La sombra de los médicos cubanos en Kenia

HAVANA TIMES – Aún sin confirmarse la noticia de la posible muerte de dos médicos cubanos secuestrados hace cuatro años en Kenia, el tema es fuente de muchos comentarios a todos los niveles.

Se dice que Assel Herrera y Landy Rodríguez fueron ubicados en una zona conocida por su peligro, y pudieron haber fallecido a consecuencia de un ataque con drones del comando África de Estados Unidos este 15 de febrero.

Herrera y Rodríguez fueron secuestrados por el grupo terrorista Al-Shabab el 12 de abril de 2019, y tras conocerse la noticia, el régimen de Miguel Díaz-Canel ordenó el traslado del resto de su personal sanitario que se encontraba en las zonas rojas de Kenia. Ahí vemos ya una sombra, porque hizo falta que secuestraran a dos colaboradores para que el Gobierno cubano reparara en la peligrosidad de la zona, algo que cualquiera con dos dedos de frente conocía antes de mandarlos allí.

La propia milicia exigió en su momento el pago de más de un millón de dólares para liberar a los galenos, pero nuestro entrañable Díaz-Canel se negó. Funcionarios oficiales fueron a visitarlos y comprobaron que estaban vivos y dispuestos a seguir con su misión, aunque no fuera la que originalmente les encomendaron.

Un material televisivo que circula por internet destacaba que el doctor Herrera veía diariamente a un promedio de 20 pacientes por día en su turno de ocho horas en el condado de Mandera, mientras que el doctor Rodríguez realizaba unos 10 procedimientos quirúrgicos.

Entrevistado en el reportaje de la televisión local, Rodríguez contó que cuando supo que sería enviado a Mandera buscó información y supo que se trataba de un lugar peligroso debido a los ataques de la milicia yihadista.

La Revolución que tanto cuida a sus hijos toleró que siguieran trabajando en esas condiciones, y como a ellos les seguían pagando el salario, quizás hasta un poco más sospecho yo, tampoco había mayores problemas.

Nótese aquí que por intentar ayudar económicamente a sus familias estos doctores renunciaron a salir de vacaciones en cuatro años y se mantuvieron arriesgando la vida en una zona de constante conflicto bélico.

El pasado martes, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), Esteban Lazo, viajó en calidad de “enviado especial” a Kenia para “esclarecer” la presunta muerte de los dos médicos, según detalló el régimen en una nota oficial, pero seguimos en las mismas.

Pasados varios días sin poder siquiera confirmar los decesos es evidente que estaban en tierra de nadie, porque ni el Gobierno de Kenia puede llegar allí (en realidad los sucesos ocurrieron en Somalia, no en Kenia, pero no existen relaciones oficiales entre Cuba y Somalia desde la guerra de finales del siglo pasado), ni Al-Shabab muestra mayor interés por esclarecer los sucesos, porque con mostrar fotos de los cadáveres hubiera sido suficiente, e incluso pudieran utilizar eso como arma política para decir que están matando civiles en los ataques contra ellos, ya que insistieron mucho en que el impacto fue sobre una casa y no un campamento militar.

Pero en este momento no vamos a entrar ahí y mejor nos concentramos en Cuba, mientras el titular del Parlamento sigue en su visita guiada.

En la última década han sido constantes las denuncias de explotación laboral por parte de la dictadura de Cuba por los médicos que envía al extranjero en convenio con diferentes países, y no estamos hablando ya de naciones en guerra, sino de cualquier país, donde los facultativos deben laborar en condiciones infrahumanas muchas veces, con pagos muy por debajo de sus capacidades, no pueden moverse con libertad ni tener relaciones con los nativos.

Por ejemplo, la organización Prisoners Defenders radicada en Madrid contabiliza más de mil testimonios de profesionales contratados en el exterior, 900 de ellos en status de testigos protegidos.

No son solamente médicos, también hay entrenadores deportivos, músicos, arquitectos, marineros y camareros de cruceros de lujo, una forma de exportar mano de obra barata.

Según datos oficiales, en 2018 el régimen ingresó ocho mil 500 millones de dólares solo por la exportación de servicios médicos, el que es probablemente el negocio más rentable de la dictadura, porque paga salarios irrisorios y cobra como el que más aunque estos ingresos son incapaces de maquillar el depauperado Producto Interno Bruto (PIB) ni salir de la justificación recurrente del bloqueo para hablar de la eterna crisis de la economía nacional.

El pasado mes la ONU volvió a señalar al régimen de Cuba por violaciones de los derechos de los trabajadores exportados, en especial los médicos, y advirtió que los gobiernos de Italia, Catar y España podrían calificar como cómplices de esos sofisticados mecanismos de explotación laboral.

En el caso específico de estos médicos, es evidente que en Cuba no existía interés ninguno en que se hablara del tema, y tampoco funcionarios de la Embajada de Kenia en La Habana se pronunciaban al respecto.

Parece evidente que ambos especialistas estaban de acuerdo en seguir con su misión a pesar de las peligrosas condiciones, pero el Partido Comunista de Cuba (PCC), que de entrada es incapaz de satisfacerle sus necesidades básicas, no vio en esto ningún problema.

Demasiada hipocresía en este Gobierno, que aprovecha la miseria de sus profesionales para sacar provecho incluso en zonas beligerantes donde sus vidas corren peligro.

No bastó con enviarlos a plena selva de Venezuela, Nicaragua o Bolivia; dinero de por medio no dudaron mucho en mandar médicos también hacia áreas en guerra.

Parece que en este caso habrá que esperar por Estados Unidos, que sí tiene relaciones con Somalia, para esclarecer del todo lo sucedido el pasado 15 de febrero, pero independientemente de los hechos, muy lamentables si terminan con la muerte de los galenos, son muchas las sombras detrás.

Lea más desde Cuba aquí en Havana Times.