —por lo general escritas en un lenguaje en que se insinúa el conocimiento de información de inteligencia— no solo han persistido, sino que han cobrado fuerza. Las actividades de QAnon en las redes sociales, sea con publicaciones, comentarios o señalamientos, han crecido entre un 200 % y un 300 % en los últimos seis meses, según datos recopilados por The New York Times.

QAnon tipifica la atracción que existe en la actual sociedad estadounidense hacia las teorías conspirativas. Pero va más allá, al agrupar a un grupo disperso, que con sus teléfonos y computadoras personales intercambian rumores y teorías sin fundamento. Es un movimiento unido en el rechazo masivo de la razón, la objetividad y otros valores que caracterizaron la época de la Ilustración y dieron fundamento a la sociedad democrática.

Con QAnon asistimos al nacimiento de un culto, donde la paranoia es utilizada para fomentar una fervorosa esperanza solo hacia sus ideas, lo que otorga a los participantes un profundo sentido de pertenencia. Con fanfarria y entusiasmo, sus miembros recorren un camino entre la irreverencia y la sumisión.

Lo grave de ello es que, más allá del gusto conspirativo que podía canalizarse con el disfrute de una película o una serie, su discurso por momentos agresivo, a veces bélico y fatalista —así como la tenencia de armas de asalto y la declaración de una disposición a usarlas—, constituye una amenaza para la democracia.

A ello se añade la entrada de la comunidad QAnon en la campaña electoral. Desde los participantes con camisetas, pancartas y distintos alegóricos en los actos de campaña de Trump, hasta la cifra de 76 aspirantes y candidatos legislativos —pasados y vigentes— que han exhibido mensajes o se han mostrado favorables a dichas teorías conspirativas.

De ellos, 71 son republicanos, dos demócratas, uno libertario y dos independientes, de acuerdo a la última actualización en Media Matters for America, un sitio de análisis no lucrativo de tendencia progresista.

En términos conspirativos —difícil eludir el contagio—, la trama llega hasta la Casa Blanca. A finales del año pasado, Trump había retuiteado cuentas a menudo centradas en teorías de conspiración, incluidas las de QAnon, en al menos 145 ocasiones, según The New York Times.

Aunque muchos seguidores de QAnon se mueven muchas veces en una realidad alternativa —como en la serie de The Matrix—, la política tiene fronteras estrechas. Y en la lucha electoral cotidiana, algunos políticos se pueden servir de las teorías conspirativas como instrumentos de seducción. Pero a quienes se aferran a ellas solo les quedan dos destinos: el de manipulador o manipulado.

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