La Siberia habanera

Martin Guevara*

Apartamentos en Alamar.
Departamentos en Alamar.  Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Nos dieron las llaves del nuevo departamento de Alamar, y aunque estaba bajo el mismo nombre que la anterior casa en aquel barrio que ya por 1987 adquiría visos de ciudad, y aunque sus edificios fuesen de cinco plantas sin ascensor, y los departamentos muy parecidos, la zona en que se encontraba era sensiblemente diferente a la zona 6 donde habíamos vivido.

Esa parte del barrio llegó a albergar a cincuenta mil habitantes, no había tiendas dentro, ni estancos de tabaco, ni alimenticios, ¡no había un punto expendedor de agua!. La guagua tampoco entraba, solo rodeaba ese inmenso sub barrio de Alamar, y por supuesto los apagones de luz eran allí de récord, motivo de asombro interestelar.

Mi edificio estaba justo al principio, por suerte teníamos una cafetería al lado, donde de vez en cuando había helado y el resto de las veces un sirope azucarado muy frío, que al bajarse uno de la guagua resultaba una bendición, y más aún para aquellos vecinos a los que aún les quedaban minutos de caminata hasta sus casas, desde el mostrador en que dos empleadas tenían casi todo el día para charlar sobre sus historias de guaguas llenas y hombres restregones, debido al escaso público comensal y claro, a la rapidez con que se acababa el helado durante el día.

Y aunque se tratase del principio del barrio, los ejemplares de mosquitos con que tuve contacto, podían haber sido amaestrados y adiestrados en las milicias de tropas territoriales de no ser porque en su excesiva agresividad, no habrían distinguido entre enemigos y lugareños.

La vecindad ocurrente como siempre en Cuba, a ese trozo de Alamar que nacía en mi casa y se extendía hasta allende los horrores, colindando con la playa de Bacuranao, a través de la costa y hacia el infinito en su profundidad, la bautizaron: “la Siberia”.

El Che había muerto en Bolivia antes de que se empezara a construir Alamar, pero él había bautizado la frase “el hombre nuevo”. Había ideado una generación posterior a la del triunfo de la Revolución, que educada en una sociedad que ofreciera estímulos morales y no materiales, una sociedad justa, de la cual estuvieran desterrados los valores del capitalismo, valores individualistas, egoístas, daría lugar a nuevos valores que el hombre adoptaría en solo una generación.

Pensaba que el recuerdo genético de la ferocidad animal que habita en el ser humano para sustraer el alimento al prójimo se erradicaría en una generación, o en dos. Aplicando claro está, una concienzuda instrumentalización ideológica, una limpieza de vicios antiguos, capitalistas según decían, a través de la educación.

Este hombre nuevo, compuesto de la arcilla de las nuevas generaciones llegaría a ser la envidia de los hombres del mundo, regidos por la rapiña en que han sido engendrados y educados. Estas nuevas generaciones criadas en la solidaridad, en el internacionalismo proletario, en la motivación moral para ser mejores trabajadores, también tendrían una férrea disciplina revolucionaria, y entenderían justo el castigo a cualquier desvío ideológico, deberían tener un orden, una moral y una conducta ejemplares.

De esto se lo podía responsabilizar al Che, pero del espanto estético y funcional de Alamar y su Siberia, doy votos como Guevara, que con toda seguridad, ni en sus más estrictas y perversas ideas de construcción de una nueva estética que estuviese privada de apéndices, de artilugios, de adornos inútiles, a Ernesto se le habría pasado por la cabeza semejante engendro de la fealdad hecho a la más pulcra perfección.

Sentía que mi tío desde donde sea que estuviese, me decía de vez en cuando algo más o menos así:

“Martín, esta fue una buena intención no una ocurrencia vacía, sino el engranaje de una cadena que llevaría a una sociedad que algún día pudiese suplantar al capitalismo, y a la explotación del hombre por el hombre, ya no por el medio de la revolución violenta, sino de la invitación a los obreros y hombres de bien de todo el mundo, con un modelo que los sedujese mucho más que el del éxito personal, un ejemplo más de tracción paralela. Pero tú sobrino, hijo de mi hermano siempre aturdido, el risueño Patatín, no desmayes, ni se te ocurra ser un vasallo de nadie, y menos aún de mis designios y errores, no son estos proyectos para ti, aunque sí lo fuesen para tu padre, mantente libre de la manera que sea, aturdido si quieres, bravo o acobardado, fresco o perturbado, pero distante de toda esta porquería en que se ha convertido lo que hice o quise hacer, si quieres pelea contra ello, y si no tienes ganas de luchar no lo hagas, pero no te doblegues, no te conviertas, no me aflojes viejo, que ya quedan pocos”.

En fin ¿por qué uno iría a tratarse mal a sí mismo?
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(*) Visita el blog de Martin Guevara.



6 thoughts on “La Siberia habanera

  • Otra entrada insustancial donde nada se dice que no sea banal y peor escrita aún que las anteriores. Lo único “original” -llamésmole así- es una hipotética conversación con el famosísimo tío muerto, de la sombra del cual el autor por más que lo desee no alcanza a librarse hasta el punto que el hombre hasta le habla desde el más allá.

    Y es que si no, ¿de qué va a escribir?

    ¡Gracias Che!

  • ¿El hombre nuevo? ¿Cuál, la “máquina de matar” movida por el odio con la que soñaba tu tío?

    Vale, ya sabemos que se anticipó un montón de años al “Terminator”

  • La playa se llama Bacuranao y no Baconao. Es muy hermosa con arena blanca y matas de coco. Esta a unos 10 minutos caminando de los edificios de “La Siberia”, todo un lujo para los que viven alli.

    El area donde esta reparto Alamar es una de las mejores zonas que tiene La Habana para desarrollo urbanistico, porque esta situada frente al mar, entre el hermoso pueblo de Cojimar y la playa Bacuranao. Martin tiene razon cuando describe este proyecto de viviendas proletarias como un monumento a la chapuceria urbanistica socialista.

    Pero que nadie dude que cuando Cuba sea un pais normal en esa zona van construirse hermosas urbanizaciones e instalaciones turisticas como estuvo planificado antes que “la planadora” llegara al poder en el 59.

  • Me gustó la reflexión de Martín. Es sencillamente muy bueno alertar contra la chapucería de un proyecto urbanístico que además de una pésima estética, desconoció las necesidades de los habitantes de esa urbanización.

  • Sí, es cierto, perdón por ese imperdonable desliz o lapsus al publicar un artículo, poner el nombre de otra playa que está en el Occidente casi extremo. Lo que ocurre es que trabajé en el Plan Baconao-Turquino de Santiago de Cuba, y también que aunque vivía en Alamar y fui mucho a la playa, preferíamos ir al Médano, a santa María y a Guanabo, donde hacía deportes en el polideportivo después del puente de madera, quien sea de allí lo recordará. Gracias por advertirme del error.

  • Ojo, Martín: Mégano…

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